¿Por qué apostamos tanto dinero en loterías cuando las probabilidades de éxito son mínimas?

El día 22 de Diciembre se celebra, como todos los años, el tradicional sorteo de Navidad, en el que las ilusiones de millones de familias se ponen en juego. Los premios son muy jugosos, y todos los que adquieren una participación esperan brindar con champán como ya hicieron todos aquellos a los que la suerte les tenía preparada esta agradable sorpresa en años anteriores.

Sin embargo, como ocurre todos los años, son más las personas que no tienen nada que celebrar al no poder ni siquiera rascar un simple número en la pedrea. Las probabilidades de poder cantar victoria son mínimas y, sin embargo, cada año son más las personas que deciden adquirir al menos un décimo. Si es tan difícil que nos toque algo, ¿qué nos lleva a los españoles a decantarnos por estas ruinosas apuestas?

La probabilidad de rascar algún premio es prácticamente imposible

Si tomamos la lotería de Navidad como ejemplo, aunque sea extensible a todas las apuestas jugadas el resto del año, existe tan solo un 0,001% de posibilidades de que nos toque el gordo y un 15,34% de posibilidades de ganar alguno de los premios que se ponen en juego el 22 de Diciembre. O, diciéndolo de otro modo, existe un 84,66% de posibilidades de no ganar nada. Es decir, una probabilidad prácticamente nula.

Ni siquiera jugar todos los años a la lotería nos garantiza ganar el gordo. En realidad, si cada uno de nosotros apostásemos a un número concreto cada año, nos tocaría la lotería una vez cada 100.000 años. Es decir, si los primeros homo sapiens hubiesen comenzado a jugar a la lotería hace 50.000 años, ¡a la mitad de ellos no les habría tocado la lotería todavía a día de hoy! ni siquiera jugando al mismo número, puesto que la probabilidad es la misma todos los años.

Curiosamente, si en otras facetas de nuestra vida tuviésemos tan pocas probabilidades de éxito, lo más seguro es que ni siquiera lo intentásemos. Nadie en su sano juicio pediría matrimonio a su mejor amiga porque lo más probable es que le diese calabazas; y es muy poca gente la que bebe cuando sale por la probabilidad de encontrar un control de alcoholemia, por remota que sea ésta.

Sin embargo, incluso aunque la probabilidad de acertar el Gordo de la lotería de Navidad sea mucho menor a las antedichas, todavía seguimos apostando nuestros ahorros a estos juegos de azar en lugar de invertirlo en productos de ahorro que sabemos que nos proporcionan una rentabilidad fija o incluso en productos de renta variable. ¿Qué nos lleva a comportarnos de este modo a priori tan irracional?

La fascinación por la lotería: ¿por qué nos comportamos de este modo?

En realidad, este comportamiento no es tan irracional, sobre todo si atendemos a las explicaciones de economistas que analizan la acción humana, y más en concreto, a los economistas del comportamiento (behavioral economists). Para ellos, toda acción humana es perfectamente racional, por muy extraña que nos parezca, puesto que, para ellos, los humanos actuamos para mejorar nuestra situación actual.

En este sentido, una de las explicaciones de esta fascinación por los juegos de lotería es, simple y llanamente, la creencia de que jugando a juegos de lotería vamos a mejorar nuestra situación inicial, puesto que, por muy remotas que sean las posibilidades, hay opciones reales de que toque algo.

Otros economistas intentan explicar la propensión a jugarse el dinero basándose en un dato curioso: los pobres apuestan mucho más que los ricos. Y es que para muchos ciudadanos pobres, sin acceso a los mercados de crédito tradicionales, el billete de lotería o la quiniela es la única posibilidad que tienen, por remota que sea, para poder comprar un coche o una casa.

Esta segunda explicación nos conduce a una combinación de ideas: los ciudadanos prefieren dejar de ahorrar y arriesgar su dinero en juegos de azar en lugar de colocarlo en depósitos u otro tipo de inversiones que proporcionen una rentabilidad verdadera, puesto que, para ellos, el coste de oportunidad de dejar su dinero estático es menor que la utilidad que les proporciona la incertidumbre de poder convertirse en millonarios. Dicho de otra forma más sencilla, los ciudadanos prefieren apostar antes que dejar congelado su dinero en cuentas de ahorro o inversiones con poca rentabilidad.

Sea cual fuere la explicación, el hecho es que los españoles, dedican enormes cantidades de dinero al juego en lugar de ahorrarlos para satisfacer las necesidades de su futuro más inmediato.

En Naranja | La mejor lotería no es la de Navidad, es la del ahorro
Imagen | alvy

Conversación

  • minue

    Yo creo que es una cuestión de ilusión, sobre todo cuando invertimos cantidades pequeñas (un par de décimos, por ejemplo). Por esos 40 euros tenemos para fantasear un mes entero con lo que haríamos si nos tocara…

    • Josep Camós

      “Yo creo que es una cuestión de ilusión”.

      Que tampoco es mala cosa, oye. Al fin y al cabo la motivación es, por definición, el motor de nuestras acciones. Si por unos euros somos capaces de comprar ilusión (motivación), pues… aún sale a cuenta. 🙂

      Yo, porque no soy de Lotería de Navidad, pero alguna Primitiva de vez en cuando sí que cae. ¿Por qué no?