El auge de las metodologías ágiles: así ha cambiado nuestra forma de trabajar

En las últimas décadas, la complejidad de los procesos empresariales ha ido en aumento: equipos de trabajo localizados en diferentes partes del mundo, acceso cada vez más rápido y sencillo a la información o nuevas herramientas de trabajo, por nombrar solo algunos, han sido factores que han dejado obsoletas las metodologías tradicionales.

Ante un contexto de trabajo diferente, se necesitan procesos diferentes. Por esta razón, las metodologías ágiles se han ganado un puesto como modelo organizativo, de gestión y coordinación preferido en algunas de las empresas más grandes del mundo. Y aunque todavía se trata de un concepto poco conocido y extendido en nuestro país, cabe esperar que cada vez más empresas incorporen esta forma de trabajar en su día a día.

Qué son las metodologías de trabajo ágiles

Hace 15 años, un grupo de fundadores de varias startups estadounidenses se dieron cuenta de que el sistema tradicional no funcionaba y se reunieron para elaborar un manifiesto donde se ponían en común las ventajas y principios del agile, una metodología de trabajo capaz de adaptarse a las nuevas circunstancias del sector o del mercado de una forma rápida y flexible.

Los principios y valores de las metodologías ágiles se basan en la idea del divide y vencerás. Cada uno de los miembros del equipo de proyecto trabajan en pequeñas fases y grupos por separado sobre entregas parciales pero funcionales, de manera que se pueden identificar rápidamente los errores y ampliar funcionalidades del producto rápidamente sin que ello lleve aparejado un aumento desproporcionado de costes.

Las metodologías ágiles se han convertido en una forma de trabajo tan popular que empresas tecnológicas de la entidad de Google, Spotify o Netflix llevan tiempo adoptando el agile como el valor característico de sus equipos de trabajo desde hace bastantes años.

Proyectos y plazos de entrega poco viables con las herramientas tradicionales

Si has participado en un proyecto que ha acabado con varios miles de euros de sobrecoste o sufrido retrasos y no has podido dejar tiempo para pruebas o controles de calidad, no eres el único. En estas circunstancias, tanto el equipo de trabajo como quien contrata estos servicios acaba descontento. El producto final tiene una calidad mala, hay que aplicar parches que empeoran el resultado y es necesario asumir sobrecostes.

Pero ¿cuál es la causa? Los miembros del equipo se pasan la pelota unos a otros y lo cierto es que todos ellos tienen la culpa. Lo que en un principio parecía un proyecto bien planificado y organizado se ha convertido en algo completamente fuera de control por culpa del uso de herramientas y procesos incorrectos.

Con una metodología antigua, teníamos que esperar a que la solución estuviese completamente diseñada y desarrollada para probarla y detectar posibles errores. Si en esta valoración se detectase cualquier anomalía que afectase a un proceso crítico o hubiese aparecido una nueva tecnología mucho más eficiente, habría que rehacer buena parte del proyecto, tirando a la basura varios meses de trabajo y teniendo que asumir sobrecostes.

Sin embargo, con una metodología ágil, no tendríamos este problema. Los posibles errores se detectan en las entregas y pruebas parciales, y quien contrata ese servicio es consciente en todo momento del progreso y desarrollo del proyecto, de manera que es mucho más sencillo responder ante cambios del entorno.

Las principales ventajas de las metodologías ágiles

El enorme crecimiento de las metodologías ágiles de los últimos tiempos no es casualidad. Más allá de la rápida adaptación a los cambios del entorno, existen numerosos beneficios en el uso de metodologías ágiles que han elevado su popularidad en los últimos años.

Reducción de costes

Una de las principales asignaturas pendientes de las empresas es la reducción de costes que aparecen como consecuencia de una mala planificación y gestión derivada del uso de herramientas y metodologías poco adecuadas. Gracias a las metodologías ágiles, y dado que los errores se van identificando a medida que se desarrolla el proyecto, se reducen en buena medida los costes de tener que echar atrás parte de las especificaciones iniciales.

Rápida respuesta a los cambios

Al ser procesos evolutivos, ya no es necesario esperar a tener el producto terminado para modificar una parte del proyecto inicial. Los equipos de trabajo pueden ir implementando soluciones sobre la marcha, corrigiendo los posibles fallos que se vayan encontrando y añadiendo mejoras en mucho menos tiempo.

Equipos de trabajo más involucrados y organizados en el objetivo

Los equipos de trabajo se autogestionan, facilitando el desarrollo de la capacidad creativa y la innovación entre sus miembros. Además, al dividirse los perfiles de los trabajadores en función del tipo de tarea, la organización de los equipos que componen el proyecto es mucho más sencilla.

Más participación del cliente

Hasta hace poco tiempo, la función del cliente final o de quien haya solicitado el cambio dentro del proyecto, se limitaba a reunir los requisitos y valorar el producto, sin intervenir en los procesos internos del equipo de trabajo. Sin embargo, con las metodologías ágiles, la persona o empresa que solicita estos servicios está involucrada y comprometida en todo momento, lo que aumenta su satisfacción. Gracias a los prototipos, demostraciones y entregas, es posible conocer en tiempo real el progreso real del producto y todas las nuevas innovaciones introducidas.

En ING también apostamos por las metodologías ágiles

En 2015, decidimos iniciar nuestro cambio digital apostando por las metodologías ágiles y convirtiéndonos, de este modo, en uno de los primeros bancos del mundo en consolidar este cambio. Con ello, buscamos tres objetivos fundamentalmente: adaptarnos a las necesidades de nuestros clientes, reducir el número de departamentos ganando eficiencia en todos los procesos y generar engagement, fidelizando al talento digital.

Hemos llevado a cabo esta transformación integrando el negocio de Retail y Tecnología en tribus que a su vez se organizan en escuadrones (squads), equipos multidisciplinares de nueve personas, como máximo, que son especialistas en diferentes funciones del banco trabajando en una única localización. Cada uno de ellos es responsable de los productos y servicios que desarrollan y cuentan con un Product Owner que ayuda a organizar y priorizar el trabajo.

Fuente: McKinsey

Y lo más importante: somos conscientes de que el éxito del agile debe implicar a toda la organización. Por esta razón, los empleados de nuestra sede central han adoptado, directa o indirectamente, las metodologías ágiles en su día a día, demostrando que la capacidad para ser ágiles no está condicionado al 100 % por el tamaño de la organización.

En ING España ya estábamos trabajando en agile en algunos equipos de tecnología, pero ahora estamos implantando metodologías ágiles en todo el negocio de banca minorista y en el resto de tecnología.

En los próximos meses iremos compartiendo nuestros aprendizajes sobre agile, SCRUM y cómo se vive el cambio desde nuestra organización.

Y tú, ¿te apuntas a las tecnologías ágiles?

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Imagen | mohamed_hassan, rawpixel.com on Unsplash

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