el efecto de arrastre en economía conductual
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Cuando se trata de tomar una decisión, eres capaz de hacerlo de forma racional y sin tener en cuenta las opiniones del resto. Es fácil que te sientas identificado con esta afirmación y también que no estés en lo cierto. Tu ego y tu cerebro tienen mucha más influencia en tus actos de la que piensas.  La culpa la tienen los sesgos cognitivos como el efecto de arrastre o efecto bandwagon.

Qué son los sesgos cognitivos

Los sesgos cognitivos son atajos que nuestra mente utiliza cuando tiene que tomar una decisión rápidamente. Son vestigios de nuestra evolución animal, mecanismos que nos ayudaron a sobrevivir en otros tiempos pero que ahora pueden jugarte una mala pasada y llevarte a tomar decisiones menos acertadas.

Los sesgos cognitivos son respuestas intuitivas que tu cerebro toma por ti sin consultar la parte racional de tu mente. Priman la acción frente al análisis y por eso no siempre son las más adecuadas.

Estos son algunos de los sesgos más frecuentes y que más influyen en tus decisiones

El efecto Bandwagon o efecto de arrastre en economía

“Y si tus amigos se tiran por un puente, ¿tú también vas de cabeza?” Puede que hayas tenido que escuchar esa frase o alguna de sus variantes más de una vez durante tu niñez y tu adolescencia como fórmula de tus padres para que reflexionases sobre tus actos. Esa frase refleja perfectamente el efecto bandwagon o efecto de arrastre, como suele traducirse al castellano.

El efecto de arrastre, también conocido como efecto de la moda, describe un comportamiento gregario en el que se actúa siguiendo al rebaño. Tal y como ha estudiado la psicología conductual, un elemento clave a la hora de tomar decisiones o posicionarse es el número de personas que ya lo están haciendo o que actúan de esa forma.

Cuantas más personas actúen de una determinada manera, más probabilidad habrá de que el resto les siga sin pararse a pensar si es lo correcto o no.

¿De dónde surge el efecto Bandwagon?
El efecto bandwagon empezó a utilizarse en referencia al efecto de las carrozas musicales que utilizaban los candidatos electorales para atraer a los votantes a la hora de dar sus discursos. El primero en hacerlo fue Zachary Taylor en 1948 de la mano del payaso de circo Dan Rice. Gracias a la música conseguía que las personas se subiesen a su carro electoral.

Cómo afecta el efecto de arrastre a los gastos habituales

El efecto arrastre está presente en casi cualquier decisión financiera que tomas, incluso cuando haces la compra en el supermercado. ¿Te has parado alguna vez a pensar por qué compras las marcas que compras? Porque es lo que has visto desde pequeño (aquí también entra el sesgo del status quo) o también porque son las que se compran en tu entorno (lo que incluye familia y amigos, pero también redes sociales).

Ese efecto arrastre puede ayudar a crecer a algunas marcas o incluso a marcas blancas de supermercado, sin necesidad de publicidad clásica.

Pero este efecto arrastre no sólo influye en la marca que compras, puede afectar incluso a lo que compras. Sólo piensa en los superalimentos como la quinoa o el aguacate, que se mueven mucho por modas.

Y fuera del supermercado, puede ayudarte a que escojas el restaurante más lleno frente al que está vacío, por ejemplo.

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Gastos importantes en los que interviene el sesgo de arrastre

El gran problema del efecto de arrastre es que no sólo condiciona los pequeños gastos. También juega un papel importante en las grandes compras, las que de verdad marcarán el futuro de tus finanzas personales.

La casa es buen ejemplo. El efecto de arrastre influirá en si decidimos comprar o alquilar, pero también dónde preferiremos vivir e incluso cómo la amueblaremos.

Pero la vivienda no es el único gasto importante en el que el sesgo de arrastre jugará un papel. También lo hará en el coche que compras y cuándo lo compras. Por eso mismo es tan habitual cambiar de coche cuando recibes un ascenso. El vehículo es símbolo de estatus y hay un tipo de coche y marca para cada puesto.

A estos gastos hay que sumar el destino de vacaciones de moda e incluso el colegio en el que estudiarán los niños.

Cómo puede afectar el efecto de arrastre a tus inversiones

Las inversiones no son extrañas a este efecto. Un buen ejemplo fue la fiebre por el bitcoin y las criptomonedas que se vivió en 2019. También el famoso caso de Terra, cuyas acciones se revalorizaron un 360 % en apenas un mes y medio después de su lanzamiento; llegando a alcanzar los 157,60 € antes de la crisis de las puntocom en 2000.

Algo parecido sucede con determinadas fórmulas de inversión. Por eso mismo, a la hora de contratar un fondo de inversión es importante no guiarse por cuánta gente lo ha contratado ese año, sino fijarse más en otros indicadores como su rentabilidad a largo plazo o los costes, por ejemplo.

¿Por qué influye el efecto de arrastre en la toma de decisiones?

¿Qué nos impulsa a actuar como la mayoría? ¿Qué parte de nuestro cerebro se activa para que algo sea más deseable solo porque lo es para otros? Como ocurre con otros tantos sesgos cognitivos, el efecto de arrastre no actúa solo.

Por un lado, el ser humano tiene la necesidad de pertenencia a un grupo y de aceptación por parte del mismo. Una forma de lograrlo es sumarse a la conducta más repetida, es decir, a lo que está de moda y se considera normal. A esto se suma el fenómeno del pensamiento grupal, descrito por el psicólogo Irving Janis en 1972 y según el cual al estar dentro de un grupo “los esfuerzos de los miembros por unanimidad hacen caso omiso de su motivación para valorar realísticamente cursos de acción alternativos”.

También ayuda el deseo de tener razón, que encuentra en las acciones y opiniones de la mayoría la justificación que necesita. Cuando esta opinión mayoritaria es falsa o no coincide con la realidad, se denomina Argumento Ad Populum. Aquí también entrará en funcionamiento el sesgo de la confirmación, que hace que busques ideas que confirman lo que piensas y deseches las que no lo hacen.

Por su parte, el sesgo de la experiencia reciente también te llevará a seguir la moda, puesto que para tu cerebro los últimos acontecimientos o lo último que has visto son más relevantes que lo que viste hace una semana.

En Naranja I Tu comportamiento no siempre es racional, y así te afecta al tomar decisiones económicas

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