La plasticidad, como herramienta de ahorro

2 comentarios

Hacer números

Cualquier consejo para ahorradores parte de una premisa que además de ser cierta necesita ser reiterada de vez en cuando para que no caiga en el olvido, y esa premisa es que la comodidad se paga, lo cual no quiere decir que para ahorrar tengamos que vivir de forma incómoda, sino molestándonos en averiguar qué comodidades nos resultan más necesarias y cuáles, más superfluas.

Ah, pero evaluar eso puede convertirse en una ardua tarea si no disponemos de unas herramientas útiles. En ese sentido, la plasticidad nos puede echar una buena mano. ¿Que qué es la plasticidad? Si echamos mano del diccionario, veremos que es la “cualidad de plástico”, término que en su 6ª acepción significa lo siguiente:

6. adj. Dicho de un estilo o una frase: Que por su concisión, exactitud y fuerza expresiva da mucho realce a las ideas o imágenes mentales.

Pues eso: para ahorrar, seamos plásticos... además de prácticos.

Admitamos que en nuestro día a día a menudo obedecemos a impulsos que fascinarían a cualquier conductista de pro. En el terreno que nos incumbe hoy, el del ahorro aplicado al consumo, tendemos a mantener nuestros hábitos hasta que una campanilla tocada con la suficiente habilidad y la imprescindible constancia nos enseña a obrar de un modo diferente.

Esa campanilla bien puede ser la de buscar la plasticidad en todos nuestros gastos. Si nos habituamos a evaluar nuestros gastos de una forma diferente, más plástica, más gráfica, quizá reparemos en qué parcelas de nuestra vida pueden ser objeto de ahorro económico y, lo más importante, en qué medida podremos llegar a ahorrar una buena cantidad de dinero a partir de muchas pequeñas acciones.

Lo cierto es que a la hora de evaluar en qué gastamos nuestro dinero tenemos la costumbre de dejarnos llevar, por pura comodidad, por el dato que nos ofrece el proveedor de nuestros bienes o servicios, y no nos molestamos en buscar una equiparación mucho más plástica, que es la que nos conviene a nosotros como ahorradores que somos.

Ser plásticos nos permite ‘tocar’ nuestro ahorro

Veamos, para ser un poco más… plásticos, algunos ejemplos de plasticidad aplicada a las cargas básicas que soporta cualquier ser humano actual: comer, desplazarse, hacer frente a las facturas de agua, gas, luz y telefono. Los gastos básicos del día a día, vaya.

En cuanto a la comida, quizá basta con una pequeña comparación. ¿Cuánto nos cuesta comer fuera de casa cada día? No, no se trata de pasar hambre, pero si nuestra comida principal la realizamos en un restaurante a 12 euros el menú, y de repente nos sentimos unos héroes del ahorro porque cambiamos de local y gastamos 10 euros en comer, a lo mejor nos estamos olvidando de que una comida elaborada en casa nos permite ahorrar mucho más. Este sería un ejemplo muy sencillo de plasticidad, pero vamos a por otro.

¿Cuánto gasta nuestro coche? Vaya, esa es una pregunta bastante fácil de responder hoy en día, con los datos de consumo homologados que son públicos y que incluso aparecen en el catálogo de venta de nuestro coche o también, lo que resulta más interesante todavía, con los datos de consumo real que nos ofrece nuestro propio vehículo. Eso no tiene mérito: pongamos que el coche gasta realmente unos… 6 litros a los 100. No ha costado nada sacar el dato, ¿verdad?

No, no ha costado nada porque hemos seguido a pies juntillas la información que nos ha servido el fabricante de nuestro coche, tanto en el catálogo con su consumo teórico de laboratorio, como en el display del salpicadero con un consumo más cercano a la realidad pero no por ello plástico. ¿Qué son 6 litros a los 100? ¿Un consumo alto, bajo? ¿En comparación con qué? ¿Con otros coches? ¿Y a mi bolsillo qué más le da lo que gasten otros coches? Lo que quiero saber es cuánto gasto yo con mi coche.

Si pasamos el dato a cosas tangibles, saldremos ganando. Pongamos que hemos hecho un trayecto de 37 kilómetros por autopista a 120 km/h. Ahí el coche nos marca un consumo medio de 6,2 l/100 km. Bien, eso quiere decir que poco más o menos hemos gastado, a 1,320 euros el litro de 95º (por ejemplo), unos 3,03 euros, aunque si hubiésemos ido a 100 km/h habríamos obtenido un consumo de 6,0 l/100 km, que redundarían en 2,93 euros. Son 10 céntimos de diferencia, pero buenos son de ahorrar.

El método es igual de efectivo, previa revisión de datos técnicos y de facturas del consumo real, para deducir cuánto gasta, en euros, esta tele encendida que nadie está mirando, y lo mismo, para el gas que malgastamos en calefacción o para ahorrar en teléfono. Pasemos el dato que no nos dice nada a dinero contante y sonante, y así lo tendremos todo mucho más claro.

Otro ejemplo gráfico de plasticidad aplicada al ahorro, y este es definitivo, consiste en calcular cuántas horas de trabajo nos va a suponer eso que no sabemos si comprar. El sistema es tan sencillo como eficaz: calculemos primero cuánto dinero nos reporta cada hora de nuestro trabajo, y decidamos si ese artículo o servicio que nos tiene indecisos vale tanto la pena como para dedicarle X horas, las que sean, de nuestra vida profesional. En más de una ocasión, la plasticidad será una buena aliada que nos ayudará a elegir en qué podemos ahorrar.

Foto | Nathan E Photography

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Comentarios

  • 1

    Avatar de probertoj !

    ¿Los coches actuales no llevan todos ya incorporados elementos para estimular una conducción consciente de lo que gasta? Estaría bien que se impusiera una solución así en todos los modelos para que fuésemos consumidores inteligentes y capaces de saber por qué hacemos lo que hacemos

  • Respondiendo a #1:
  • 2

    !

    En algún sitio (vaya usted a saber dónde...) leí que si los coches nos dijeran el consumo en euros más de uno practicaría una conducción hipermegaeficiente que ríete tú de los eco-rallies y de los acólitos del hypermiling. ;-)

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