“Que me lo quitan de las manos”, o la escasez inducida

En economía clásica, se habla de escasez como la falta de cantidad suficiente de un determinado recurso para satisfacer la demanda de todos los que quieren tenerlo, y esa escasez varía en función de dos parámetros: la oferta y la demanda. Si se ofrece menos producto o servicio de lo que otros están dispuestos a comprar, hay escasez. Como efecto secundario, esta escasez suele conllevar un aumento del precio de las cosas: una gota de agua en el desierto se cotiza más cara que una gota de agua en medio de un río de aguas cristalinas.

Sin embargo, hay otros factores que intervienen en el hecho de que nosotros encontremos, en un momento determinado, una cierta escasez. Y algunos pueden no ser tan evidentes como la relación entre oferta y demanda, aunque derivan en efectos muy similares al del alza del precio. Hablamos de la escasez inducida, un concepto que como consumidores inteligentes nos conviene tener en cuenta.

Volvamos la vista atrás en el tiempo. Hubo una época en que las panaderías tenían un horario muy definido y marcado, de manera que sólo era posible comprar el pan de 7 a 14 y de 17 a 20 horas, por ejemplo. En un escenario como ese, llegar a las 19:45 a buscar el pan era exponerse a llevarse para casa las migajas que otros no quisieron comprar. Literalmente, lo de migajas.

¿Podemos decir que había escasez de pan? Hombre, sí, porque el panadero había decidido recortar la oferta para evitar generar un excedente que no le habría reportado grandes beneficios (de hecho, el pan rallado que pudiera elaborar a partir de los excedentes del día tampoco generaría tanto interés entre la clientela), de manera que al final de la mañana no había podido hacer frente a toda la demanda.

Esa escasez sólo me afectaba a mí si yo me despistaba e iba a comprar el pan demasiado tarde. Al día siguiente me levantaba un poco antes del mediodía y así no era yo el que se quedaba sin la barra de pan. Si las barras elaboradas eran las mismas y los compradores también, le tocaría a otro quedarse sin pan. Escasez transferida a otro pobre infeliz, pero escasez al fin y al cabo.

Vaya, así que el truco está en comprar antes que otro para evitar quedarme sin mi barra de pan…

Generando la necesidad de comprar cuanto antes

Escasez inducida - mercado vacío

Y ahora viene la vuelta de tuerca. ¿Y si el panadero se inventara la escasez para infundirme un cierto temor? Imaginemos un panadero que, conocedor del talante de su clientela, decide poner a la venta la misma cantidad de pan pero avisando, eso sí, de que es mejor comprar cuanto antes para evitar quedarme sin pan. Quizá al final del día el pan vendido sería el mismo, y por lo tanto habría un cliente que se llevaría las migajas… pero el panadero se habría garantizado la venta de todas las existencias.

Dando una nueva vuelta de tuerca, podría ser que yo sintiera tanto miedo ante la escasez que comprase más de lo que tenía pensado inicialmente, y así el panadero podría incrementar la oferta sin temor a que le sobrara pan. Ya me sobraría a mí en casa, como pasaba antaño cuando los sábados se vendía pan doble, que acababa siendo casi triple, por si acaso.

Dejemos la panadería y vayamos de tiendas, que me interesa estimular las neuronas. Entro en una tienda que pertenece una conocida red de tiendas de ropa y veo una prenda que me interesa, pero hoy no estoy para gastos. Mañana sí, que es 1 de febrero y habré cobrado, pero hoy mejor no meterme en más. De todas formas, esa prenda es tan bonita que… Y miro el color, y me favorece. Y miro la talla, y… ¡ay!, ¿de mi talla no hay nada? De una talla menos hay ocho unidades, pero de la mía… ¡Ah, sí, una! Hay una sola unidad de mi talla.

El dilema se acaba en cuanto veo que otra persona se acerca a la barra de donde cuelga mi prenda, y como un acto reflejo la cojo y me voy para la caja, a pagarla antes de que sea demasiado tarde.

¿Se me ha ocurrido pensar que a lo mejor dentro del almacén hay más? ¿O que quizá haya más unidades de esa misma talla y ese mismo color en otra tienda de la extensa red? Si la persona que se acercaba a la barra iba a comprar la misma prenda que yo, no hay mayor problema, pero si esa persona en realidad se había equivocado de pasillo, acabo de generar una venta para el comerciante que en principio no pensaba realizar. Al menos no hoy y con el dinero que me queda en el bolsillo.

Cambiemos de sector y vayamos a por una compra de más enjundia que una simple barra de pan o una prenda de ropa. Quien se haya visto en la situación de comprar un piso, sabe que un recurso clásico de cualquier vendedor es “la parejita”. Esa parejita está siempre a punto de comprar todos los pisos que pueda yo visitar en una provincia entera durante una semana completa. Al verme interesado en ese inmueble, interesado pero indeciso, cualquier vendedor sacará la parejita del armario empotrado y me la ofrecerá como enemigo que debo abatir.

¿Existe esa pareja? Quién sabe, quizá a los dos tortolitos les van amenazando con la existencia de un tipo raro que pide barras de pan a destiempo y que deja pasar la oportunidad de una prenda de ropa preciosa… simplemente porque ese tipo raro tiene claro que la escasez no siempre es tan real, sino muchas veces inducida para vender cuanto antes y así evitar excedentes.

Foto | Gabriel, Lee Haywood

Conversación

  • probertoj

    Ahora mismo, la parejita lleva ya un tiempo metida en el armario y no se ve que vaya a salir en breve 😉

    • Josep Camós

      A saber lo que harán ahí dentro…