¿Síndrome postvacacional? Siete técnicas de gurús del coaching para hacer más llevadera la vuelta a la rutina

Nos damos la vuelta, el sol pica. Nos encontramos plácidamente tumbados en una playa.  Todo sería perfecto si no fuese porque nuestra cabeza se encuentra ya en el día siguiente (lunes) y en la vuelta a la rutina. La espada de Damocles pende sobre nuestra cabeza a tan solo unas horas y entramos en la fase de negación, la de no querer volver de las vacaciones.

Es el principio del llamado síndrome postvacacional que, aunque hace referencia a lo que ocurre después del relax de las vacaciones, empieza un poco antes. Para poder protegernos de este síndrome primero tenemos que saber qué es el síndrome postvacacional, qué lo causa y cómo se manifiesta.

Qué es el síndrome postvacacional

La universidad de Navarra dice del síndrome postvacacional que es una mala adaptación a la vida activa, entendiéndose la vida activa como la que solemos tener en épocas distintas a las de las vacaciones. “Cuando este proceso de adaptación fracasa, entonces se generan una serie de molestias, pero que no pueden catalogarse como enfermedad”. Al menos eso dice la OMS, quien no ha reconocido aún este malestar como tal, sino como un proceso natural de adaptación entre las vacaciones y las jornadas del día a día.

Este síndrome, que se caracteriza de manera general como una desidia y falta de ánimo, es muy difícil de clasificar dado que no tiene un esquema estándar. Mientras que a algunas personas les cuesta coger el sueño, otras ven disminuida su atención en el trabajo o incluso se ven en situaciones de bloqueo en algo tan corriente como organizar las tareas del hogar.

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Aunque es más frecuente en entornos laborales, este síndrome también afecta en el entorno familiar y existen situaciones que parecen potenciarlo. Situaciones como “vacaciones largas, agotadoras o durante las que no se descansa adecuadamente” y “adaptación insuficiente al ámbito laboral, presente incluso antes de las vacaciones” unido a “falta de motivación laboral” según la Universidad de Navarra.

Esto parece dar a entender que los dos grandes focos de síndrome postvacacional tienen su origen en el trabajo, o incluso en las propias vacaciones. No obstante, hay personas cuya crisis postvacacional ha venido por parte de ocuparse de una mascota, organizar una boda o buscar coche, siempre en el marco de la vuelta de las vacaciones. Pero, ¿cómo superar el síndrome postvacacional?

¿Cómo superar el síndrome postvacacional?

Hemos visto que hay dos puntos importantes que suelen coincidir en este síndrome postvacacional: las vacaciones y la vuelta a la rutina. Es por ello que Raquel Larena, directora del departamento de marketing y comunicación de Randstad (una empresa experta en personas), afirma que “conviene repartir el periodo de asueto durante todo el año y no disfrutarlo en un único mes. Esto no solo nos ayudará a evitar el síndrome, sino que también nos permitirá descansar en diferentes momentos del curso, fomentando un nivel más saludable de energía”.

Lo que Raquel Larena propone es repartir esta adaptación al día a día a lo largo del año. La vuelta a la rutina es dura, sobre todo tras unas agotadoras vacaciones con niños, pero se vuelve más fácil si la repartimos en varios meses al año.

También en el mismo aspecto, Joan Marc Dolcet, psicólogo del Hospital Santa María de Lleida, aconsejano volver del viaje hoy y acudir al trabajo mañana. Para muchas personas, la vuelta al trabajo y las responsabilidades familiares que ello implica son las causas del síndrome postvacacional. Estableciendo un pequeño periodo de adaptación a la rutina y dedicándonos primero al ámbito familiar y luego al laboral (tras unos cuantos días), podremos disminuir el impacto que la combinación de ambos hechos tenga sobre nosotros.

Desde Adecco, Nekane Rodríguez propone asumir el regreso a la normalidad de manera paulatina: “al proponernos retos a corto plazo nos ilusionamos con el día a día y nos planteamos obligaciones que tenemos que resolver”. Desde poner una lavadora hasta cumplimentar un informe de ventas o salir a comprar al supermercado, cada pequeña tarea puede considerarse un pequeño reto personal.

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Proponerse pequeños retos diarios nos hará volver paulatinamente a la rutina sin agobiarnos. Algo muy recomendable es apuntar en una lista e ir tachando cada una de las actividades que vamos realizando a lo largo del día. Cuando hayamos acabado el día veremos que nuestro tiempo no ha sido improductivo, lo que siempre es fuente de motivación.

Uno de los agravantes del síndrome postvacacional es plantearnos las consecuencias del mismo, consiguiendo una espiral de desidia y falta de ganas. Juan Haro, empresario en serie y coach, trata de quitar algo de hierro a las consecuencias del síndrome postvacacional. Sí, es cierto, tenemos más posibilidades de hacer algo mal durante el período de adaptación al trabajo, pero “fracasar es bueno porque te permite intentar cosas distintas”. Enfocar las posibles consecuencias del síndrome postvacacional a futuras oportunidades es un modo de animarnos tras el periodo de relax y de tratar de relativizarlo.

Rodearnos de las personas adecuadas puede ser crucial una vez “contraído” este síndrome. Emilio Duró, motivador y coach, establece que existen personas con las que sentarse a comer puede ser contraproducente. Bernardo Stamateas trata sobre un tema similar en su libro “Gente tóxica”. Duró, en su conferencia del VI Congreso del Comercio Gallego, finge tener una conversación con una de esas personas que restan energía en vez de sumar, y es la que sigue:

– “¿Puedo comer contigo?”
– “
Tú no.”
– “Emilio, es que no me coges el móvil.”
– “No, porque sé que eres tú.”

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Los expertos coinciden en que ambientes propensos a las quejas, a las críticas no constructivas y a la desgana, no son los ideales para una persona con síndrome postvacacional, y hay personas cuyo comportamiento pasa inequívocamente por alguno de estos tres puntos, si no por todos. Por ello, tanto Duró como Stamateas nos invitan a hacernos respetuosamente a un lado y buscar cualquier otra persona con la que dialogar tras nuestras vacaciones y cuya influencia sume.

Mientras que algunos expertos aseguran que el mejor remedio para salir de este síndrome es organizarte la rutina en un calendario, otros opinan que lo ideal es precisamente lo contrario: agregar un poco de desorden a tu vida. Como en casi todo, es muy probable que la solución se halle en un cómodo punto medio que dependerá de la persona. Lo que está claro es que si tras la vuelta de las vacaciones sufrimos síndrome postvacacional y no conseguimos superarlo organizando el calendario, la mejor opción es ir liberándolo poco a poco hasta encontrar un ritmo con el que nos sintamos cómodos.

No obstante, sí que existe un punto en común con todos los expertos, y es el de ser optimistas y tener un pensamiento positivo. Tal y como opina Sergio Fernández, del Instituto de Pensamiento Positivo: “Qué idea tan extraña que para lograr la felicidad necesitamos que cambie algo ahí fuera”. En esta línea, y refiriéndose al estrés postvacacional en su programa de radio, hacía alusión a los jefes, a la economía, al vecino… a ese cúmulo de situaciones de las que solemos librarnos en verano y que usamos como excusa perfecta para nuestro síndrome postvacacional. El punto de vista de Sergio Fernández es que el síndrome postvacacional “solo se puede afrontar de dentro a fuera”, y que no merece la pena superarlo de otro modo.

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