Nueve consejos para que la factura de la calefacción no te deje helado

Con la llegada del frío, la calefacción supone el mayor gasto de los hogares, sobre todo en las zonas más frías. Su consumo representa más de un 46% en el hogar, según el Instituto para la Diversificación y el Ahorro de Energía (IDAE). Eso implica que si no hacemos un uso eficiente de la calefacción, las facturas durante los meses de invierno se disparan.

A pesar de que las necesidades de calefacción cambian según la zona donde vivamos, todos podemos ahorrar si aplicamos estos consejos para que la factura de la calefacción no nos deje helados.

Ajustar la temperatura del termostato

La temperatura de confort en el hogar durante el día se ha establecido entre 20 y 21 grados centígrados, para evitar la sensación de frío pero sin estar en manga corta como en verano. Se calcula que por cada grado que sube la temperatura, el consumo energético aumenta un 7%, lo que supone un gasto económico importante.

Para mantener la temperatura de confort podemos instalar termostatos y válvulas termostáticas en los radiadores, lo que permite ahorrar entre el 8 y 13% del consumo, unos 60 euros al año.

Apagar la calefacción por la noche

La temperatura adecuada por la noche se calcula entre 15 y 17 grados. Si la vivienda no baja de esta temperatura, no es necesario tener encendida la calefacción toda la noche, sino que es más eficiente encenderla unos minutos antes de levantarse para que se caldee la casa.

Cuando se está fuera de casa todo el día, también es conveniente programarla para que se encienda una hora antes de llegar, así estará caliente cuando entremos. En zonas de frío extremo, sin embargo, es más eficiente mantenerla encendida a 15 grados todo el día, porque calentar rápidamente la casa tiene un gasto mayor.

Cerrar los radiadores de las habitaciones vacías

cerrar los radiadores

Es aconsejable regular la temperatura de cada habitación según el uso al que está destinada. Las zonas de estar necesitan más calor que los dormitorios, donde la temperatura puede ser más baja. Por otro lado, en los cuartos que no se utilizan a menudo conviene cerrar los radiadores para reducir el consumo de calefacción.

Renovar el aislamiento de puertas y ventanas

Mantener caliente la casa exige que esté bien aislada para evitar las fugas de calor. Según el Idae, entre el 25 y el 30  por ciento de las necesidades de calefacción se deben al calor que se pierde por las ventanas. Una medida sencilla para evitar estas pérdidas es instalar burletes en las ventanas y puertas.

Existen en el mercado burletes muy económicos de diferente tipo: de silicona, caucho o espuma, que se pueden adaptar a todo tipo de ventanas y puertas para tapar cualquier hueco. Si se puede hacer una mayor inversión, lo más recomendable es instalar ventanas con rotura de puente térmico y dobles cristales, que consiguen reducir un 50% el gasto en calefacción.

Revisar la instalación de la calefacción

Antes de encender la calefacción conviene hacer un repaso de todo el sistema, desde la caldera a los radiadores. La ley establece que la caldera debe revisarse cada dos años para comprobar que funciona correctamente y es segura.

Anualmente, debemos purgar los radiadores para extraer el aire que se ha podido quedar por las tuberías durante los meses que están inactivos. Es una labor muy sencilla, tan solo hay que aflojar con un destornillador la llave del radiador para sacar el aire acumulado y apretarla de nuevo cuando comience a salir agua.

Facilitar la difusión del aire caliente

No es recomendable utilizar los radiadores para secar la ropa en invierno porque, en realidad, estamos provocando que aumente el consumo de la calefacción, al impedir que se mueva el aire caliente. Si se quiere aprovechar el calor del radiador para secar la ropa, hay que utilizar un tendedero portátil colocado cerca del radiador.

Colocar paneles reflectantes

Si lo que queremos es aumentar la potencia calórica del radiador, lo aconsejable es colocar paneles reflectantes entre la pared y el radiador. De este modo, se consigue aprovechar el calor que se pierde por la pared haciéndolo rebotar hacia la habitación.

Aprovechar el sol de día

Ventilar las viviendas es necesario por cuestiones de higiene y para evitar humedades, pero siempre con cuidado de que no se enfríe totalmente la casa. Con 10 minutos es suficiente. Además, si tenemos zonas de la casa orientadas al sol, es aconsejable descorrer las cortinas y aprovechar el calor que proporciona la luz solar. Eso sí, cuando el sol se esconda, hay que bajar las persianas y pasar las cortinas para mejorar el aislamiento de la casa y mantener la temperatura.

Instalar sistemas de calefacción eficientes

Es una medida que requiere una reforma y una mayor inversión, pero en muchas ocasiones el ahorro que se consigue compensa el gasto. En climas templados, el sistema de calefacción más eficiente es la bomba de calor, pero debemos invertir en aparatos que tengan calificación energética “A”.

En cuanto a las calderas, la opción más eficiente es la de condensación, porque ofrece un gran rendimiento al recuperar parte del calor de la combustión, principalmente vapor de agua, y porque contaminan menos. Como fuente de energía, el gas natural es más económico que la electricidad o el gasoil.

Finalmente, no podemos olvidarnos de las útiles mantas para estar abrigados en el sofá de casa y de las alfombras para evitar el frío del suelo.

En Naranja | Cómo poner a punto tu hogar para el invierno

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