Si calculas cuánto gastas en ir a trabajar te vas a sorprender. Así lo hemos hecho y estos son los resultados

En la antigüedad, las retribuciones que recibían los soldados romanos por los servicios prestados se realizaban mediante pagos en sal, la cual a su vez valía su peso en oro, dado que era el único producto que servía para conservar la carne, en salazón. Hoy en día los pagos se realizan en dinero cuya unidad de cuenta es la moneda de curso legal (en nuestro caso, el euro), pero utilizamos aún la palabra salario para definir esta retribución. Nuestro trabajo nos proporciona un ingreso o salario con el que poder satisfacer nuestras necesidades e, incluso, darnos algún que otro capricho.

Sin embargo, cuando hablamos de nuestro salario, hablamos de cuánto ganamos en términos brutos. Y no me estoy refiriendo al importe recibido sin recibir las correspondientes retenciones fiscales ni las cotizaciones a la Seguridad Social, sino el dinero que ganamos sin descontar los gastos en los que tenemos que incurrir para trabajar. Unos gastos que nunca solemos tener en cuenta pero que, sin embargo, te sorprenderá su cuantía si te tomas la molestia de realizar el cálculo. 

¿Cuánto cuesta desplazarme hasta mi lugar de trabajo?

La mayoría de oficios requieren presencia física en el lugar de trabajo y esta exigencia implica el correspondiente desplazamiento desde nuestra casa hasta la oficina o centro donde se desarrolla la actividad correspondiente, además de un segundo desplazamiento para regresar a casa. En total, dos desplazamientos diarios que conllevan un gasto importante en gasolina y en desgaste del coche, y que dependerán de la distancia que exista de casa al trabajo y del trabajo a casa y del medio de transporte escogido, y que nadie nos paga puesto que, por lo general, no está incluido en nuestro salario.

Pongamos, por ejemplo, que nuestro trabajo está a 25 kilómetros de la puerta de nuestra casa. Para llegar al trabajo tendremos que realizar 50 kilómetros todos los días, o 250 kilómetros cada semana, suponiendo que trabajemos cinco días a la semana, o 1000 kilómetros al mes. Suponiendo que el consumo medio de nuestro vehículo sea de 8 litros  a los 100 kilómetros y que el precio de la gasolina sea de 1,50 euros por litro (para simplificar y facilitar el cálculo), gastaremos 30 euros a la semana en gasolina para llegar a nuestro trabajo, o lo que es lo mismo, 120 euros al mes.

Si a ello le sumamos el desgaste natural que cualquier vehículo sufre al ser utilizado, el coste aumenta de manera considerable. Si suponemos que las ruedas aguantan 30.000 kilómetros, que es el único uso que le hacemos al coche y que el coste de cada rueda es de 150 euros, tardaremos unos dos años en cambiar las cuatro ruedas; en total, 600 euros cada dos años, y si distribuimos el coste de forma mensual tendremos que añadir otros 25 euros a la cantidad previamente calculada.

Pero, además, los coches suelen pasar revisiones periódicas cada 15.000 kilómetros o seis meses, aproximadamente. Si suponemos que realizamos dos revisiones anuales a un precio de 200 euros por revisión, el coste mensual prorrateado que tendremos que hacer frente será de unos 33 euros. En total, el desplazamiento al trabajo ha supuesto un coste aproximado de 180 euros al mes. Todo ello sin contar el necesario desembolso que ha supuesto la adquisición del vehículo puesto que, en muchos casos, el trabajo ha constituido la única razón para su compra.

¿Y si prescindimos del transporte privado? Sin contar que, en bastantes ocasiones, no hay forma de llegar hasta nuestro puesto de trabajo si no es con un vehículo propio, el transporte público no nos sale mucho más económico. El taxi puede suponer un coste de 10 euros por desplazamiento (20 euros diarios), lo que constituye una suma de, aproximadamente, 400 euros mensuales, muy por encima del coste del transporte en automóvil propio. Aún así, el taxi puede, en ocasiones, compensar.

Si optamos por la opción más económica, el autobús, metro y, en general, cualquier otro medio de transporte público, puede que sí notemos un cierto ahorro. Si suponemos que el precio por trayecto del autobús o del metro es de 1,50 euros, el coste mensual total sería de 60 euros. Sin embargo, en este caso tendremos que tener en cuenta también el coste por desgaste de las zapatillas que, a pesar de que se obvia en el 100% de ocasiones, constituye un coste del que no nos tendremos que preocupar si utilizamos un medio de transporte privado.

¿Me da tiempo a comer en casa?

En la actualidad, la mayor parte de los trabajos tienen jornada partida. Esto quiere decir que los empleados tienen que trabajar tanto por la mañana como por la tarde con un lapso de tiempo determinado para comer, que variará e función de las necesidades de la empresa. Ante esta situación se nos plantea una nuevo gasto: el de la comida.

Si optamos por comer en casa, tendremos que multiplicar el gasto del vehículo calculado en el ejemplo anterior por dos. Es decir, para una distancia de 25 kilómetros gastaremos 360 euros mensuales solo en gasolina y en desgaste del vehículo. Por este motivo, y sobre todo para los empleados que tienen que realizar desplazamientos más largos, es más interesante comer cerca del lugar de trabajo (o, incluso, en el mismo centro de trabajo).

De hecho, son muchas las empresas que pagan la comida en sus empleados mediante tickets de comida o pasándolo por gastos. En este caso, existen multitud de restaurantes que aceptan este tipo de vales como medios de pago, en los cuales los empleados pueden comer sin coste adicional para ellos, puesto que ya va incluido en el importe del ticket. Sin embargo, aquellos empleados cuyas empresas no les proporcionen tickets restaurant tendrán que hacer frente a un coste extra por comida que podemos cuantificar en 10 euros diarios, 40 euros semanales (suponiendo que los viernes no come en el trabajo) o 160 euros mensuales. No obstante, existe una alternativa a este gasto que es llevar el tupper al trabajo o un bocadillo, alternativa que cada día está más de moda.

Resto de gastos: a cuidar nuestro bolsillo

Existen, asismismo, otros gastos que, aun no suponiendo el grueso de costes para el empleado, constituyen una salida de dinero que debemos tener en cuenta. ¿Quién no es el empleado que no se ha tomado un pincho de tortilla a media mañana? ¿O el que no se toma tres, cuatro o incluso cinco cafés diarios? Todos estos consumos cuentan ya que a fin de mes nuestro bolsillo y nuestra cuenta bancaria se ven reducidas de forma considerable.

Si cuantificamos este coste podemos, de nuevo, llevarnos una sorpresa. Para un gasto de, pongamos, cinco euros diarios en gastos variados, tendremos un coste semanal de 25 euros, o un coste mensual de otros cien euros. Hay que decir, no obstante, que este gasto podría ser similar si no estuviésemos en el trabajo. No obstante, al fin y al cabo ese gasto se realiza en el trabajo y, por este motivo, lo tenemos en cuenta.

En definitiva, un empleado normal que viva a 25 kilómetros de su trabajo, con un utilitario normal que consuma 8 litros a los 100 kilómetros, que tenga que comer cuatro días a la semana fuera de casa (y su empresa no se lo pague) y que tenga un gasto normal en cafés y demás productos de consumo, acabará gastando unos 450 euros al mes solo en conceptos relacionados directamente con el trabajo. Si no controlamos este gasto, trabajar nos puede salir muy caro.

Imagen |  mzacha

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