Aunque lo intentes, nunca te comportarás como un homo economicus... ¿O sí?

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Estamos casi al final de la Navidad, una época en la que decidimos gastar un poco más de lo habitual. Y enero, con las rebajas, tampoco suele ser el mes en el que más ahorremos, pero sí ése en el que hacemos todos los propósitos de ahorro. Es la hora del consumo inteligente, de sacar el máximo beneficio a nuestro dinero.

Mirándolo así, hay quien diría que llega la hora de comportarnos como verdaderos homo economicus. ¿Qué significa eso? Es una teoría económica que asegura que ese hombre hará todo lo que le lleve a conseguir la mayor cantidad de cosas con la menor cantidad de trabajo y, sobre todo, al menor coste. ¿Te suena? Parece lógico querer intentar ser ese “hombre económico”... pero nunca podrás. Veamos por qué.

El Homo economicus no puede ser un consumidor inteligente

Te eneseñábamos el martes que, como consumidores, estamos altamente influenciados por la publicidad. Todos estos productos nos parecen de mayor calidad simplemente porque aparecen en los medios de comunicación, en ocasiones los compramos aunque no los necesitemos, y otras veces descartamos productos de marcas no conocidas por el mero hecho de no ser tan conocidos, aunque sean más baratos.

Pero tendríamos que hacernos algunas preguntas respecto a esto ¿de verdad necesitamos algunos de los productos que compramos? ¿merece la pena pagar el sobreprecio que nos brinda una mayor calidad en el producto? Si ambas respuestas son no, no estamos siendo óptimos, y por tanto no estamos maximizando nuestro bienestar con el menor coste posible; es decir, no nos estamos comportando como verdaderos Homo Economicus.

De todos modos no te preocupes, ya que no eres el único. Las teorías del Homo Economicus fueron desmontadas, entre otros, por el economista Ludwig Von Mises, que decía que el modelo del Homo Economicus sólo era aplicable a los empresarios que buscaban el mayor beneficio, minimizando para ello el coste de los productos que fabricaba; pero no eran aplicables al consumidor, porque si no no se entiende que elijamos los productos más caros si existen otros productos que nos proporcionan la misma utilidad, o incluso gastar más de lo mínimo para la mera subsistencia física.

Si conseguimos pensar en esto a la hora de hacer nuestras compras, posiblemente nos ahorremos una buena cantidad de dinero. De todos modos no es fácil, ya que cada vez más las empresas buscan influenciarnos para que compremos sus productos. Aunque también es cierto que cada día tenemos mayor cantidad de información para poder comparar entre los diferentes productos, e incluso más canales de distribución como Internet y más oferta de productos, para de esta manera elegir lo que nos parezca más barato, teniendo en cuenta nuestras necesidades.

¿Es el auge de las marcas blancas el auge del Homo Economicus?

Y es que las marcas blancas son el ejemplo más claro de lo que significa optimización del consumo. Por lo general estas marcas son fabricadas por las mismas empresas que fabrican los productos de las grandes marcas, y pasan los mismos controles de calidad que éstas. Entonces, ¿porqué seguimos confiando en las marcas más conocidas?

En muchas ocasiones la publicidad nos sigue causando una gran influencia. Como hemos dicho, nos fiamos bastante más de las marcas que aparecen en los medios de comunicación, ya que pensamos que la calidad de las mismas va a ser superior a cualquier otra, y que el sobreprecio pagado por ellas merece realmente la pena.

De todos modos, ha habido un auge enorme de las marcas blancas durante estos últimos años, ya que cada vez disponemos de menos dinero, y cada día más nos pensamos comprar las marcas más caras. La publicidad en los medios de comunicación ya no nos afecta tanto como antes, y tendemos a comprar las marcas más baratas. Hemos comprobado que la utilidad es la misma, que estos productos nos sirven para lo mismo y que en muchas ocasiones la calidad no se ve resentida por no comprar productos de las grandes marcas.

Y es que comprar productos de marcas blancas puede ser hasta un 30% más barato que un producto de las grandes marcas. En este caso estamos minimizando el coste maximizando nuestra utilidad. Si bien es cierto que en muchas ocasiones la calidad es importante para que lo barato no nos salga al fin de cuentas caro, en muchas otras tenemos que hacernos la pregunta ¿de verdad merece la pena que pague este dinero extra? Decisiones que sólo nosotros nos podemos hacer y que nos ayudarán a ahorrar, y a comportarnos como consumidores inteligentes.

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Imagen | RetinaFunk

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