Siete actitudes que permiten distinguir a un ahorrador

Las personas ahorradoras tienen patrones bien definidos, y actúan de un modo diferente a las que no lo son. Al igual que un deportista tiene una serie de hábitos saludables que repercuten en que sea catalogado como tal, un ahorrador sigue unas pautas de comportamiento que le permiten disponer de más capital a final de mes.

Hoy vamos a revisar siete actitudes que permiten distinguir a un ahorrador de un no ahorrador.

Un ahorrador se marca una meta

Es muy complicado conseguir ahorrar si no tenemos una meta: 200, 2.000, 200.000 euros… Si no marcamos un objetivo a largo plazo es muy complicado alcanzarlo, porque no trabajamos para que se haga realidad. El primer paso para ahorrar es querer ahorrar.

El ahorrador sabe cuánto ahorra al mes

Y no solo eso. Sabe cuánto ingresa, cuánto gasta, en qué, y cómo ha ido cambiando eso a lo largo del tiempo. Un ahorrador tiene control sobre su economía, porque conoce perfectamente cómo ha evolucionado su presupuesto a lo largo del año.

Así, es capaz de saber cuánto dinero tiene disponible para los regalos de Navidad, mientras que el resto simplemente echará mano del dinero que tiene en la cuenta, sin plantearse que puede estar usando su colchón de seguridad.

Para saber cuánto dinero se ahorra al mes solo hay que restar lo que gastamos a lo que ingresamos. Es decir, basta con llevar una contabilidad sencilla, apuntando lo que entra y lo que sale de nuestra cuenta corriente.

Si, además, añadimos alguna información de valor, catalogando según diferentes categorías (hogar, ocio, coche,…), tendremos un robusto sistema que nos informará de en qué nos gastamos el dinero y de dónde podemos ahorrar el siguiente mes. Tendremos un presupuesto, el mejor instrumento para el control de nuestros ingresos y gastos.

Un ahorrador es ahorrador todos los días

Un deportista hace deporte de manera regular, y pocos lo dudan porque se le nota: es más vital, tiene más energía, su aspecto físico ha mejorado. Si solo hace deporte de manera ocasional, lo catalogamos como no deportista.

Con el ahorro pasa exactamente lo mismo. Un ahorrador es ahorrador todos los días, vigila su contabilidad a lo largo de la semana, informándose de las ofertas en su supermercado, estudiando los precios y tomando decisiones razonadas. Para mentalizarse y actuar como un ahorrador hay que entrenar al igual que lo hace un deportista. Al final, es un hábito que puede ser aprendido.

Un ahorrador sabe decir “no” a una oferta

Cuando a un ahorrador le pones una oferta delante, medita previamente si le interesa o si existe alternativa antes de aceptar. Tras estudiarla, si a un ahorrador no le convence o se da cuenta de que no tiene suficientes datos, dirá “no” a la oferta. Hay que aprender a decir “no” si no queremos que se descuadre nuestro presupuesto.

El ahorrador dispone para ello de una serie de trucos o habilidades, como puede ser el de dejar pasar un tiempo antes de hacer la compra (y descubrir que no la necesitaba), evitar las ofertas comerciales o investigar el mercado antes de hacer cualquier compra.

Por ejemplo, ante un chicle que se vende en paquetes de 10 y 50 unidades, ¿alguna vez te has planteado calcular lo que cuesta la unidad? Un ahorrador, siempre.

Un ahorrador piensa en el largo plazo

“Cuatro euros cada dos días son 730 euros anuales” es un pensamiento a largo plazo, y es que un pequeño esfuerzo diario, repetido durante el tiempo suficiente, hará crecer nuestra cuenta corriente poco a poco.

Más importante que esforzarse mucho o poco en ahorrar, el objetivo radica en conseguirlo semana tras semana. Un ahorrador es tan ahorrador si consigue guardar 40 euros mensuales como 500. Lo que de verdad cuenta es que efectivamente se haga. 

Esta meta también puede ser a 30 o 40 años vista, y se llama plan de pensiones. Muchos ahorradores optan por abrir un plan de pensiones para ayudarles a comprometerse con el ahorro de cara a su futuro.

El ahorrador tiene su propia percepción del dinero

En el estudio “Percepción del dinero y comportamiento económico”, de la Universidad de Chile, se pudieron diferenciar dos ideologías monetarias muy marcadas. Mientras que para un ahorrador el dinero es un medio de subsistencia, un útil o herramienta, para una persona endeudada el dinero está relacionado con la satisfacción, el disfrute y el control sobre elementos externos.

Es decir, ayuda a ser mejor ahorrador el comprender que el dinero no es un fin en sí mismo, sino una herramienta que posibilita la resolución de nuestras necesidades. La economía es un mecanismo universal por el cual intercambiamos el valor de nuestro trabajo por dinero y, este, por el valor del trabajo de otras personas.

El ahorrador busca tranquilidad y libertad financiera

El ahorrador tiene un objetivo más allá del haber ahorrado una cantidad de dinero, y tiene que ver con todo lo mencionado con anterioridad. La persona que ahorra sabe que el dinero es una herramienta que puede usar para suplir una serie de necesidades, y por ello se esfuerza día a día para cumplir con su meta semanal, mensual o anual.

El objetivo real del ahorrador es tener menos preocupaciones futuras. Cuando dispones de capital ahorrado tomas mejores decisiones en tu vida, debido a que no es necesario precipitarse en decisiones económicas que podrían ocasionarnos inconvenientes futuros. Por ejemplo, un ahorrador buscará la mejor hipoteca del mercado mientras paga un alquiler antes de decidirse a comprar.

Para convertirnos en ahorradores (y disponer en un futuro de esta tranquilidad soñada) lo primero que debemos hacer es cambiar nuestros hábitos de comportamiento, inspirándonos en los de aquellos que han logrado ese objetivo.

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Imagen | Kevin Schmitz

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