¿Cómo puede un tranvía influir en la responsabilidad social de tu empresa?

Cuando hablamos de la toma de decisiones en la empresa fácilmente podemos pensar en la dificultad de acertar o no acertar con lo que hacemos, en los costes que nos acarrearán los resultados de nuestras decisiones, etcétera. Y también podemos introducir una variable que es la responsabilidad social y que, quizá, determine en parte las respuestas a esas otras inquietudes que nos vienen primero a la cabeza.

La toma de decisiones es un proceso por el cual elegimos de forma racional la que consideramos como mejor opción frente a otras que descartamos. Y la toma de decisiones en la empresa es eso mismo, pero adaptado a las grandes áreas de la empresa: Financiación; Investigación, desarrollo e innovación; Producción; Comercialización; Administración; Recursos humanos. En este escenario, ¿cuándo entra en acción el tranvía que vemos en el título? Pues lo cierto es que eso depende de cada uno de nosotros y del sentido de la responsabilidad social que le demos a nuestra empresa.

El dilema del tranvía y la toma de decisiones en la empresa

El dilema del tranvía es un planteamiento filosófico ideado por Philippa Foot que abunda en los aspectos éticos de la toma de decisiones. Dice así:

Un tranvía corre fuera de control por una vía. En su camino se encuentran cinco personas que han sido atadas a la vía por un filósofo malvado. Afortunadamente, tú puedes accionar un botón que hará que el tranvía pase por una vía diferente aunque, por desgracia, hay otra persona atada a esta otra vía. ¿Deberías pulsar ese botón?

Si recurrimos a un planteamiento utilitarista, lo más probable es que consideremos que uno es menos que cinco, que esos cinco valen más que uno, y que por lo tanto debemos sacrificar a una persona para salvar a las otras cinco. “Nos hemos visto obligados a hacerlo así”, acabaremos diciendo, con un cierto ánimo de creer que hemos actuado de la forma menos incorrecta posible.

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Los paralelismos con la toma de decisiones en la empresa pueden ser tantos como queramos buscar: invertir en uno u otro sector, planificar una política de contrataciones, priorizar unas fábricas sobre otras… Es posible que estas decisiones las tomemos como quien cambia el tranvía de una vía a otra para que corra por el menos malo de los escenarios posibles, dadas las circunstancias. Y este cliché marcado en cursiva ya nos da una pista sobre el dilema moral que hemos tenido que afrontar y salvar. En el fondo, se trata de una revisión del concepto del coste de oportunidad, pero restándole la dimensión más numérica y aportándole un toque más filosófico.

Lo cierto es que toda toma de decisiones en la empresa conlleva unas consecuencias para la sociedad. Y en función de cómo nos planteemos esas consecuencias, podremos modular nuestras decisiones. Dándole una vuelta al dilema del tranvía, la filósofa Judith Jarvis Thomson propone el siguiente replanteamiento:

Un tranvía corre fuera de control por una vía. En su camino se encuentran cinco personas que han sido atadas a la vía por un filósofo malvado. Tú estás viendo la situación desde un puente que pasa sobre la vía, y puedes salvar a esas personas si arrojas un gran peso en mitad del camino del tranvía. Mientras andas pensando qué hacer, te das cuenta de que a tu lado se halla un hombre gordo; de esta forma, la única manera de detener el tranvía y salvar a las cinco personas consiste en arrojar al hombre gordo del puente a la vía. ¿Qué deberías hacer?

Dejando al margen que aquí el verdadero filósofo malvado es la malvada filósofa que plantea estas disquisiciones tan capciosas, si atendemos al dilema moral que plantea nos damos cuenta de hasta qué punto el utilitarismo nos empujará a tirar al señor por el puente, con tal de salvar a quien sea. O no. Y aquí es donde comenzamos a ver claro que nuestras decisiones tienen consecuencias sobre personas que, en principio, no formaban parte de la ecuación. Ese es el verdadero sentido de la responsabilidad social que tiene una empresa.

La toma de decisiones en la empresa a menudo tiene consecuencias fuera de la empresa

toma de decisiones en la empresa - responsabilidad social corporativa

Cuando decidimos que cinco vale más que uno, y desviamos el tranvía de su rumbo presionando un botón, estamos asumiendo que hacemos lo menos incorrecto dadas las circunstancias internas de la empresa (las seis personas del primer dilema forman parte de nuestro escenario), pero no atendemos a las repercusiones que conllevarán nuestras decisiones fuera de nuestra empresa (pensemos que el “hombre gordo” que Judith Jarvis Thomson sitúa junto a nosotros, en lo alto del puente, no forma parte de nuestro problema: sólo pasaba por allí).

El “hombre gordo” del puente sirve para poner cara a esa parte de la sociedad que vive las consecuencias de las decisiones empresariales que tomamos. Cuando una fábrica se establece en una zona, esa zona se beneficia por la decisión de los directivos de establecerse allí, y no en otro lugar. Cuando una empresa decide reducir su huella energética, cuando decide destinar parte de sus beneficios a ayudar a los demás, cuando… Aquí los ejemplos también son innumerables, y están todos unidos por una misma idea: la empresa que decide con sentido de la responsabilidad social, no sólo tiene en cuenta a sus trabajadores, sino a todo aquello que la rodea.

Y es cuando los trabajadores de esa empresa deciden con ese sentido de la responsabilidad social, que la toma de decisiones en la empresa beneficia de forma directa o indirecta a los mismos trabajadores, a la empresa en su conjunto y… al “hombre gordo” que pasaba por allí y al que normalmente llamamos sociedad.

 

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