¿Te van los retos? Ahorrar energía con un smartphone es difícil, pero no imposible

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Si estamos de acuerdo en que el gran ahorro se divide en pequeños ahorros que suman, la idea de la energía perdida o ahorrada viene por el mismo camino. Tal y como vimos en su día, los consumidores de energía del hogar son muy diversos. A algunos no les prestamos demasiada atención, pero también cuentan a la hora de pagar el recibo de la luz, así que vale la pena tenerlos presentes.

Nokia estima que si tan sólo el 10 % de los usuarios de teléfono móvil se acostumbraran a desconectar el cargador cuando no lo están utilizando, se ahorraría energía suficiente para dar luz a 60.000 casas. Electrizante, ¿verdad? Cargar un teléfono móvil consume energía, y cuantas más veces tengamos que recargar su batería, más energía consumiremos. Para evitar que la batería se nos caiga cada dos por tres hay algunas pautas que nos pueden venir bien.

De entrada, una apreciación. Tenemos la sensación de que hoy la carga de la batería dura menos que nunca. En parte eso es así por la cantidad de prestaciones que nos dan los teléfonos actuales, pero también por nuestras exigencias con sus características. De hecho, según experimentó la OCU en una comparativa con 38 teléfonos distintos, la batería se agota por su uso cotidiano, ni más ni menos.

Pero como esa afirmación raya la perogrullada, vamos a complementarla con el consumo que hacemos cuando realizamos algunas actividades del día a día, siempre según los cálculos de la OCU:

Por cada…Consumimos…
... minuto de llamada de voz... 77 minutos de batería máxima
... minuto de conexión a internet... 134 minutos de batería máxima
... minuto de música que escuchamos... 17 minutos de batería máxima
... minuto de GPS con Google Maps... 134 minutos de batería máxima

En esa comparativa se vio también que en un solo día de uso cotidiano se consumen 22.000 minutos de batería máxima. Si la duración media de una batería de smartphone es de 28.000 minutos, tenemos que una batería sometida a consumo cotidiano apenas dura un día y medio, un dato que cuadra con la percepción que tenemos y que es más generoso que lo que se ve en esta otra comparativa en detalle que publicó Xataka Móvil la semana pasada. Pese a esto, hay algunos trucos para estirar la batería.

Claves para el ahorro de la batería del móvil

La clave del ahorro está en reducir los pequeños consumos, esos que pasan desapercibidos pero que van haciendo mella en la carga de la batería de nuestro teléfono.

La pantalla supone un importante consumo de energía, y más cuando es táctil, así que lo primero es establecer que, por lo general, una pantalla grande consumirá más batería que una pantalla pequeña. Pero como esta variable sólo la podemos controlar a la hora de comprar el teléfono, vamos a ver qué podemos hacer con lo que ya tenemos. Atenuar el brillo de la pantalla siempre que sea posible, acortar tanto como podamos el tiempo que pasa entre que dejamos de interactuar con el teléfono y se oscurece la pantalla, y evitar el uso de animaciones son tres claves fundamentales para ahorrar batería.

Las conexiones son el segundo escollo contra el que topa la duración de la batería. Hoy en día, los smartphones se conectan constantemente para actualizar todo tipo de datos, y vale la pena preguntarse si eso es necesario. El Bluetooth, si no lo estamos utilizando, se puede apagar. Lo mismo, por lo que respecta al wi-fi. Y especialmente se puede prescindir del GPS, que no es más que una unidad de radio que se pasa el día enviando y recibiendo señal a satélites para triangularizar la posición del teléfono en la Tierra. Si no lo necesitamos y lo desconectamos, la batería lo agradecerá.

Claro, que hay muchas aplicaciones que utilizan estos servicios. Y, tal y como sucede con el software de los ordenadores personales, muchas de esas aplicaciones se mantienen en marcha (y consumen recursos de memoria y también energéticos) cuando pensamos que están cerradas. Asegurémonos de que realmente las tenemos “cerradas”, y no simplemente “minimizadas”. El modo multitarea es atractivo, pero consume batería a varios niveles: el principal, en cuanto a la energía que necesita la aplicación para operar en segundo plano; y el secundario, que puede darse o no, el uso que haga la aplicación minimizada sobre las conexiones.

Un ejemplo claro de este tipo de aplicaciones corresponde a los programas de mensajería instantánea y de redes sociales. Llevar en marcha todo el día programas que actualizan el estado supone tener abierta una conexión que va mermando la energía de la batería. Si, por ejemplo, prevemos que vamos a conducir y que por tanto no podremos estar pendientes del último tweet de nuestros contactos o de si recibimos un whatsapp… ¿por qué mantener las aplicaciones y las conexiones en marcha? Aún más, si en vez de dejar que el terminal actualice el estado de forma automática usamos la sincronización manual de datos, controlaremos mejor el uso que hace el móvil de la energía.

Entre las aplicaciones de mayor exigencia para la batería, están los juegos, los vídeos y la edición de imágenes. En el caso de los juegos, hay que tener en cuenta los anuncios encubiertos, y en este sentido podemos pensar en un reciente experimento universitario que reveló que el popular juego Angry Birds consumía hacia el 75 % de la energía en módulos de publicidad, frente al 25 % que se usaba para que funcionase el juego. En estos módulos a menudo se requiere la conexión a la red para compartir información del usuario o para ofrecerle servicios desde internet.

Otro punto clave para ahorrar en la batería se encuentra en la cobertura de telefonía, sin más. Cuando transitamos por zonas de baja cobertura, la búsqueda de señal puede hacer que el consumo de energía se incremente de forma notable. Por eso, si prevemos que vamos a estar en una de esas zonas, siempre podemos poner el teléfono en modo avión y así evitar ese esfuerzo para el terminal. Además, mantendremos la energía para usar otras aplicaciones si queremos.

Las notificaciones más esenciales del smartphone también son consumidoras de energía. Por eso, conviene reducir las notificaciones al mínimo imprescindible, evitando si el teléfono lo permite que por cualquier cosa se nos pongan en marcha todo tipo de luces y ruidos. De hecho, en el sonido también podemos incidir bajando el volumen o prescindiendo del altavoz y usando unos auriculares. En materia de avisos, un elemento que hoy nos parece imprescindible a veces no lo es: el aviso por vibración consume energía cada vez que mueve el motor que permite que el teléfono se mueva, literalmente.

Otro elemento habitual en los smartphones es el flash de la cámara, que además se puede emplear como linterna con la ayuda de una simple aplicación bastante común en prácticamente todos los términales. Vale la pena plantearse si el uso que le damos justifica el consumo energético que produce. Pero como eso es difícil de cuantificar, lo dejaremos en una idea más cualitativa: reduzcamos el uso del flash siempre que eso sea posible.

Por lo demás, una batería de teléfono móvil funciona peor en condiciones de calor extremo, por lo que hay que andar con cuidado a la hora de dejar el smartphone junto a una ventana soleada o en el interior de un coche aparcado al sol. Y si toda esta batería de consejos generales se nos queda corta, siempre podemos buscar alguna aplicación para alargar la batería. Las hay disponibles para iPhone, para Android o incluso para Symbian.

En definitiva, muchos son los factores que influyen sobre el consumo de energía que realiza el teléfono móvil, y desde luego unas veces será posible minimizarlos y otras, no. En general, si nos ceñimos a la máxima de usar los recursos sólo cuando sea estrictamente necesario, ganaremos mucho. O al menos, dejaremos de gastar lo que no es imprescindible.

Foto | Nico Kaiser
En Naranja | Cuanto mejor uso demos a nuestro ordenador, más podremos ahorrar

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