
Que los consumidores nos dejamos llevar por nuestros prejuicios antes de probar un producto es algo más que sabido. De hecho, se han llevado a cabo algunos experimentos sobre esto. Una misma bebida etiquetada y sin etiquetar, que cuando lleva impreso el nombre de la marca sabe mejor, carne que cuando se declara en el envase un 75 % libre de grasas tiene mejor sabor que cuando se explica que contiene un 25 % de grasa…
Sí, estas cosas pasan. Y Dan Ariely, que ya comienza a ser un clásico recurrente por aquí, investigó un poco más allá en la cuestión del prejuicio, hasta llegar al placebo del marketing y la publicidad. ¿Serían tan fuertes las creencias y expectativas que despiertan en nosotros el marketing y la publicidad como para imponerse a nuestras propias experiencias y llegar a influir en la eficacia real del producto? La pregunta es larga y tediosa, pero el planteamiento es curioso y la respuesta, sorprendente.


