La regla de los seis meses, ejemplo de ahorro

Habitación

Hace un tiempo un amigo me comentó que tenía una *manía un tanto particular* que había aprendido de alguien, no sé quién, al que leyó una idea tan divertida como intrigante. Mi amigo lo explicaba así:

Una vez cada seis meses doy una vuelta por dentro de la casa, y si entonces encuentro una cosa que veo que no he tocado en esos seis meses, me deshago de ella porque siento que no se ha ganado el privilegio de permanecer ahí.

Hombre, la frase puede resultar hasta despiadada, pero tiene un cierto sentido. De hecho, podemos darle una vuelta a la idea, retirarle ese halo tan duro e inspirarnos en ella para hacer crecer nuestro carácter de ahorrador inteligente.

Como sabemos, ahorrar de forma inteligente no quiere decir encerrar el dinero bajo siete llaves y no gastarlo jamás de la vida, sino pensar un poco en qué podemos invertirlo para sacarle el mejor partido posible. Existe, por lo tanto, un principio de prioridad y otro, de planificación.

Si hacemos como mi amigo y damos vueltas por dentro de la casa, estamos analizando ese espacio. Supongo que a estas alturas sobra decir que nuestra casa puede ser, efectivamente, nuestro hogar, pero también cualquier universo que tengamos que gestionar de forma económica. Lo importante es *saber analizar* cómo está ese universo, cuáles son sus pros y sus contras.

El segundo paso tiene que ver con *el tanteo de lo superfluo*. Ese jarrón horroroso que me regalaron unos chicos que ni siquiera son amigos míos, porque un amigo me conoce lo suficiente como para no condenarme a contemplar cada día ese adefesio, ¿realmente debo conservarlo? ¿Por qué? Tantear lo superfluo es vital para conocer qué consideramos más prescindible en cada momento. ¿Tan importante es ese jarrón para mí? ¿Qué me da a cambio de tenerlo en casa?

Planificación de las compras

Y así llegamos hasta otro aspecto imprescindible para cualquier ahorrador inteligente: ¿qué obtengo yo a cambio de mi inversión? Si estoy invirtiendo el espacio de mi casa en alojar ese jarrón, algo me tiene que devolver a cambio. Si es un objeto al que le tengo un especial cariño, entonces seguramente estaré dispuesto a pagar su alojamiento durante seis meses más. ¡Pero _ese_ jarrón…!

En fin, ahora que el jarrón ya está en una bolsa camino del contenedor, vayamos a por el otro aspecto importante de la frase que encabeza este artículo: la *planificación*. Obviamente, de un paseo casual por la casa y decir: “anda, ¿esto qué hace aquí?” no vamos a sacar jamás el mismo rendimiento que si nos marcamos una fecha en el calendario para hacer ese recorrido de forma sistemática.

De esa manera, estamos poniendo un horizonte a nuestra acción. Si de mi paseo por la casa _salvo_ un objeto, lo único que estoy haciendo es prorrogar su privilegio de permanecer a mi lado… durante seis meses más, pero pasado ese tiempo lo volveré a evaluar. Leyendo entre líneas, lo que hago es *no descuidar mi concepto del ahorro* y, por el contrario, obligarme a revisar mis adquisiciones hasta el punto que cuando me disponga a comprar un… jarrón, por ejemplo, seré capaz de preguntarme:

Este jarrón, ¿aguantará seis meses en mi casa?

Si la respuesta es positiva, será señal de que la compra es lo suficientemente acertada. Y si ya en la tienda dudamos… más vale que guardemos el dinero para emplearlo en algo que realmente nos convenza. Al cabo de seis meses, nuestro paseo ya no será _tan despiadado_, sino un ejercicio de satisfacción: *la satisfacción de saber que no nos gastamos el dinero en algo superfluo*.

Foto | “omegafotos”:http://www.sxc.hu/photo/1336306, “Jan Willem”:http://www.sxc.hu/photo/807162

Conversación

  • probertoj

    Hay una corriente que apuesta por el minimalismo en casa. Entre algunas de las cosas interesantes que dicen es que, por cada cosa nueva que entra, otra debe salir. Y es cierto que, por propia naturaleza, tendemos a guardar todo. Si aplicamos esto mismo al ahorro, podría ser: “¿qué puedo sacar de casa que ya no use antes de comprar esto otro que creo que necesito?”.

    Preguntarse siempre cosas antes de decir comprar es un buen esfuerzo: nos obliga a plantearnos si realmente la compra que vamos a hacer la tenemos que hacer.

  • Pablo Herrero

    Está claro que algo hay que hacer. O se pone uno manos a la obra o acaba con un “síndrome de Diógenes” a la mínima. Me gusta la idea y la voy a poner en práctica esta misma tarde 😉