Transforma tu gen ahorrador. No engordarás estas Navidades y te olvidarás de la cuesta de enero

Cenas de empresa, reuniones de amigos, Nochebuena, Navidad, Nochevieja, Año Nuevo; pavo al horno, jamón, mariscos, turrones, polvorones, roscones, cava… Estas Fiestas son todo un reto para mantener la figura, y en parte puedes culpar a tu genética de ello, pero también puedes decidir transformar tu gen ahorrador: así no engordarás estas Navidades y te olvidarás de la cuesta de enero.

La teoría del gen ahorrador la postuló por primera vez el genetista y diabetético James V. Neel en el año 1963, aunque la volvió a repostular en 1998, ya que es improbable que un gen sea el responsable del comportamiento que describe la teoría, y por lo tanto en realidad es mejor hablar de estrategia genómica y genotipo ahorrador.

Nuestro genotipo ahorrador nos hace engordar

Neel plantea que el ser humano cuenta con un genotipo ahorrador que le permite subsistir en las condiciones más extremas. Y es que aunque en el mundo occidental vivimos en la abundancia, desde el punto de vista evolutivo hemos estado luchando por nuestra supervivencia hasta ayer mismo.

Nuestro genotipo ahorrador es el responsable de que nos guste una buena carne a la brasa
Nuestro genotipo ahorrador es el responsable de que nos guste una buena carne a la brasa

La evolución del homo sapiens ha estado marcada por la escasez alimentaria, siendo la caza y la recolección las principales fuentes de subsistencia, lo que implicaba tanto un alto gasto calórico para su obtención como largos periodos de ayuno.

Es lógico pensar que la adaptación genética nos predispusiera a comer la mayor cantidad de comida posible cuando estuviera disponible, a preferir los alimentos más calóricos y a guardar todo el exceso calórico en forma de grasa para poder disponer de esas reservas en tiempos de carestía.

Nuestro genotipo aún no se ha adaptado a este último cambio de hábitos
Desafortunadamente, con tan poco tiempo, nuestro genotipo aún no se ha adaptado a este último cambio de hábitos

Como hemos comentado antes, el periodo de abundancia actual es muy reciente, insignificante evolutivamente hablando, por lo que ahora que en el mundo desarrollado el acceso a la comida no es un problema para la supervivencia de la especie y el sedentarismo es la norma, este genotipo ahorrador es el responsable de nuestra tendencia a la obesidad. Y lo hace de manera muy similar a cómo influye un Mamut en nuestras compras navideñas.

Transforma tu gen ahorrador

Es más que probable que con el tiempo la selección natural haga su trabajo, y el ser humano tenga un genotipo que no le haga volverse loco por un chuletón a la brasa que acabe formando parte de una de esas barrigas felices, pero mientras tanto, deberemos ser nosotros con nuestros hábitos de vida saludable quienes luchemos contra esa herencia genética.

Por otro lado, también podemos aprender de nuestro genotipo ahorrador e intentar aplicarlo a otros aspectos de nuestra vida. Por ejemplo, la idea de “guardar para cuando no haya” es muy buena en un ámbito ámbito económico, y no estaría nada mal que nuestro genotipo nos predispusiera a ser más ahorradores. Porque aunque actualmente podemos disponer de todo tipo de comida de forma casi inmediata, no podemos decir lo mismo de nuestras fuentes de ingresos, que como dirían nuestras madres: “el dinero no crece en los árboles”.

SI has salivado más con la primera imagen que con esta, aún no has domado a tu genotipo ahorrador
Si has salivado más con la primera imagen que con esta, aún no has domado a tu genotipo ahorrador

Incluso bajo el supuesto de que tengamos un empleo estable, es siempre recomendable disponer de un colchón de ahorros (o mejor llamarlo barriguita de ahorros), listos para ayudarnos ante cualquier eventualidad. A largo plazo, este gusto por el ahorro también nos permitirá disfrutar de una jubilación más holgada y sin preocupaciones.

Así que ahora que ya sabes que tu predilección por los dulces y las grasas es cosa del patrimonio de la humanidad, un vestigio de tiempos de escasez, puedes actuar en consecuencia, comer más sano y sin excesos, dejar de guardar calorías que nunca necesitarás y empezar a hacer crecer esa barriguita de ahorros. Así no engordarás estas Navidades y te olvidarás de la cuesta de enero.

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