Lecciones de economía doméstica que aprendí mi primer año de Erasmus

Las becas Erasmus fueron creadas en 1987 como forma de mejorar la calidad de los programas universitarios a través de la movilidad de los estudiantes por los diferentes países de Europa. Desde entonces, el programa no ha hecho más que crecer: casi 2.200 instituciones de 31 países participan en esta iniciativa y se prevé que en los próximos seis años sean cuatro millones de jóvenes quienes tengan la oportunidad de vivir y estudiar un tiempo en el extranjero.

La mayoría de los jóvenes que han obtenido una beca Erasmus lo relatan como una experiencia única, muy gratificante y recomendable, donde el idioma se convierte en una barrera fácil de superar y en la que hacer amigos está a la orden del día. Pero, ¿y qué hay del ahorro? Teniendo en cuenta que la cuantía de la beca no da para mucho ¿cómo nos la podemos ingeniar para pasar un año en el extranjero sin grandes complicaciones económicas? Hemos contactado con tres estudiantes que un buen día decidieron hacer las maletas y vivir la aventura Erasmus, y nos han contado sus lecciones de economía doméstica… Por si algún día tú también decides vivirla.

El destino: nuestra primera gran decisión financiera

Los estudiantes cada vez tienen más posibilidades y alternativas para irse de Erasmus. Y esta es, posiblemente, nuestra primera gran decisión financiera. Y es que no es lo mismo irte a un país nórdico como Noruega, Dinamarca, Suecia o Finlandia, que a un país del sur de Europa, como Portugal o Italia, mucho más asequible.

Laura, por ejemplo, estudiante en Aarhus, la segunda ciudad más cara de Dinamarca, nos señala que el coste de la vida es uno de los mayores hándicaps que tuvo que superar al irse de Erasmus. “Dinamarca es cara y, por tanto, Aarhus también lo es. La comida es cara, el transporte es caro… Todo menos la universidad, que es gratis, y el alojamiento, que no es tan caro como podría parecer. Cada mes se me iban cerca de 700 euros, cuando mi beca no superaba los 400”.

Javier, por su parte, también tuvo como destino una ciudad nórdica, Oulu, en Finlandia. A pesar de ello, su experiencia de Erasmus en un país escandinavo no fue tan onerosa. “Oulu puede ser, como mucho, el doble de caro que una ciudad como Salamanca, que yo diría que es de las más baratas de España. Eso sí, el desplazamiento hasta allí sí es caro, pero por suerte, pude encontrar un vuelo con low cost hasta Tampere y, desde ahí, un viaje en autobús hasta Oulu, de unas siete horas”.

David, sin embargo, corrió mejor suerte en lo que al coste de vida se refiere. Su destino fue Bragança, una ciudad portuguesa muy cercana a España. “Los pisos son baratos. Yo pagaba 120 euros por una habitación compartida más gastos a escasamente cinco minutos andando de mi facultad. Además, el destino está muy cerca de la ciudad en la que yo resido habitualmente, así que podía ir en coche sin ningún problema.”

Alojamiento y comidas, los principales gastos

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En líneas generales, los principales gastos que todos los alumnos que se van de Erasmus tienen que afrontar son la comida y el alojamiento. La mayoría de estudiantes coinciden en que la mejor opción es la de alojarse en residencias universitarias o bloques de pisos construidos para ese fin, y la comida suele ser más barata en los comedores universitarios que incluso en el supermercado.

En Aarhus, Laura compartió piso con otra persona, pagando unos 260 euros al mes con el agua y la lavandería incluidos. “Internet y electricidad se pagan aparte, con unos precios por persona que oscilan entre los 10 y los 15 euros y los 90 y 120, respectivamente. En cuanto a la comida, era muy cara y no nos gustaba, así que solíamos cocinar, lo que no quitaba para que algún día cenásemos fuera de casa”.

A Javier no le costó mucho encontrar un alojamiento acorde a sus posibilidades económicas. “Realicé todo el trámite a través del PSOAS, una especie de agencia inmobiliaria pública finesa que funciona muy bien, que te facilita alojamiento junto con otros estudiantes Erasmus, aunque es importante gestionarlo todo al principio para que te toquen zonas buenas”. En cuanto a la comida, la mejor opción es la universidad. “Comer en la universidad es muy barato, tan solo 2,5 euros el menú normal, así que muchos días comíamos así”.

En Bragança, la vida es mucho más barata, aunque con matices. “A pesar de que los pisos son baratos, la electricidad y la calefacción son bastante caras, así que sale más barato comprar un radiador eléctrico que poner la calefacción. Los restaurantes son asequibles, pero si tenemos problemas con el precio, todavía nos queda la cantina universitaria, que tiene un precio de 2,10 euros el menú con la posibilidad de carne y pescado. Es más, había un buffet en el que podíamos comer y beber todo lo que quisiéramos por tan solo cuatro euros en pleno centro”.

Dejar tiempo para el ocio, imprescindible

Los estudiantes Erasmus pasan un año difícil de olvidar. Viajes, fiestas, actividades conjuntas… son parte del día a día de una vida que pasa demasiado rápido, así que tenemos que dejar algo de dinero para disfrutar de esta experiencia, sin descuidar el ahorro, claro.

“Aarhus es una ciudad con un gran ambiente universitario, pero muy cara. De todos modos, el ambiente en la propia universidad es bastante animado, y hay muchas noches con fiestas en el propio campus. Es lo mejor porque es lo más barato y donde más gente joven hay. En cada facultad, hay uno o varios Friday Bar, que tienen los precios más bajos”, nos recuerda Laura.

Para Javier, las cosas fueron bastante más fáciles. “De lunes a miércoles íbamos a un bar con música heavy y podíamos beber cervezas a un euro. El resto de la semana, nos movíamos por otros bares un poco más caros pero también asequibles, así que no gastábamos mucho cuando salíamos de fiesta. Además, volar desde Tampere era muy asequible, y podíamos comprar un billete por solo diez euros ida y vuelta, así que aprovechamos para viajar muchísimo”.

En Bragança, el ocio, al igual que el resto de cosas, es muy barato. “Los bares para la fiesta son muy baratos, al igual que las cafeterías y el resto de locales. Además, tuve la posibilidad de venirme a casa muchos fines de semana, porque me quedaba muy cerca de la ciudad en la que yo resido habitualmente.”

Una experiencia inolvidable

Ahorrar estando de Erasmus no es nada sencillo. Los tres coinciden en que es necesario hacer muchos equilibrios y pedir prestado algo de dinero a los padres. En cualquier caso, todos coinciden en que la ocasión lo merece, y animan a todos los que estén dudando a que lo hagan cuanto antes porque más adelante puede ser demasiado tarde.

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