Cómo funciona el sesgo del optimismo
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El ser humano tiende a ser optimista por naturaleza. Está en nuestros genes ver el vaso medio lleno, especialmente ante eventos potencialmente negativos. Es lo que en finanzas conductuales se conoce como el sesgo del optimismo. Un sesgo cognitivo que, si no lo controlas, puede llevarte a no tomar las mejores decisiones con tu dinero.

Sesgos cognitivos: qué es el sesgo del optimismo

A lo largo de su evolución. Los seres humanos hemos ido adaptando mecanismos de respuesta y defensa ante diferentes estímulos y situaciones. Son resortes que saltan de forma automática y que están muy arraigados en nuestro cerebro. La psicología los denomina sesgos cognitivos, y el del optimismo es uno de los más activos y presentes en nuestros actos y pensamientos, aunque muchas veces no nos demos ni cuenta.

El sesgo del optimismo es el responsable de que tengas una visión demasiado positiva sobre tus posibilidades y futuro. En otras palabras, se traduce en un exceso de confianza que no siempre es bueno, porque hace que creas que tienes menos posibilidades de que las cosas te vayan mal que a otras personas, aunque la estadística diga lo contrario.

Casi el 100 % de las personas se considera mejor conductor que la media

De hecho, el sesgo del optimismo es más fuerte ante eventos potencialmente negativos. Por ejemplo, puedes pensar que la próxima crisis no tardará en llegar, pero al mismo tiempo minimizarás el impacto real que puede tener en tu economía. Que afectará más a otros que a ti.

En tu día a día, puede hacer que dejes de usar crema solar pensando que tú nunca tendrás problemas de piel, que sigas una mala dieta porque minimizas las posibilidades de que afecte a tu salud o que vayas en coche al centro un sábado pensando que tú sí encontrarás sitio para aparcar.

Y hablando de coches: ¿sabías que el sesgo del optimismo hace que la mayoría de la gente se considere mejor conductor que la media? Así se desprende de un estudio realizado en Suecia, en el que un 90 % de los encuestados valoraban que sus aptitudes al volante estaban por encima de la media.

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Qué beneficios tiene el sesgo optimista

¿Por qué existe este optimismo natural cuando es potencialmente peligroso? Básicamente, porque a lo largo de los siglos ha ayudado a mejorar nuestro bienestar general como especie; y todavía lo hace.

Una de las ventajas del sesgo del optimismo es que te empuja a ser más feliz, al tiempo que elimina parte del sufrimiento y la ansiedad del día a día. Gracias a él no consideras ciertos riesgos del día a día sobre los que no tenemos control y que nos angustiarían como la posibilidad de sufrir un accidente paseando por la calle

Cuáles son los inconvenientes del sesgo del optimismo

El gran peligro de esta inclinación al optimismo es el exceso de confianza, que puede distorsionar tu imagen de la realidad.

Así, por ejemplo, este sesgo puede hacer que no ahorres para tu jubilación, confiando plenamente en que la pensión pública cubrirá tus necesidades, o que no ahorres lo suficiente, infravalorando las necesidades reales que tendrás al jubilarte.

En el ámbito inversor, ese exceso de confianza, unido a la aversión a la pérdida, puede hacer que te aferres a una acción perdedora y no apliques el manido dicho de cortar las pérdidas. Aquí suele haber una mezcla entre la negación a aceptar que te has equivocado y la confianza en que el valor repuntará.

Cómo evitar los riesgos del sesgo optimista en tus finanzas

¿Qué se puede hacer para reducir el exceso de confianza? Para empezar, este sesgo no afecta a todo el mundo por igual. Como explica Tali Sharot, profesora de neurociencia cognitiva en el departamento de Psicología Experimental en el University College de Londres, hay ciertos rasgos que lo acentúan o lo disminuyen. Así, las personas deprimidas o con tendencia a la ansiedad se ven menos afectadas, igual que quienes hayan vivido eventos negativos a lo largo de su vida.

Si no estas dentro de estos grupos, hay una fórmula muy sencilla de mitigar los peligros del sesgo optimista: compararse con los seres queridos de tu entorno. La razón es que tendemos a ser más realistas cuando se trata de una persona cercana y concreta que cuando nos referimos a conjuntos abstractos.

Un 85% de los inversores pasa más tiempo valorando posibles ganancias que pérdidas

Otros dos trucos adicionales muy fáciles de aplicar es pensar en eventos negativos de tu vida o tratar de visualizar el peor escenario posible. Es decir, pensar en qué pasaría con la decisión que vas a tomar si todo fuese mal.

Además, de estos trucos, el modo de evitar este optimismo natural pasa por aislar en la medida de lo posible tus emociones. La fórmula de hacerlo es fiar tus decisiones a los datos y la analítica. En otras palabras, identificar y analizar los riesgos financieros de cada decisión. Así, al comprar una casa puedes hacer números para ver si tendrás más patrimonio a largo plazo viviendo de alquiler o comprando.

También ayuda diseñar e implementar estrategias de reducción de riesgos. En tus finanzas del día a día esto pasa por no gastar más de lo que ingresas y crear un fondo de emergencia. A la hora de invertir en acciones puede hacerse con una orden de stop loss, por ejemplo.

¿Influye el sesgo del optimismo en tus inversiones?

El sesgo del optimismo está muy presente a la hora de invertir, donde se combina con otros como la aversión a la pérdida o la ilusión de control.

Un informe de Morningstar que recogen en Inbestia habla claramente de su influencia. En el estudio se preguntaba a los inversores si pasaban más tiempo valorando el beneficio que podían obtener o las pérdidas que podían sufrir. La respuesta se decantó de forma manifiesta del lado de las ganancias.

Estos datos, que coinciden con otros informes como el Estudio Global de Inversores de Schroders, apuntan a un optimismo desmesurado respecto a la rentabilidad que se obtendrá al invertir. Pese a que muchos usuarios del estudio no saben cuánto dinero tienen exactamente en su cartera o solo la miran una vez al año, la media espera obtener un beneficio anual del 10,7% durante los próximos cinco años. Adicionalmente, hasta el 16% espera que el rendimiento supere el 20%.

¿Se puede controlar este optimismo a la hora de invertir?

La realidad es que la psicología de la inversión es uno de los aspectos más difíciles de dominar. La mejor forma de hacerlo es limitar las decisiones que pueden verse comprometidas. En otras palabras, tener una estrategia clara de inversión y un plan a largo plazo que seguir.

En este sentido, los datos serán de nuevo el mejor aliado. Ante la duda, deja que sea el análisis quien guíe tus decisiones o, directamente, reduce tu intervención. Es precisamente en lo que se basa la gestión pasiva a través de la inversión en fondos indexados. Esta forma de invertir, especialmente cuando se hace mediante aportaciones periódicas programadas automáticamente, elimina las emociones de la ecuación y evita cometer muchos errores fruto del sesgo del optimismo.

En Naranja I Cuando crees que sí, pero en realidad no: así funciona el sesgo de la ilusión de control

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