Criptomonedas y el futuro de las finanzas
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El dinero es un elemento que ha estado presente en todas las sociedades y momentos históricos. Abarca todos los aspectos de nuestra vida diaria, desde lo que comemos, dónde vivimos o la forma en la que pensamos. De hecho, en contra de lo que dicta el refrán “el dinero no da la felicidad”, algunos estudios demuestran que el dinero determina nuestro nivel de felicidad e incluso nuestra esperanza de vida.

A lo largo de la historia, el dinero ha estado en constante evolución, y el actual contexto económico no iba a ser una excepción. La revolución digital y la aparición de las criptomonedas están cambiando por completo la industria financiera. Y aunque ahora mismo no lo percibamos, no hay duda de que condicionarán el futuro de las finanzas.

Los fundamentos del dinero fiduciario

Los economistas no han conseguido ponerse de acuerdo sobre la naturaleza exacta del dinero. En lo que sí hay cierto consenso es en que el dinero cumple tres funciones principales: es un medio de intercambio, una unidad de cuenta y un depósito de valor. De hecho, a lo largo de la historia, son numerosas las mercancías que se han utilizado como dinero gracias a sus propiedades, como la sal, el ganado, las piedras, el chocolate y, por supuesto, el oro.

En la actualidad, el dinero no tiene el respaldo de ningún bien físico. Es lo que se conoce como dinero fiduciario, que únicamente está avalado por la confianza que tienen los ciudadanos en los bancos centrales y los estados. Su valor se basa en ser el medio de intercambio aceptado por la mayoría de la población, y se ha convertido en todo un constructo social; una suerte de contrato entre los ciudadanos y las empresas para facilitar los intercambios comerciales.

Sin embargo, y aunque todos confiamos en el dinero fiduciario en nuestro día a día, siempre ha habido cierta controversia sobre la función y el impacto del sistema monetario actual. Un debate que se ha intensificado en las últimas décadas por la crisis financiera mundial y la consolidación de las criptomonedas como medio de intercambio global.

Las criptomonedas: el nuevo dinero virtual

En los últimos años, el blockchain ha revolucionado muchos aspectos de nuestra vida diaria, y el dinero no iba a ser una excepción. Tomando como base esta tecnología nacieron las criptomonedas, un medio digital de intercambio que utiliza la criptografía para asegurar las transacciones y verificar la transferencia de activos.

Desde su nacimiento, el debate ha girado en torno a si las criptomonedas pueden ser consideradas como dinero o no. Sus defensores argumentan que, gracias a las criptomonedas, puede construirse todo un ecosistema financiero totalmente descentralizado y, al mismo tiempo, seguro. Sin embargo, sus detractores creen que no cumplen con todas las características para poder ser consideradas como buen dinero, especialmente en su uso como depósito de valor.

El furor por las criptomonedas en los últimos años ha sido tal que, solo en 2017, el valor del Bitcoin aumentó en 19 veces, alcanzando los 17.000 dólares desde un punto de partida de 863 dólares. Sin embargo, a lo largo de 2018, el valor del Bitcoin experimentó una caída del 75 %, arrastrando al resto de criptomonedas. Solo ese año se perdieron cerca de 600.000 millones de dólares en activos de este tipo, demostrando la elevada volatilidad que están sufriendo las criptomonedas y, por tanto, lo lejos que están de ser considerados como un buen depósito de valor.

75 %
Fue la caída del valor del Bitcoin en 2018.

En cualquier caso, el debate sobre si las criptomonedas acabarán convirtiéndose en el nuevo dinero en un futuro próximo sigue estando muy de actualidad, e incluso algunos bancos centrales y gobiernos creen que podrán emitir sus propias criptomonedas en un futuro próximo.

¿Por qué los Gobiernos no adoptan las actuales criptomonedas?

Si las criptomonedas tienen tantos adeptos, ¿qué impide que los Gobiernos lo adopten como su propio dinero? Pues bien, según Thing INK, hay dos problemas fundamentales que la actual tecnología no pueden resolver. El primer problema hace referencia a la imposibilidad de emitir criptomonedas que sean al mismo tiempo seguras, descentralizadas y escalables.

Los gobiernos pueden escoger dos de estas opciones, pero no las tres al mismo tiempo. Por ejemplo, si quieres una moneda que se adapte rápidamente a las nuevas circunstancias económicas y financieras y sea al mismo tiempo descentralizada, entonces tienes que renunciar a la seguridad. Y si quieres que tu moneda sea segura, tendrás que hacer ciertas concesiones en escabilidad.

El segundo problema hace referencia a otra imposibilidad económica teórica. Un país no puede conseguir movimientos libres de capitales, autonomía monetaria total y un tipo de cambio estable al mismo tiempo. Si quiere mantener una moneda estable, entonces tiene o bien que establecer controles de capital, o bien que tener una política monetaria discrecional que le permita mantener la estabilidad de su moneda.

Las criptomonedas, al ser descentralizadas, escapan al control de los bancos centrales y, por tanto, no pueden someterse a las reglas monetarias del dinero fiduciario. Su cotización fluctúa de forma libre, por lo que no pueden ser utilizadas como herramienta de política monetaria en tiempos de crisis.

Las criptomonedas y el futuro de las finanzas: ¿veremos bancos centrales totalmente digitales?

Aunque el futuro de las criptomonedas está en el aire, lo cierto es que su éxito al menos ha servido para que los bancos centrales reflexionen sobre su función de emisor de dinero y conductores de la política monetaria. Es más, los expertos creen que existe ahora mismo una alta probabilidad de que muchos de ellos emitan su propia moneda digital en un plazo de entre 5 y 10 años.

Sin embargo, la emisión y posterior utilización de esta especie de dinero virtual emitido de manera centralizada, también conocido por sus siglas en inglés CBDC (Central Bank Digital Currency) plantea un número importante de cuestiones que deben ser resueltas de forma cuidadosa.

La más importante de ellas es que, por el momento, más allá de consideraciones legales y políticas, parece complicado que un dinero virtual de este tipo esté preparado para ganarse la confianza de los ciudadanos a corto plazo, igual que ahora mismo la tienen los euros o los dólares. Pero, además, la introducción universal de un CDBC como complemento al dinero actual podría intensificar los problemas de seguridad en tiempos de crisis, especialmente si no se produce una acción coordinada por parte de los principales bancos centrales del mundo.

Por eso, en caso de llevarse a cabo una revolución digital de este tipo, la mayoría apuestan por una transición progresiva en la que las criptomonedas sean un complemento a los sistemas monetarios actuales, y no un sustituto de las actuales monedas.

Los primeros que la adoptarían serían las instituciones financieras y, solo en última instancia, el público en general. Tengamos en cuenta que es un cambio que afecta a la totalidad de la población y que, por tanto, requiere un esfuerzo organizacional y educacional sin precedentes, al margen del desafío técnico que supone.

En definitiva, parece claro que el futuro del dinero pasa por un nuevo modelo digital. Los desafíos técnicos, económicos y políticos son grandes, y todos ellos tienen que ser afrontados de forma simultánea, pero nada comparado con el salto del trueque al uso de las monedas, y siglos después al dinero fiduciario.

Imagen | André François McKenzie en Unsplash

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