¿Qué es y cuándo se amortiza una vivienda pasiva?

Una vivienda pasiva está diseñada con un estándar de construcción llamado Passivhaus, que surgió en 1990 en Alemania. Se caracteriza porque consigue el máximo confort en el interior de las casas con un consumo mínimo de energía. Esto se logra porque se construye con un buen aislamiento, un sistema de ventilación controlada y una orientación adecuada.

La vivienda pasiva apenas necesita energía para ser confortable. Consigue una temperatura adecuada en el interior, tanto en verano como en invierno, sin depender de la calefacción y el aire acondicionado. Si tenemos en cuenta que la calefacción representa un 46% del consumo energético del hogar, según el Instituto de Diversificación y Ahorro Energético (IDAE), su ahorro repercutirá en nuestros bolsillos.

Las cifras de ahorro varían según las zonas climáticas, pero en líneas generales se reduce la demanda de calefacción y refrigeración hasta los 15 kWh/m2. La energía usada para calefacción, agua caliente y electricidad no supera los 120 kWh/m2 anuales. Si calculamos el precio de la energía eléctrica, es fácil deducir el ahorro económico que se puede conseguir con una casa pasiva.

¿Cómo se construye una vivienda pasiva?

Los criterios que definen una casa pasiva se basan en cinco principios básicos de construcción:

  • Un buen aislamiento térmico, que se consigue colocando materiales aislantes en las cámaras de los muros.
  • La eliminación de puentes térmicos, gracias a una capa de aislamiento continua sin interrupciones.
  • La estanqueidad de la envolvente para evitar las pérdidas de calor y frío.
  • La instalación de ventanas de alta calidad que puedan aprovechar la energía solar.
  • Un sistema de ventilación mecánica que permite la recuperación de calor (o frío) del aire renovado. Este sistema de ventilación permite calentar el aire frío del exterior con el calor generado por las personas y los aparatos eléctricos de la casa o si la temperatura es alta, se expulsará el aire viciado y se refresca con el aire exterior.

Junto a estos criterios de construcción, se aplican otras medidas pasivas centradas en la orientación de la casa, de manera que se aproveche la luz solar en verano e invierno. Las ventanas se diseñan para que el sol pueda entrar en invierno cuando la inclinación es más horizontal. Por el contrario, para evitar el sol vertical del verano se utilizan protectores, voladizos o barreras naturales de plantas y árboles.

¿Cuánto cuesta construir una vivienda pasiva?

Determinar el coste de una vivienda pasiva no es fácil porque depende de los materiales que se utilicen: puede ser de madera, ladrillos u hormigón armado. El estándar Passivhaus no exige un determinado material constructivo.

Además, podemos optar por un sistema prefabricado de construcción, tanto en madera como en hormigón, que reduce considerablemente el tiempo de construcción de la vivienda. Por ejemplo, una casa de madera puede ser más cara, pero está finalizada en 4 meses, mientras que para las mismas dimensiones una casa de construcción normal tardaría 9 meses.

Un presupuesto medio puede situarse en torno a los 150.000 euros para una vivienda de 100 metros cuadrados, que variará en función de los materiales, el equipamiento y el diseño. Es más caro que una vivienda convencional, pero si calculamos el gasto de mantenimiento posterior de la vivienda cambia la perspectiva.

Las empresas constructoras de viviendas pasivas señalan que los costes extras de construcción para una casa pasiva son entre un 3 y un 8% superiores a la construcción de una casa convencional. Este sobrecoste se justifica por la instalación de aislamiento de calidad, ventanas de triple acristalamiento para evitar las pérdidas de calor, sistemas de eficiencia energética y de fuentes de energía renovables.

La mayor inversión inicial de la vivienda pasiva se amortiza en torno a 5 a 10 años, por el ahorro que se consigue en calefacción y aire acondicionado. Por el contrario, en una vivienda convencional, este gasto es más elevado y se mantiene durante toda la vida útil de la vivienda. La ventaja de la casa pasiva es que a lo largo de la vida se va a gastar entre un 80 y un 90% menos de energía que en una casa convencional.

El objetivo que se persigue es construir viviendas más eficientes, asequibles, confortables y saludables gracias a la renovación continua del aire. Con estas prestaciones se consigue cumplir con los objetivos fijados por la normativa europea que ha establecido para el año 2020 la obligatoriedad de que todos los edificios tienen que ser consumo cero, es decir, que no necesiten energía.

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