Veamos qué dicen los expertos… o casi mejor no

El consejo del experto

Veamos qué dicen los expertos“ es una coletilla que hemos escuchado en innumerables ocasiones. Desde la predicción del paso de un huracán en las noticias de la tele, pasando por la previsión de voto en unas elecciones parlamentarias… hasta la esperadísima noticia del final de la muy manida crisis económica. Veamos qué dicen los expertos.

¿Qué nos aportan a cada uno de nosotros los expertos, más allá de sus conocimientos sobre la materia que dominan? ¿Nos fiamos de sus predicciones porque saben mucho de lo suyo o hay algo más, subyacente, en la costumbre de confiar en las predicciones de los expertos? Veamos qué dicen los expertos sobre este asunto.

Philip Tetlock, profesor en la Haas Business School de la Universidad de California-Berkeley, es el hombre más experto del mundo en negar la expertoduría de los expertos. Lleva casi 30 años contrastando predicciones de expertos con hechos probados, y tras analizar 82.000 registros de este tipo, pertenecientes a 300 expertos académicos, economistas, políticos y periodistas, sus conclusiones son que los expertos son peores prediciendo que un algoritmo aleatorio. Además, cuanto más experto es el experto y cuanto más lo citan en los medios, mayores resultan sus errores de predicción.

Pero como no nos vamos a fiar de este experto, vamos a ver lo que sucedió en un experimento realizado en Tailandia y Singapur con estudiantes a los que se le pidió participar en un juego de apuestas. Se trataba de lanzar una moneda a cara o cruz y apostar por el resultado en rondas de cinco lanzamientos. Para evitar suspicacias, se dijo a los estudiantes que quienes lanzarían las monedas serían estudiantes como ellos, no expertos, que podían cambiar sus monedas y que igualmente las monedas se irían rotando a cada ronda. Que se trataba de un juego absolutamente aleatorio, vamos.

Se dispusieron cinco sobres, uno por cada moneda lanzada en la ronda, y en cada uno de los sobres se escondió la predicción sobre el siguiente lanzamiento. A los participantes se les permitía consultar la predicción antes de lanzar la moneda. Eso sí, debían pagar por ver la predicción. Y si no, podían verlo gratis, pero después de que se hubiera lanzado la moneda, ya con el resultado a la vista.

Bien, pues cuando había un sobre con un acierto, aumentaba la tendencia de los estudiantes a pagar por la predicción de los siguientes lanzamientos. Y cuando se acumulaban dos, tres o cuatro aciertos en la predicción, los estudiantes tendían a aumentar la cuantía de sus apuestas. ¡En un juego aleatorio!

¿Por qué confiamos en los expertos?

Si sumamos lo que explica Tetlock con la experiencia asiática, vemos que estamos dispuestos a pagar por las predicciones de unos expertos que, al final, puede ser que no tengan en la mano una varita mágica con la que darnos la respuesta a nuestras inquietudes. Dejando atrás las monedas lanzadas en Asia, es curioso que una materia que se mueve en el largo plazo como la Economía se evalúe en ocasiones tan a corto plazo como nos muestran día tras día los expertos en los medios de comunicación.

Que si la prima de riesgo ha aumentado, que si ahora parece que baja con las palabras del presidente del Banco Central Europeo, que si la Bolsa pierde hoy y lo recupera mañana… En realidad, esas preocupaciones enmascaran otra de mayor calado, que tiene que ver con el punto de inflexión de la crisis económica. Había por ahí un dicho que resumía la solución a estos conflictos:

No te preocupes: ocúpate.

Es decir, que si en vez de estar pendientes de cómo fluctúan los indicadores y pensar en lo mal que va todo cada uno de nosotros intentamos que nuestro entorno vaya bien, quizá poco a poco y entre todos consigamos bastantes más que lo que pronostican ciertos expertos.

Pero vamos a lo que vamos. Si esto es como lo cuenta Tetlock y resulta que hay expertos que fallan por todo lo alto, ¿por qué les hacemos caso? ¿Por qué estamos dispuestos a pagarles, por ejemplo cuando salen en la tele porque tienen un libro que vender, para que nos cuenten de qué lado caerá la moneda? Quizá para explicarlo haya que esconder un poco la Economía y sacar a pasear un poco de Psicología y otro poco de Filosofía.

Sabido es que el ser humano tiende a repetir aquellos estímulos que le producen placer – por ejemplo, ganar una apuesta hecha sobre una predicción que se cumple – y a huir del dolor – por ejemplo, reconocer que haber apostado fuertemente sobre un lanzamiento de moneda en función de una predicción que no se cumplió fue una estupidez. Al final, todo es una cuestión de dopaminas y de serotonina: nos gusta más pasarlo bien que mal.

Y si tenemos un experto al que culpar de nuestras decisiones erróneas no tendremos que cargar con el peso de haber elegido mal, huiremos de ese dolor. Es decir, que fácilmente podemos confiar en alguien que nos dice cómo irán las cosas si a cambio no tenemos que pagar el precio de la equivocación. Claro, como hicimos caso de lo que decía el experto… Sería un negocio redondo si no fuera porque los expertos se equivocan en sus predicciones como cualquier hijo de vecino. ¿Qué tal sustituir esa huida del dolor por el placer de saber que elijamos lo que elijamos lo habremos hecho por nosotros mismos?

Foto | Edwart Visser
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Conversación

  • kitikrit

    tienes razón de que entramos en otro terreno si queremos investigar las causas de esa confianza en el experto. El motivo que das de que así podemos echarle la culpa a otros si la predicción no se cumple basado en un marco hedonista para mi falla de plano. Una de las cosas que distingue al animal humano es nuestra forma de vivir el deseo, que podemos atar a cualquier cosa. El fetichismo sexual consistente, por ejemplo, en la excitación que producen los zapatos de tacón, la lencería femenina, o una moto de 1100cc, es exclusivo, hasta donde me alcanza, de la especie humana.
    El hedonismo que defiende kahneman actualmente -entre otros- es perfectamente aplicable a animales en general(aun que creo que no siempre), pero desde luego no al hombre. Existe, efectivamente, un principio del placer, pero también algo que corresponde a lo que Freud llamaba ‘Todestrieb’ o impulso de muerte. Además nuestro deseo es capaz de encontrar placer en aquello que pretende regularlo, controlarlo o reprimirlo: la inglaterra victoriana y la disciplina inglesa son ejemplos de ello.
    Respecto del ejemplo que pones del papel del experto también existe una teoría freudiana al respecto, no controlo de psicoanálisis pero sé –por Zizek-que exite algo llamado el Superyó, que nos dice aquello que debemos hacer aunque no parezca algo muy razonable. Existe un experimento en psicología que literalmente pone los pelos de punta: a una persona obedece las órdenes de otra de dar descargas eléctricas a una tercera, y obedece pese a que no está de acuerdo.
    Resuminedo: lo que hacemos, nuestra conducta, depende no sólo de los placeres o dolores que potencialmente nos esperan, sino de la forma en que está constituído nuestro deseo y de lo que pensamos que los otros quieren de nosotros, de las figuras de autoridad.