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¿Te has preguntado alguna vez por qué te cuesta tanto empezar ahorrar? ¿Por qué es difícil ponerse a dieta, ir al gimnasio o plantearse dejar de fumar? Si tu respuesta es que te falta fuerza de voluntad para ponerte en marchas, vas parcialmente desencaminado.

En realidad, lo que ocurre es que tu mente racional quiere una cosa, pero tu mente menos analítica quiere y hará otra cosa diferente. En este caso, posponer indefinidamente tus planes para ahorrar o perder peso simplemente porque encuentra beneficios inmediatos más placenteros.

Es el denominado sesgo del presente.

Así actúan los sesgos cognitivos y conductuales. Se trata de pequeños atajos mentales que tu cerebro utiliza para interpretar información más rápido y que fueron de gran utilidad en el pasado, cuando teníamos que luchar por salvar la vida en la sabana, pero no lo son tanto ahora. Y es que tu mente no es infalible en sus análisis y puede llevarte a actuar de forma muy irracional. Por eso te cuesta tanto ahorrar para la jubilación y lo postergas, aunque sepas que es importante.

El economista Daniel Kahneman está considerado “el padre” del análisis de estos sesgos conductuales, que aparecen por primera vez en una investigación desarrollada en 1972 junto al psicólogo Amos Tversky titulada: “Probabilidad subjetiva: un juicio de representatividad«. Más tarde, el Premio Nobel de Economía Richard Thaler desarrollaría todavía más esa parte que une psicología y comportamiento financiero en lo que hoy se conoce como economía conductual.

Gracias a las finanzas conductuales sabemos que como inversores somos menos racionales de lo que nos gustaría. De hecho, en cuestiones de dinero vivimos una constante lucha contra nuestras emociones y reacciones instintivas. Las cuatro preguntas que dan comienzo al artículo son un gran ejemplo de uno de los sesgos más importantes, el sesgo del presente.

Qué es el sesgo del presente

El sesgo del presente hace que tendamos a dar más peso al presente al tomar decisiones. En otras palabras, que preferimos el beneficio inmediato frente a la ganancia futura. A lo largo de nuestra evolución hemos aprendido a pensar de forma estratégica y a planificar, pero nuestro instinto sigue siendo algo más conservador y buscará muchas veces la recompensa inmediata.

El sesgo del presente actúa de forma similar, pero en cuestiones más complejas de analizar en las que la recompensa o el camino a seguir a veces no están tan claras.

Experimento de Walter Mischel
En 1972 el psicólogo Walter Mischel, de la Universidad de Stanford, realizó un experimento con niños con una premisa muy sencilla: “Aquí tienes una nube de azúcar. Puedes comértela ahora o esperar. Si esperas a que vuelva, te traeré otra nube”. Resultado: solo un 33 % de los niños lograron resistir la tentación. La recompensa a largo plazo era clara y sin embargo la mayoría sucumbió.
33 %

 

Muchas veces todo se reduce a que somos incapaces de entender que lo que queremos a medio y largo plazo es diferente de lo que queremos en el momento. Es más, puede que incluso se trate de intereses contrarios.

 

Casos en los que el sesgo del presente te está ‘haciendo la cama’

Los efectos del sesgo del presente no se limitan a las finanzas. Esta predilección por la recompensa inmediata se da en todos los aspectos de tu vida. Siempre que puedas elegir entre hacer algo ahora para obtener un beneficio a medio o largo plazo u obtener otro ahora, aparecerá. Además, casi seguro contará con el apoyo de la procastinación, que es nuestra predisposición a diferir o aplazar tareas o decisiones que no nos apetece tomar en ese momento.

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Hace que gastes más y que no ahorres

Hoy en día quien más y quien menos es consciente de que hay que ahorrar para mantener el nivel de vida tras la jubilación o de que es recomendable contar con un colchón para imprevistos. Sin embargo, sólo un porcentaje de personas ahorra todos los meses de forma constante.

En este caso el sesgo del presente nos lleva a subestimar las consecuencias futuras o a ser más optimistas de la cuenta (otro sesgo conductual), pensando que todavía tenemos suficiente tiempo por delante o que necesitaremos menos dinero del que en realidad vamos a gastar. De ahí surgen todo tipo de justificaciones para no ahorrar e incluso planes para hacerlo, pero siempre a futuro, “cuando cobre más” por ejemplo. La forma de romper el círculo es ponerse en acción. Aquí puedes ver cuatro formas de empezar a ahorrar cuando no puedes predecir el futuro.

Retrasa tus planes de ponerte a dieta

Empezar una dieta es duro. A nadie le gusta la perspectiva de tener que controlar lo que come en cantidad y en tipo de alimento. Un estudio sobre alimentación en 1998 descubrió que aquí también tendemos a retrasar el sufrimiento.

En la investigación se preguntó a los participantes qué iban a comer la siguiente semana. Tras meditar la respuesta y hacer su menú semanal, un 70% respondió que fruta y verdura. Por el contrario, cuando se preguntó qué preferían comer ese mismo día, un 70% optó por chocolate. La traducción es que cuando quieras ponerte a dieta tu cerebro se centrará en lo que dejas de ganar en ese momento en lugar de en la ganancia futura (tu salud en el largo plazo).

Lo mismo ocurre con el deporte. La ventaja en este caso es que tu propio cerebro libera endorfinas que hacen que te sientas bien con la práctica deportiva y que quieras continuar con ese hábito, aunque te dé pereza empezar.

Tres formas de combatir el sesgo del presente

¿Qué puedes hacer para evitar caer en la trampa del presente? La ciencia ha descubierto que cambiamos nuestra forma de actuar en determinadas situaciones, como cuando estamos con amigos o cuando nos comprometemos a hacer algo, especialmente si es en público. Por eso mismo puede ser útil buscar esos momentos para no caer en este sesgo cognitivo.

Reducir el sesgo del presente con amigos

Dime con quién andas y te diré quién eres, reza el refranero popular. Tus amistades pueden ayudarte a combatir este sesgo. Un estudio en Chile descubrió que los grupos de apoyo, mensajes de ánimo de amigos y recordatorios semanales del objetivo a largo plazo eran de más ayuda para ahorrar que una cuenta de ahorro con un buen interés.

Reducir el sesgo del presente mediante compromisos

El poder del compromiso público es enorme y así lo demostró una investigación en Malawi. Durante el estudio, los participantes se comprometieron a apartar parte de sus ingresos y no tocarlos hasta una fecha concreta. Llegado el momento su tasa de ahorro fue mayor que la de quienes no se comprometieron.

Una aplicación práctica de este compromiso sería ordenar una simple transferencia automática todos los meses a una cuenta separada con la cantidad que quieres ahorrar.

Reducir el sesgo del presente con tu “yo futuro”

En 2011, un experimento probó a enseñar la importancia del ahorro acercando a los participantes a su “yo futuro”. Para ello envejecieron el rostro de una parte de los participantes para que se viesen mayores y después les pidieron que dijesen cuánto querían ahorrar para el futuro. Quienes vieron esta imagen «envejecida» de sí mismos eligieron ahorrar más que quienes no la vieron.

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