¿Sabías que hay formas de ahorro que también cuestan dinero?

Hace ya unos años, el NY Times publicó una noticia en la que explicaba por qué los más ricos preferían alquilar frente a comprar. Esta aparente contradicción encuentra su explicación en el hecho de que alquilar elimina la incertidumbre asociada con la evolución del valor de un activo, al tiempo que su mantenimiento genera costes que reducen su rentabilidad.

Esta noticia contrasta con la creencia generalizada de que acumular activos nos hace mucho más ricos, cuando, en realidad, puede acabar suponiendo pérdidas. Ahorrar no siempre garantiza tener un capital mayor futuro, ya que hay formas de ahorro que también cuestan dinero.

Los activos consumen recursos

La mayoría de las personas, especialmente en nuestra cultura, prefieren tener una casa, un coche o un teléfono móvil en propiedad, con el objetivo de disponer de un mayor patrimonio que les haga más ricos. Sin embargo, a nivel contable todos ellos son activos que acaban consumiendo recursos.

Vivienda

Ser propietario es una de las aspiraciones de muchos españoles, pero este sueño tiene un precio que va más allá de su coste inicial. Por ejemplo, tener tu propia casa lleva asociados una serie de impuestos. El más conocido de ellos es el IBI, el Impuesto sobre Bienes Inmuebles, cuyo pago corresponde al propietario del inmueble en cuestión a día 1 de enero, y depende de la zona de la vivienda y de su superficie, entre otras características.

También está la tasa de basuras, un impuesto intermitente en algunas ciudades, y que depende del ayuntamiento; la tasa de agua que, aunque no es muy común, existe en algunos municipios de España; y otros como el impuesto por casa vacía, lo que se conoce como imputación de renta inmobiliaria. Además, al realizar la declaración del IRPF se han de incluir todas las viviendas en propiedad, y el disponer de una vivienda sin ocupación puede tener una retención anual.

Vehículos

El caso de los vehículos es más llamativo a nivel contable. A diferencia de un piso, cuyo valor puede oscilar con el tiempo dentro de unos rangos, el vehículo pasa a devaluarse con cada compra-venta. Nada más ser adquirido, ya ha perdido gran parte de su valor (a pesar de que el coche sea el mismo que en el expositor). La adquisición y matriculación conlleva una devaluación instantánea del 18%, más una de un 10% anual durante los seis años siguientes.

A esta pérdida de valor contable hay que sumar el mantenimiento básico y el combustible, además de la ITV y los lavados. Todo ello sin contar los gastos por contingencias como un pinchazo o un retrovisor roto. Si, además, deseamos vender el vehículo, estaremos sujetos a otros gastos como vendedores además de los que tenga el comprador.

La inversión en activos

Casi todos los activos, lo que tienes y que puedes cambiar por dinero, llevan asociados unos pasivos: los gastos anuales de los que hemos hablado previamente. Pero existe una situación en la que adquirir activos cargados de impuestos, tasas y comisiones sea una buena idea. Aquella en la que nos aporten más capital del que invertimos y nos proporcionen un beneficio.

En el primer ejemplo de este artículo se ha hablado de la aspiración a ser propietario. Y, aunque a nivel contable no parece ser muy interesante ser poseedor de dos viviendas, una de ellas puede convertirse en una fuente de ingresos si somos nosotros los que la alquilamos.

Ocurre lo mismo con los vehículos. Las compañías de renting obtienen beneficio porque consiguen superar con lo recaudado el pasivo que demanda su flota de vehículos. Han convertido sus activos en una inversión, algo que no suele ocurrir a nivel particular.

Alternativas a ser propietarios

Para casi todas las posesiones cuyo coste es significativo (vivienda, vehículo, teléfono móvil), existe una alternativa asequible que aporta flexibilidad y que elimina determinados costes fijos en los que incurrimos al poseerlos.

Para el caso de la vivienda, el alquiler es la alternativa. En lugar de poseer, pasamos a pagar una cantidad mensual por habitar una casa. Esto no significa que eliminemos los gastos previos, ya que el dueño tendrá que pagarlos con nuestro alquiler, e incluso obtener un beneficio. Sin embargo, el alquiler no nos ata a unos gastos fijos hasta que vendamos la propiedad. Aporta la flexibilidad de poder elegir dónde vivimos, y cambiar a una vivienda más económica de un mes a otro. Y tanto si la familia crece como si los hijos se independizan, podremos cambiar a opciones que se ajusten más a nuestro modo de vida.

Con respecto al vehículo propio, hay muchas opciones en el mercado. Por supuesto, la más asequible y saludable es el uso de las piernas para moverse, o incluso la inversión en una bicicleta. Sin embargo, esto no siempre es posible, por lo que debemos contemplar otras opciones.

Por ejemplo, el uso del transporte público para nuestros desplazamientos teniendo en cuenta cuándo nos saldrá rentable en lugar de otros sistemas. Por último, siempre tenemos la opción de alquilar un vehículo, o incluso compartir los gastos con alguien que realice nuestro mismo trayecto. Al igual que ocurre con la vivienda, el vehículo seguirá teniendo los costes fijos de mantenimiento, y el propietario nos los trasladará. Sin embargo, con un vehículo de alquiler podemos decidir cuándo usarlo y cuándo cambiar de transporte. No nos vemos obligados a pagar hasta deshacernos del activo.

En España, la posibilidad del alquiler saltó a la telefonía móvil a finales del año pasado. Ahora ya es posible usar un terminal de leasing en lugar de uno propio para mantener actualizado nuestro teléfono móvil.

En definitiva, utilizar nuestros ahorros para invertir en un producto no siempre es la mejor alternativa. En todo caso, conviene buscar aquellas opciones que consuman menos recursos, bien sea porque los impuestos son más bajos o las comisiones más reducidas.

Imagen | Cindy Tang

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