
Pensemos en una situación cotidiana. Estamos cenando en el restaurante que más nos gusta con nuestra pareja tomando un buen vino. Cuando acabamos, pedimos la cuenta al camarero, la saldamos y nos vamos. Es posible que, después de haberla saldado y, sin darnos cuenta, hayamos pagado algo que no nos correspondía, sobre todo si no hemos revisado la dolorosa.
Una situación que, sin ser general, suele ser más habitual de lo que parece. Estoy convencido que a todos nosotros nos ha ocurrido en algún momento o, por lo menos, conocemos a alguien que le haya ocurrido recientemente. Pues bien, simplemente, la pequeña acción de revisar el ticket de compra puede ahorrarnos unos cuantos euros al final del año.








