El partido de fútbol que permitió a Barilla fabricar más macarrones que nunca

El absentismo laboral es una de esas cuestiones duras de abordar que suponen unos graves perjuicios para las empresas y para sus trabajadores. Estos perjucios van desde los evidentes costes económicos que suponen retribuir el trabajo de alguien que no cumple con sus obligaciones hasta todo un conjunto de problemas organizativos, con trabajadores que deben absorber las funciones de sus compañeros ausentes.

Hoy vamos a conocer una historia sobre absentismo laboral. Sucedió en la firma Barilla, el gigante de las pastas alimenticias. Una de sus fábricas tenía un serio problema de absentismo laboral. Cada vez que había partido de fútbol los trabajadores dejaban de hacer macarrones y se dedicaban a ver pasar el balón. Uno o dos días a la semana; uno de cada diez trabajadores, en aquella planta. Sí, aquel era un señor problema… que se solucionó con una casualidad que les dio el fútbol. Precisamente.

La pasta es un artículo que se vende a un precio reducido. Por lo tanto, la forma de hacer rentable ese negocio consiste es lanzar grandes producciones en un periodo de tiempo muy reducido. ¿Cuál es el enemigo de este tipo de producción? El absentismo laboral. Una sola persona que no se pone a los mandos de su máquina, una de las muchas que pueblan las factorías de Barilla, se traduce en más de cinco toneladas de pasta que dejan de producirse… a cada hora que pasa sin ese trabajador.

Por esta razón cada uno de los trabajadores de una empresa de este tipo es sumamente importante. De hecho, tal y como explican en Barilla, en este tipo de empresas se corre el riesgo de que dos ausencias laborales puedan acabar con una planta entera. Y eso fue lo que estuvo a punto de ocurrir en la factoría de Barilla en Foggia.

Cuando el absentismo laboral es cultural

Absentismo laboral - fútbol

Foggia es una ciudad y provincia de la región italiana de Puglia, el tacón de la bota de Italia. Allí existe una gran tradición futbolística, en buena parte por el papel de la Unione Sportiva Foggia, que se fundó en 1920 y durante décadas se forjó una gran identidad en su zona. Ver un partido de calcio es algo que en Foglia forma parte de la vida cotidiana, seguramente a la misma altura que respirar, nadar o beber vino Ottavianello.

Siendo así la cosa, a nadie en Foggia le sorprendía que los lunes, cuando había partido, o de hecho cada vez que había partido de fútbol, fueran muchos los trabajadores que simplemente no asistieran a la fábrica de pasta. Si aquel día el chico de los capellini estaba en el fútbol, la producción de capellini dejaba de salir. Así de simple. Total, en aquella fábrica tan grande, seguro que la ausencia de un trabajador no se notaría.

La cuestión era que el absentismo laboral alcanzaba unas cuotas de entre el 10 y el 11 % por aquel entonces. Y desde la central de Barilla en Parma, alguien dio la voz de alarma. Sí que se notaba la ausencia de aquel trabajador. Y la del otro que tampoco estaba allí. Y la de aquel de allá que faltaba también. En las factorías del norte de Italia la producción era mucho más elevada, comparativamente. ¿Por qué en Foggia no había manera de que salieran las cosas como debían?

El director de planta de Foggia recibió la comunicación de la central, y rápidamente se puso a investigar. Todas aquellas ausencias por enfermedad… Envió cartas a los médicos que firmaban las bajas, para asegurarse de que comprendían la gravedad de la situación. También decidió hablar claramente con sus trabajadores.

El cambio de actitud y el ejemplo práctico

Absentismo laboral - pasta

No, no era normal dejar el trabajo sin hacer por ir a ver el fútbol. Y no era normal porque en otras plantas de la compañía eso no pasaba. De hecho, la factoría de Foggia corría el riesgo de cerrar sus puertas si la actitud de los trabajadores seguía siendo la de faltar al trabajo cada vez que les viniera en gana, poniendo cualquier excusa para poder salir pitando hacia el estadio.

Los trabajadores entendieron de repente la gravedad del problema. Sin trabajadores se quedarían sin trabajo, y sin trabajo no habría trabajadores. Comenzaron a mirarse unos a otros, corresponsabilizándose del problema. El árbitro de aquel partido que disputaban contra el absentismo laboral dio tres toques de silbato. Parecía que el problema llegaría a su fin y que la planta de Foggia se salvaría de la quema.

Y entonces ocurrió algo que terminó de redondear el encuentro. Uno de los trabajadores, Marco Tutti, pidió un día de fiesta para asuntos propios. Su supervisor se lo denegó porque le necesitaba en su puesto de trabajo aquel día. Y curiosamente Marco Tutti se puso enfermo. Con su justificante médico y todo. Tan enfermo estaba, que no pudo asistir a trabajar en Barilla aquel día que había pedido de fiesta para sus cosas.

El problema para Tutti vino cuando su nombre apareció en los periódicos. Se había esforzado mucho en aquel día que no acudió a trabajar. Tenía un partido en el que él participaba… como jugador, y se empleó tan a fondo que batió al guardameta del equipo contrario y se convirtió en un héroe local. Un héroe sin trabajo, en cuanto sus propios compañeros lo pillaron. Porque si habían logrado cambiar su actitud para conservar el puesto de trabajo y fabricar más macarrones que nunca, no iban a permitir que ningún compañero les marcara un gol.

De toda esta historia podemos extraer algunas conclusiones interesantes. La primera es que cuando un problema empresarial como el absentismo laboral está arraigado, sólo atacando a la base, informando y concienciando, se puede empezar a solucionar. La segunda es que cuando un problema como este está normalizado, aquellos que incurren en absentismo laboral por deporte —literalmente— tienden a bajar la guardia. Y la tercera, que cuando los trabajadores cuentan con una motivación basada en el contrato social y en el compromiso con la empresa, ellos mismos se pueden erigir en transmisores de la solución.

 

Conversación