Cómo saber si tu empresa ha sucumbido al principio de Peter

Seguro que todos habéis escuchado el principio de Peter. Enunciado por el Doctor Laurence J Peter en septiembre de 1960 y título de un libro publicado a finales de esa misma década, es tan hilarante como acertado:

En una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia

Su teoría, que explica de forma satírica en el mencionado libro, se basa en un axioma bastante demoledor: dentro de una empresa, es lógico que cualquier empleado competente vaya ascendiendo puestos, hasta que llegue un momento en el que ya no sea capaz de desarrollar su tarea competentemente, y no vuelva a ser ascendido, quedándose eternamente en un puesto de incompetencia.

Más demoledor es si cabe el corolario de Peter, que no es más que la extensión en el tiempo del principio de Peter:

Con el tiempo, todo puesto de una jerarquía tiende a ser ocupado por un empleado que es incompetente para desempeñar sus obligaciones

Aunque matiza que no es habitual encontrarse jerarquías de este tipo, y que normalmente la compañía funciona porque “el trabajo es realizado por aquellos empleados que no han alcanzado todavía su nivel de incompetencia”.

Os recomiendo encarecidamente la lectura del libro, incluso si no os apasiona la gestión de empresas, no solo contiene valiosas lecciones y reflexiones, sino que os pondrá una perenne sonrisa en la boca. Pero volvamos ahora a nuestro cometido principal: cómo saber si nuestra empresa ha sucumbido al principio de Peter.

Cómo saber si nuestra empresa ha sucumbido al principio de Peter

Antes de empezar, conviene hacer notar que el Dr. Laurence insiste en que el principio de Peter es inevitable, y que en la mayoría de los casos cualquier intervención externa lo único que hace es acelerar el proceso por el cual un empleado acaba en su puesto de incompetencia. Sin embargo, sí es interesante conocer hasta qué punto a nuestra empresa le afecta el principio de Peter. Estos son algunos elementos reveladores, siempre según el propio Peter.

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Excepciones aparentes (pero reveladoras) en la jerarquía

A menudo hay movimientos de la jerarquía que parecen ir en contra del principio de Peter, pero se trata de excepciones aparentes muy reveladoras. Veamos algunas:

  • Sublimación percuciente: Se da cuando alguien incompetente en su puesto es ascendido de nuevo, normalmente por un jefe competente que de esa manera enmascara su error del primer ascenso del empleado, que lo llevó de un puesto competente al incompetente. Si en tu empresa hay quien asciende sin motivo aparente, puede ser un síntoma.
  • Arabesco lateral: Es un síntoma evidente del principio de Peter, cuando a un empleado se le traslada a un puesto en apariencia superior, con un título nuevo y más largo, pero con un trabajo irrelevante y “en un ala remota del edificio”.
  • La inversión de Peter: Cuando los empleados se afanan en ser estrictos con las normas y los procedimientos. Esto se suele dar cuando su superior inmediato se encuentra en su nivel de incompetencia, y por tanto no evalúa la competencia de sus subordinados en atención al trabajo útil realizado, sino con arreglo a los valores institucionales. De este modo, la diligencia, la pulcritud y el cumplimiento del papeleo adquieren un valor mayor que el trabajo bien hecho. Es lo que Peter llama “autómatas profesionales”: su misión no es resolver problemas, sino seguir normas. El funcionariado es un buen ejemplo de ello.

Indicios de que un empleado ha alcanzado su nivel de incompetencia

Además de los movimientos en la jerarquía de los que hemos hablado, Peter describe los inicios de que un empleado ha alcanzado su nivel de incompetencia o, como él mismo denomina, su colocación final. Estos son algunos de los indicios, de los que seguro que reconocéis alguno en vuestra empresa, incluso teniendo en cuenta que el libro fue escrito a mediados del siglo pasado:

  • Fonofilia: “el empleado racionaliza su incompetencia quejándose de que no puede mantener contacto suficiente con sus colegas y sus subordinados, llenando la mesa de teléfonos y otros aparatos de comunicación, y usando varios a la vez”. Su versión moderna es el empleado que dedica su jornada a contestar correos y hacer llamadas, estando siempre en contacto, pero sin hacer nada en todo el día.
  • Papirofobia: Es el empleado que nunca tiene un papel en su mesa (o un correo en su bandeja de entrada) creando a través de “su mesa limpia” la impresión de que despacha sus asuntos con rapidez.
  • Papiromanía: Es lo contrario a la papirofobia. Acumular tal cantidad de papeles y libros que jamás usa, creando la impresión de que tiene demasiado que hacer.
  • Archivofilia: Se refiere a la manía por la ordenación y clasificación precisa de papeles, correos y archivos, manteniéndose a sí mismo ocupado en la reordenación y mantenimiento de sus archivos.

Estos son sólo algunos ejemplos de los síntomas que presenta una empresa y sus empleados cuando el principio de Peter hace mella en su jerarquía, pero hay muchos más, como el directivo que siempre delega las decisiones en sus subordinados o las traslada a sus superiores, el jefe de departamento que mantiene directrices incongruentes para despistar a sus empleados o simplemente cualquier empleado cuyo afán sea el de seguir órdenes sin mayor interés que el de cumplirlas, tengas estas o no que ver con la correcta realización del trabajo. ¡Estad atentos!

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