¿Por qué es más barato volar a Múnich que coger el AVE a Madrid?

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El otro día, justo cuando salía de hacia la estación de trenes, me llamó un amigo mío para avisarme de que iba a venir a pasar el fin de semana a Valencia, que había cogido un vuelo por 65 euros ida y vuelta. En ese momento, pensando que mi billete a Madrid y vuelta a Valencia me había costado casi un centenar de euros, me pregunté: ¿por qué es más barato volar a Múnich que coger el AVE a Madrid?

La respuesta es sencilla, porque la ruta Valencia-Múnich se puede hacer con una compañía aérea low cost mientras que el tren es cosa de Renfe. Pero no creáis que voy a dar la pregunta por cerrada, porque lo que en realidad me interesa es buscar la esencia de los vuelos low cost y ver cómo puede extrapolarse a otras actividades.

El éxito de los vuelos low cost y sus posibilidades en otros sectores

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Aunque todas las empresas buscan reducir costes y maximizar los beneficios –es decir, ser más productivas–, no todas son compañías low cost. El low cost no significa sólo bajo precio, sino una estructura empresarial pensada desde la base para ofrecer al cliente aquello que busca (volar, dormir, comer…) sin costes añadidos que no aporten valor o que el cliente no desee.

De esta manera, las compañías aéreas de bajo coste han suprimido (o supone un coste opcional) la prensa, los snacks, la impresión de billetes, la facturación en el aeropuerto, las maletas adicionales… pero también han diseñado una estrategia de funcionamiento que les permite sacar el máximo partido de su mayor activo: los aviones.

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Gracias a optimizar al máximo todos los procesos que deben llevarse a cabo con el avión en tierra, han conseguido reducir en un 66% el tiempo que el avión no está volando, con lo el aumento productivo que eso supone. También ayuda que, al hacer la misma ruta y siempre en trayectos cortos, no hay sobrecostes por alojamiento y manutención de la tripulación, así como el hecho de que utilicen aeropuertos secundarios.

Su éxito se apoya, pues, en dos pilares: ofrecer al cliente lo que quiere y sólo lo que quiere al precio que está dispuesto a pagar y diseñar la estructura de la empresa para conseguir el margen de beneficio suficiente para que ese precio sea sostenible.

El low cost en otros sectores

Además de la aviación, varios son los sectores en los que el low cost ha comenzado a expandirse, aunque sin llegar al éxito –en cuanto a expansión– de éste. Un buen ejemplo es la banca, con la banca electrónica e ING Direct a la cabeza, donde se eliminan los costes de tener una amplia red de oficinas –que muchos clientes de la banca tradicional ya no utilizan tampoco– a cambio de no cobrar comisiones, ofrecer una mejor atención telefónica y online, así como productos financieros más rentables.

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También encontramos intentos de incorporar el low cost en los hoteles. Y no me refiero a que cada vez hay menos amenities cuando vamos a uno, o a la guerra de precios gracias a las búsquedas y reservas por internet, sino a hoteles genuinamente low cost, como Easyhotels (de la compañía Easyjet) o Yotel.

En EasyHotels, situados en Londres, Amsterdam, Berlín o Budapest, lo que se nos ofrece por entre 20 y 50 euros la noche es poco más que una cama y un baño. Por todo lo demás, hay que pagar, desde la televisión (5 euros) hasta porque nos hagan la cama (10 euros), incluso porque nos guarden las maletas al irnos (sobre 3 euros). A cambio tendremos un hotel medianamente céntrico y un sitio donde caernos muertos después de un día de turismo.

En Yotel, especializados en aeropuertos pero que acaban de abrir uno en Times Square de Nueva York, van más allá todavía, y ni siquiera tendremos una recepcionista que nos atienda al llegar. Todo está automatizado, hasta tienen un robot que se encarga de guardar las maletas mientras esperamos a que nuestra habitación esté lista.

También podríamos calificar de Low Cost compañías como Ikea, centradas en ofrecer diseño al menor precio posible o tal vez Primark o el grupo Inditex en el sector de la moda, por citar otros que se me vienen a la mente.

Ahora solo faltaría que el resto de medios de transporte se pusieran las pilas, especialmente el AVE, porque estoy seguro que mucha gente preferiría menos azafatas o tener que imprimirse el billete en casa a cambio de precios más competitivos que no hagan que el tren vaya vacío en la mayoría de las ocasiones.

Imágenes | Mikel Ortega, Ben Salter y Stav
En Naranja | Transporte público vs coche, ¿cuál es el ahorro real? [Infografía]

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