¿Sabes cómo ahorrar con el certificado energético de la vivienda?

Cuando buscamos casa para comprar o alquilar, el precio es un factor fundamental en la elección. Sin embargo, saber el consumo de calefacción y refrigeración que tiene la vivienda nos puede ayudar en la decisión, porque nos permite saber el gasto anual y planificar nuestra inversión. Gracias al certificado energético, sabemos el consumo anual de energía que necesita la vivienda para ser confortable.

El certificado energético también nos informa sobre qué elementos es necesario cambiar en el inmueble (fachadas, ventanas, cubiertas) para mejorar su eficiencia energética y saber lo que podemos ahorrar.

El Real Decreto 235/2013 regula el certificado de eficiencia energética que califica a las viviendas y edificios, de acuerdo a la normativa europea, con el fin de crear un parque de viviendas eficientes. Desde 2007 es obligatorio para los edificios de nueva construcción, mientras que, para las viviendas construidas con anterioridad, se estableció en junio de 2013 la obligatoriedad de disponer del certificado energético cuando se vende o alquila la vivienda.     

El propietario de la vivienda debe poner a disposición del comprador o arrendatario el certificado con la calificación energética que va desde la A, más eficiente, a la G, menos eficiente. Esta calificación mide, por un lado, la contaminación que produce la vivienda y por otro, el consumo de energía que necesita para mantener las condiciones confortables en su interior. A partir de ese dato, podemos saber a cuánto asciende el consumo anual de energía de la casa, aplicando la tarifa de la energía correspondiente.

El certificado energético propone mejoras en la vivienda

El certificado energético incluye recomendaciones sobre los elementos que deben ser mejorados para que la vivienda sea más eficiente. No es obligatorio seguir estas recomendaciones, pero son necesarias si se quiere reducir el consumo de energía y, de este modo, conseguir un ahorro económico. Por ejemplo, una vivienda con una calificación A, consume un 90% menos de energía que otra calificada con la G, lo que se traduce en un gasto de 200 euros de media al año frente a los 2.000 euros de una vivienda G.

Según los datos del Ecobservatorio, el 40% de los certificados energéticos recomienda mejorar aspectos de la vivienda relacionados con las instalaciones térmicas; el 26% aconseja modificar la envolvente del edificio; otro 25% recomienda cambiar las ventanas y los balcones y el resto propone mejoras en los puentes térmicos. Además de las recomendaciones de mejora, el certificado debe incluir el coste de su realización y el ahorro que se conseguiría con su puesta en práctica.

Las medidas más fáciles de realizar son las que solo afectan a la propia vivienda, pero cuando se trata de mejorar la envolvente del edificio o cambiar el sistema de calefacción, se necesita el acuerdo de la comunidad de vecinos. La ventaja es que estas actuaciones cuentan con ayudas públicas a través del programa Pareer-Crece, siempre que mejoren la calificación energética del edificio en una letra.

La etiqueta determina el consumo energético

certificado energetico

Cuando compramos un coche o un electrodoméstico, estamos acostumbrados a comprobar su consumo. Elegimos frigoríficos con la máxima calificación energética conscientes de que el ahorro de energía que conseguimos, compensa el precio que tenemos que pagar en la compra. Igual ocurre con los coches. Cuando compramos o alquilamos una vivienda, por el contrario, nos fijamos en otras cuestiones como ubicación, superficie o servicios sin reparar en el consumo.

Sin embargo, también se puede hacer la elección de la vivienda siguiendo el criterio de buscar la más eficiente y que consuma menos energía, porque está información está reflejada en el certificado energético. Para hacernos una idea, según un estudio de Ecobservatorio, una vivienda con calificación energética E, la más abundante en nuestro país, tiene un gasto aproximado de 1.000 euros al año en calefacción, refrigeración y agua caliente sanitaria, que se reduce a 390 euros anuales en una vivienda B o puede incrementarse hasta los 2.000 cuando es una G. Extrapolando este dato a los años que vamos a vivir en la vivienda, se puede calcular el ahorro que se consigue si se mejora la eficiencia energética de la casa.

Además, la calificación energética nos facilita saber, por ejemplo, si cuando compramos la vivienda, esta dispone de buen aislamiento o necesita cambiar las ventanas para conseguirlo. En el caso del alquiler, saber el gasto que cada mes tiene la vivienda en calefacción o refrigeración, nos ayuda a la hora de evaluar el precio del alquiler.  

De todas formas, los datos del certificado no son inmutables, debe ser renovado a los diez años o cuando se hagan cambios en la vivienda para mejorar la eficiencia energética y adecuarla a su nueva calificación.

En Naranja | Edificios de consumo cero ¿mito o realidad?

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