sesgos cognitivos
Tiempo de lectura: 8 minutos

Tomamos una media de 3.500 decisiones al día y sólo unas pocas están realmente pensadas y tomadas de forma 100% reflexiva. E incluso en esas, gracias a lo que se conoce como sesgos cognitivos, es fácil que tu cerebro te esté jugando una mala pasada y empujándote a tomar malas decisiones de forma sistemática.

Esto es lo que hace unos años descubrió una nueva corriente del pensamiento económico que estudia las finanzas conductuales o del comportamiento. Su teoría, con el premio Nobel de Economía Richard Thaler a la cabeza, es que somos mucho menos listos y racionales de lo que pensamos al tomar decisiones financieras.

¿Qué son los sesgos cognitivos?

Los sesgos cognitivos son atajos que tu mente usa cuando tiene que procesar rápidamente información para actuar en consecuencia.

El término sesgos cognitivos fue acuñado en 1972 por Daniel Khanemal y Amos Tversky, dos de los padres de la economía conductual. Se refiere a la forma que tiene el cerebro de analizar en pocos segundos la información que recibe y tomar una decisión de forma casi automática e instintiva.

El problema es que estos sesgos cognitivos no se basan precisamente en un pensamiento racional y lógico. En pocas palabras, dejan fuera el análisis en favor de la acción, impulsándonos a tomar decisiones que no siempre son las idóneas.

Distorsiones o sesgos cognitivos: ¿qué tipo de errores nos hacen cometer?

Los sesgos cognitivos distorsionan la realidad de formas muy diferentes. Son los causantes de que te cueste ahorrar, de que no quieras empezar a invertir por miedo a perderlo todo o de que obvies las señales que te dicen que tu análisis de una acción es erróneo.

Los sesgos cognitivos también hacen que desechemos las opiniones que no coinciden con la nuestra; o nos empujan a dar más peso a acontecimientos recientes que a los pasados. Se trata de distorsiones en la percepción de la realidad que después nublan el juicio.

Queramos o no, estamos programados para.

  1. Fijarnos más en cosas que están asociadas con conceptos que usamos mucho o recientemente. En otras palabras, hacemos asociaciones que no siempre son correctas.
  2. Buscar patrones e historias en datos dispersos, aun cuando no haya conexión real.
  3. Prestar más atención a los detalles curiosos, impactantes o sorprendentes que a información que consideramos normal o que ya esperamos. Esto puede hacer que pasemos por alto la información importante a favor de la que es más curiosa.
  4. Confirmar lo que ya sabemos o pensamos y valorar de forma más positiva las personas y cosas que ya conocemos.
  5. Detectar antes los defectos y debilidades en otras personas que en nosotros mismos. Esto hace que pienses que el resto es más influenciable que tú, por ejemplo.
  6. Simplificar cálculos y probabilidades, lo que se traduce en soluciones fáciles (y normalmente erróneas) para problemas complejos. A esto también ayuda nuestra habilidad para descartar datos complejos y optar por las generalidades.
  7. Terminar lo que ya hemos empezado o en lo que ya hemos invertido cierto esfuerzo y tiempo.

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Principales sesgos cognitivos

No todos los sesgos cognitivos tienen la misma fuerza en tu mente ni se repiten con la misma frecuencia. Hay algunos que son mucho más recurrentes y complicados de vencer. Son los atajos clave los que definen tu comportamiento y te hacen cometer buena parte de tus errores financieros y de inversión.

Estos son los sesgos más importantes en las finanzas conductuales:

El sesgo del presente

¿Alguna vez te has preguntado por qué no consigues ahorrar? La culpa la tiene el sesgo del presente. Es la inclinación del cerebro a pensar en el ahora, a buscar la recompensa inmediata frente a la gratificación futura.

Por eso mismo es tan fácil gastarse cada mes todo el sueldo en lugar de ahorrar, aunque seas consciente de la necesidad de hacerlo.

El sesgo de la aversión a la pérdida

Si el sesgo del presente es el que hace que no ahorres, el sesgo de la aversión a la pérdida hace que no inviertas por el simple hecho de que existe la posibilidad de perder. Un estudio de David Kahneman y Amos Tversky demostró que al ser humano le duele perder 2,5 veces más de lo que disfruta ganando. Este hecho tiene repercusiones en la forma de invertir y en muchos otros aspectos de la vida.

Por ejemplo, las tiendas se aprovechan de este sesgo con las rebajas y las ofertas por tiempo limitado. La lógica te dice que si compras un artículo rebajado estás ganando, pero tu cerebro tiende a procesarlo a la inversa. Si no compras, estás perdiendo (en este caso, la oportunidad de comprar más barato).

El sesgo del arrastre

Es cuando hacemos algo sólo porque las personas que nos rodean lo hacen. Este es uno de los sesgos más poderosos y uno de los principales motivos de consumo. Este sesgo es el que te lleva a comprar un determinado tipo de coche si eres directivo, o a llevar un estilo de vida concreto sólo porque el resto de tu entorno lo hace.

Sumado al sesgo del presente, es el causante de que no ahorres más, aunque te suban el sueldo. En el ámbito de la inversión, es lo que hace que compres acciones de empresas que te ha recomendado tu cuñado sin saber si es o no una buena inversión, por ejemplo.

El sesgo de la contabilidad mental

En teoría, el valor del dinero no cambia en función de su origen. En la práctica, para tu cerebro sí que es importante de donde provenga el dinero y cuánto te haya costado ganarlo. Es lo que se conoce como el sesgo de la contabilidad mental.

Por su culpa, es más fácil que te gastes la paga extraordinaria o el bonus que tu salario mensual; más todavía si es un dinero que has ganado a la Lotería. La razón es que tu mente ve ese dinero como algo caído del cielo, que no es tuyo sino una especie de regalo. Y como regalo que es, no ve una pérdida en gastarlo en cosas que normalmente no lo haría.

Esto es también lo que ocurre en los casinos con el dinero que vas ganando. Imagina que acudes con un presupuesto de 50 € y en un momento dado de la noche vas ganando 300 €. Para tu mente ese dinero que llevas ganado es como si fuese de la banca, no es tuyo, y por lo tanto no pasa nada si se arriesga más y se pierde. A fin de cuentas, cuando entraste ya sabías que ibas a gastarte 50 €.

El sesgo de la ilusión de control

En mayor o menor medida, a los seres humanos les gusta pensar que tienen cierto control sobre su entorno. El sesgo de la ilusión del control hace que creas que puedes influir en fenómenos aleatorios o que escapan totalmente a tu influencia.

Por este sesgo soplarás los dados para tener más suerte en el parchís, pulsarás varias veces el botón del ascensor para que llegue antes o tocarás la bocina en un atasco para que vaya más rápido. En el ámbito del deporte, muchos deportistas lo llevan al extremo con rituales de lo más increíbles como entrar siempre al campo con el mismo pie, llevar ropa interior siempre del mismo color…

El sesgo de la experiencia reciente

A la hora de analizar la información, tu cerebro tenderá siempre a dar más importancia a los últimos datos o a tu experiencia más reciente. A la hora de invertir, el sesgo de la experiencia reciente hace que te fijes sólo en los últimos acontecimientos o en la historia más reciente a la hora de tomar tus decisiones.

Si estás pensando en comprar una casa para alquilar, te fijarás en lo que han subido los alquileres los últimos años, pero es fácil que olvides la crisis inmobiliaria de 2008.

El sesgo de la confirmación

¿Te has preguntado por qué es tan fácil encontrar opiniones parecidas a la tuya cuando haces una búsqueda en Internet o tienes dudas? No todo es gracias a Google. El sesgo de la confirmación distorsiona la forma en la que procesas la información, de manera que prestes atención sólo a los datos que confirmen tu teoría.

Al invertir, puede hacer que prestes más atención a los indicios que refuercen tu idea inicial y desestimes las señales que apunten en sentido contrario.

El sesgo del status quo

A tu cerebro le gustan las cosas tal y como son ahora y, sobre todo, evitar cambios que puedan ser irreversibles. Ante una elección que implique cambio, te empujará a “quedarte como estás”, haciendo bueno el dicho de que “más vale malo conocido que bueno por conocer”.

Por eso mismo cuesta tanto cambiar de trabajo, de casa o deshacerte de una acción en la que llevas tiempo invertido. El efecto dotación, por el que valoras más algo que ya posees por el simple hecho de que es tuyo, potencia este sesgo.

El sesgo de conservación

Muy relacionado con los dos anteriores, el sesgo de la conservación es la tendencia a darle más importancia al primer análisis y desestimar la nueva información que recibes. Este sesgo es más fuerte cuanto más complicados sean de analizar y procesar los nuevos datos.

El sesgo de la conservación puede afectar a la hora de tomar decisiones difíciles, como invertir o no en una empresa o comprar una casa. Cuando el primer análisis es afirmativo, a tu cerebro le costará cambiar de opinión.

La heurística de la disponibilidad

Esta trampa de tu cerebro distorsiona la importancia que concedes a la información que recibes y refuerza el sesgo de confirmación. Es la costumbre de tu cerebro de sobreestimar la información que conoces porque es más fácil recordarla.

Esto mismo se aplica a acontecimientos con los que estás más familiarizado o que has vivido de cerca. Tu experiencia hará que creas que existen más posibilidades de que se repita de las que realmente existen. Este sesgo puede afectar a las empresas en las que inviertes y, por lo tanto, al asset allocation y la diversificación de tu cartera.

El sesgo del encuadre

¿Es mejor una rebaja del 30 % o una oferta de tres por dos? ¿Prefieres pagar 2 € por un producto que cuesta 3 € o una oferta de tres por 6 €? Todas estas las ofertas son casi iguales, pero interpretas la información de forma diferente según cómo se presente debido al efecto encuadre.

El sesgo del anclaje

Este sesgo hace que utilices la primera información que recibes como punto de partida para tomar el resto de decisiones. Ese primer dato sirve como ancla, de ahí el nombre de sesgo del anclaje.

Para entenderlo mejor: si el primer precio que te muestran para un ordenador es de 500 € y acto seguido lo reducen a 400 € porque está en oferta, tu mente tomará la primera referencia como el precio válido y los 400 € le parecerán razonables, aunque estén lejos de su valor real y en otra tienda cueste 350 € sin estar rebajado

El sesgo del optimismo

Los seres humanos son optimistas por naturaleza. Es un mecanismo para ser más felices y tener mejor salud, entre otras cosas. Sin embargo, este sesgo puede ser muy peligroso cuando se trata de tomar decisiones financieras, porque hace que no evalúes de forma adecuada las consecuencias de tus actos.

Este sesgo hace que pienses que necesitarás menos dinero para la jubilación, o que creas que las pensiones públicas seguirán manteniendo su cuantía cuando los datos indican otra cosa.

Todos estos sesgos cognitivos son los atajos que usa tu cerebro y que están condicionando tus decisiones económicas. Ahora que los conoces, podrás plantarles cara.

En Naranja I Qué es el coste de oportunidad y cómo se incluye en tus decisiones financieras

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