Yendo al trabajo en bicicleta puedes ahorrar mucho más que gasolina

Hace unos meses os hablamos de cómo cogiendo la bici podemos ahorrar más de 1.200 euros al año gracias al dinero que dejamos de gastar en combustible, seguros, mantenimiento del vehículo o transporte público. Sin embargo, yendo al trabajo en bicicleta podemos ahorrar mucho más que todo eso, porque tiene un impacto directo sobre el bienestar de la ciudad.

Las grandes urbes adolecen generalmente de una serie de problemas endémicos: baja calidad del aire, contaminación acústica y lumínica, tráfico, falta de zonas verdes y peatonales… Algunos de estos problemas se pueden mejorar con una planificación urbana adecuada, un buen transporte público o el uso del coche eléctrico, pero es el uso generalizado de la bicicleta como medio de transporte el que aporta grandes beneficios a la vida urbana.

Esto es todo lo que hace la bici nos hace ahorrar

Ahorramos en salud

Aunque varía mucho en función de su consumo, un coche produce entre 700 y 1.300 kilos de CO2 al año. Y eso es solo teniendo en cuenta el gasto en combustible, ignorando la gran huella de carbono que conlleva su fabricación. Una bicicleta, como podéis imaginar, no emite gas alguno y cuesta mucho menos de fabricar.

La consecuencia directa de esta reducción en las emisiones es un aire más limpio en las ciudades. Valga como ejemplo la ciudad de Sevilla, que desde el año 2006 al año 2012 logró mejorar en un 30% la calidad del aire solo con un aumento del uso de la bicicleta del un marginal 0,5% al 7% de todos los desplazamientos urbanos.

Esta mejora en la calidad del aire tiene un impacto directo en nuestra salud, especialmente en lo relacionado con enfermedades y complicaciones respiratorias, lo que además de afectar a nuestro bienestar, tiene un coste significativo para el servicio de salud pública e, indirectamente, en los impuestos que pagamos.

Ahorramos tiempo

No es solo que la bicicleta ayude a reducir el tráfico porque necesita mucho menos espacio para circular, algo que salta a la vista. Resulta que, además, la bicicleta es más rápida que el coche.

Según un estudio realizado por el Massachusetts Institute of Technology (MIT) en la ciudad de Lyon, durante la hora punta los ciclistas lograron pedalear a 15km/h de media, muy superior a los 10km/h que es la velocidad media a la que circulan los vehículos por la ciudad. Eso, sin tener en cuenta el tiempo que se pierde buscando aparcamiento para el coche, y que además provoca el 30% de los atascos.

Ahorramos espacio urbano

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En el sitio donde aparca un coche, que normalmente utilizan una o como mucho dos personas para ir a trabajar, se pueden aparcar hasta 20 bicicletas. Es decir, que el uso de la bicicleta no roba espacio urbano, sino que lo libera, ya que lo que ocupan los carriles bici se compensa con creces gracias al menor espacio necesario tanto para rodar como para aparcar.

Como broche, existen también soluciones innovadoras para mitigar un posible exceso de bicis aparcadas, algo que ocurre en ciudades con gran tradición ciclista como Amsterdam. Como ejemplo, los parkings subterráneos para bicicletas: automáticos y mucho más racionales en el uso del espacio.

El asunto del espacio y la planificación urbana es un punto muy importante que abordaremos luego: actualmente las ciudades están diseñadas para el coche. Si tenemos en cuenta zonas de aparcamiento y de circulación, llegan a ocupar el 40% de todo el espacio urbano. Eso condiciona el urbanismo, que acaba reduciendo las zonas dedicadas al peatón y al ciclista, dando lugar a ciudades que son junglas de asfalto.

Ahorramos ruido

Motores, cláxons, tubos de escape, ruido de rodadura… Los coches son máquinas de hacer ruidos de todo tipo, algo que podéis comprobar con solo abrir la ventana de vuestra casa, y a veces no hace falta ni abrirla. No en vano el transporte motorizado es responsable del 80% de la contaminación acústica en las ciudades. La bicicleta, sin embargo, apenas hace ruido alguno, salvo alguna nota aguda de un timbrazo de cuando en cuando.

Ayudamos al pequeño y mediano negocio

Aunque es un beneficio secundario para la ciudad, el uso de la bicicleta ayuda al pequeño y mediano negocio. Al mantener nuestros viajes más cortos y poder detenernos frente a cualquier tienda que pasemos, se fomentan los negocios de barrio.

Ahorramos todo tipo de energía

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Resulta que ir en bicicleta es incluso más eficientemente energéticamente que andar. Un ciclista gasta aproximadamente 80 calorías para recorrer cinco kilómetros, el equivalente a la energía que proporciona un huevo, mientras que para recorrer la misma distancia andando necesitaríamos comer tres huevos.

Sin embargo, esto no es nada comparado con realizar el mismo trayecto en automóvil: si fuéramos en coche, haría falta el equivalente a 46 huevos de energía, y además estaríamos quemando combustibles fósiles y no un rico desayuno.

Ahorramos accidentes

Si bien existe el mito de que ir en bicicleta por ciudad no es seguro, los datos muestran lo contrario. A pesar de que según el Barómetro de la Bicicleta, más de tres millones de personas utilizan la bicicleta a diario, en 2013 se produjeron únicamente 24 fallecidos en vías urbanas y 349 heridos graves. Es decir, que al año fallecen ocho personas por cada millón de desplazamientos diarios en bicicleta.

Son cifras ligeramente mayores que en 2012 (19 fallecidos, 268 heridos graves) debido al exponencial aumento del uso de la bicicleta, pero muy alejadas de los 426 fallecidos en vías urbanas provocados por el resto del parque móvil.

Aun suponiendo que cada día se usaran en ciudad los 32 millones de vehículos del parque móvil español, algo poco plausible, la probabilidad de un accidente mortal es casi el doble (13 fallecidos por cada millón de desplazamientos diarios). Sin embargo, si suponemos que se realizan 10 millones de desplazamientos urbanos diarios en coche (algo más lógico), esa probabilidad ascendería a 42 fallecidos por cada millón de desplazamientos, cinco veces más que en los desplazamientos en bicicleta.

Todos estos que hemos enumerado son solo beneficios directos para la ciudad, que también nos benefician indirectamente, porque somos quienes la habitamos, pero tampoco hay que olvidar que, además, la bicicleta es también muy buena para quien la conduce. Ayuda a llevar una vida sana, controlando nuestro peso, mejorando nuestra salud mental y prolongando nuestra esperanza de vida.

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