coronavirus economía
Tiempo de lectura: 9 minutos

El coronavirus ha provocado cambios bastante importantes en diversos aspectos de la economía y la vida social. Muchos expertos aseguran que ya nada volverá a ser como antes, que la nueva normalidad será bastante diferente y que los cambios que se produzcan ahora deberían servirnos para futuras crisis económicas y sanitarias.

¿Qué consecuencias tendrá la pandemia sobre la globalización? ¿Habremos aprendido sobre los errores al invertir? ¿Se consolidará el teletrabajo? Hemos hablado con Francisco Quintana, director de estrategia de inversión de ING, para que nos dé su opinión sobre todo lo que podemos aprender de esta crisis.

Coronavirus economía

Nadie duda que la rápida expansión del coronavirus a nivel mundial ha sido consecuencia de un mundo cada vez más interconectado ¿Deberíamos ser menos dependientes de la globalización para prevenir nuevas pandemias?

La globalización, entendida como el aumento de las conexiones entre personas y países, es un proceso que empezó hace cientos de años. Es además uno de los principales motivos por los que la humanidad es hoy más próspera de lo que ha sido jamás: nunca el nivel de pobreza, mortalidad infantil o el número de muertos en guerras había sido tan bajo como hoy en día, y esto tiene mucho que ver con esas conexiones que hemos creado.

También tiene sus inconvenientes. Sin duda, la rapidez con la que se ha expandido la epidemia tiene que ver con la globalización. Pero no es razonable ni inteligente parar un proceso que genera tanto para tantos. Es como cortarse una pierna porque te has torcido el pie.

Eso sí, la crisis sanitaria ha reforzado algunas tendencias que se han producido en los últimos años en la economía, como el proteccionismo y la aparición de partidos políticos populistas, así como ciertos movimientos anti globalización en Europa y América. Pero, en el fondo, más allá de las proclamas populistas, no creo que se esté poniendo en duda el proceso general de globalización, sino la necesidad de realizar algunos ajustes.

Creo que vamos a aprender de esta crisis desde el punto de vista de protocolos de protección y gestión sanitaria. Veremos reforzados los protocolos de actuación en emergencias: más agilidad para adoptar decisiones difíciles como el tráfico aéreo, el flujo de personas y mercancías, más agilidad para comprar o producir material sanitario clave. También veremos un incremento en el presupuesto asignado a la sanidad, aunque éste podría ser temporal.

Otro cambio se va a producir en los modelos de gestión empresarial, pero será mucho más leve. Al principio de la pandemia, cuando la producción en China sufrió interrupciones, se habló mucho de las ventajas de producir localmente. Luego, cuando la epidemia afectó a todos los países, dejemos de hablar de ello, afortunadamente, porque es un argumento con poco recorrido. Las cadenas de producción descentralizadas han mostrado que tienen muchas más ventajas que inconvenientes, así que no creo que los cambios sean importantes.

El tercer ámbito en el que puede haber cambios es en los diseños de políticas industriales. No ha durado mucho, pero algunos países se han visto en dificultades de proveerse de materiales necesarios para combatir la epidemia. Muchos miraban con envidia a países como Corea del Sur, que ya era un líder mundial en la fabricación de tests, o China, que era capaz de transformar rápidamente parte de su tejido industrial para fabricar mascarillas y ventiladores. Muchos países se replantearán sus políticas industriales y querrán tener más fábricas y laboratorios en territorio nacional, aunque no tenga mucho sentido empresarial. Sin embargo, no espero que sea un cambio radical.

Mi opinión es que dentro de dos años apenas quedarán comportamientos o políticas que hayan sido provocados por esta pandemia.

Los mercados parecen haberse recuperado rápidamente, aunque el PIB de los países todavía sigue cayendo de forma abrupta y el paro sigue creciendo. ¿En qué medida la bolsa ha dejado de ser un reflejo de la situación económica general?

En buena medida, es cierto que la bolsa se ha desligado de la situación económica, pero hay dos aspectos que hay que tener en cuenta.

En primer lugar, que las bolsas miran hacia delante. El precio de una acción se calcula como un descuento de flujos de caja futuros, de manera que los inversores tienen que hacer el ejercicio de pensar cuánto va a valer esa acción en el futuro. Por eso la recuperación de la bolsa es normal, porque no estás hablando de este trimestre, sino de los próximos 40 años, y es probable que el impacto de la pandemia en ese horizonte temporal sea poco significativo.

Además, estamos viendo el impulso monetario fiscal y monetario más importante de la historia, incluso superior al esfuerzo que vimos tras las dos guerras mundiales. El efecto colateral de imprimir tanto dinero es que se puede romper, al menos temporalmente, la relación entre bolsa y economía. Cuando inyectas mucha liquidez en la economía y ese dinero no tiene dónde ir, se acaba invirtiendo en activos financieros. En principio, el dinero busca acomodo en la economía real, pero si no hay los suficientes proyectos de inversión, o los bancos no confían en empresas y familias, el dinero termina en otro lugar. Así, ese dinero nuevo acaba aumentando los precios de acciones y bonos.

La caída de las bolsas ha provocado que muchos inversores hayan vendido sus posiciones antes de tiempo ante el temor de perder más, perdiéndose la posterior subida. ¿Puede servir de lección para futuras crisis?

La naturaleza humana dice que no, que somos así y que es improbable que vayamos a cambiar. Nuestro cerebro no está diseñado para invertir. Sin embargo, el mundo de la inversión es relativamente sencillo y además conocemos los parámetros bajo los cuales funciona: diversificación, bajo costes y a muy largo plazo. Con estas condiciones es casi imposible perder dinero y es muy probable, incluso, que en periodos de diez años consigas una buena rentabilidad.

Si estas reglas son tan sencillas, la pregunta es por qué no todo el mundo consigue ganar dinero y beneficiarse de la inversión.

Por dos motivos. Primero, porque cumplir con estos preceptos tan simples requiere violar muchos de los impulsos naturales del cerebro humano, como por ejemplo, el impulso de esconderte y ponerte a salvo en una situación de peligro como puede ser cuando cae la bolsa. No hay que hacerlo, es peor, pero es difícil luchar contra el instinto.

Segundo, porque el cerebro nos tiende multitud de pequeñas trampas a la hora de tomar decisiones, lo que llamamos sesgos psicológicos. Por ejemplo, el cerebro tiende a extrapolar lo que ha vivido recientemente y forma una visión de futuro con lo que te ha pasado hace poco. Así, cuando pierdes el 30 % de tu dinero en unos días, a tu cerebro le cuesta procesar que lo puedes recuperar a las cuatro semanas.

Eso sí, no todo está perdido, sí que podemos mejorar nuestras reacciones. Existe evidencia de que se puede modificar nuestra reacción en situaciones de estrés. La formación, el entrenamiento, la divulgación financiera y la experiencia pueden tener un impacto positivo en la forma en la que inviertes.

En ING hemos realizado una encuesta sobre cómo han reaccionado los inversores en esta crisis en comparación con la de 2008, y los resultados confirman que muchos aprendieron de la experiencia. Buena parte de los inversores que en 2008 vendieron, en esta crisis mantuvieron sus posiciones; y muchos de los que mantuvieron la inversión en 2008, ahora incluso han invertido más.

El mundo de la inversión es relativamente sencillo y conocemos los parámetros bajo los cuales funciona: diversificación, bajo costes y a muy largo plazo.

La pandemia ha manifestado la debilidad del tejido productivo español, fuertemente basado en el turismo y hostelería. ¿Deberíamos recuperar otros sectores esenciales, aunque sean menos rentables?

Sin duda, sería bueno que nuestra economía tuviera un peso mayor de actividades de gran valor añadido, como la tecnología. Es fundamental crear el entorno legislativo e impositivo para facilitarlo. Pero nos engañamos al creer que es algo sencillo, que un gobierno puede decidir e implementar. Un gobierno crea condiciones pero poco más. Inyectar dinero en una industria que no puede ser competitiva es mala idea.

Por otro lado, creo que es excesiva la demonización que se ha hecho del turismo y la hostelería. La economía global se está transformando, los sectores que más crecen, como el tecnológico, generan poco empleo, y la hostelería y el turismo absorben parte de ese excedente. Además han sobrevivido bien otras crisis, han mostrado mucha resiliencia en el pasado, y no todas las crisis conllevan un confinamiento.

El problema de España, más que el tipo de industria, es el tipo de empleo; de baja calidad, sin formación y con una altísima temporalidad. Esto generalmente se asocia a hostelería y turismo, aunque no necesariamente tiene por qué ser así. Puedes mantener ambos sectores con mejores contratos, cierto nivel de formación y mayor estabilidad laboral. El turismo puede genera un alto valor añadido. Lo que no es buena idea es apostarlo todo a un sector, sea el que sea. Además esas características afectan a muchos otros sectores.

En resumen, esta es una buena oportunidad para darle un empujón a ciertas actividades productivas que ya estaban ahí pero que podemos impulsar más. Además de una nueva apuesta por turismo de calidad, se puede impulsar el desarrollo de energías renovables o de sectores industriales como la automoción, en las que España es uno de los líderes mundiales, centrándonos en la producción de vehículos eléctricos. Pero eso no resuelve el problema principal, que es el del perfil del empleo en España.

Se han puesto en marcha medidas para amortiguar el impacto del COVID-19 sobre las empresas y así evitar que se llevase por delante su liquidez, como los ERTE o los avales públicos. ¿En qué medida crees que han sido efectivas?

No sabemos qué hubiese pasado de no haberse adoptado estas medidas, pero creo que el impacto ha sido alto y muy positivo. Un problema sostenido de liquidez puede acabar suponiendo la quiebra de una empresa y multiplicar el impacto de una crisis sobre el empleo.

De hecho, lo primero que suele ocurrir en los mercados financieros ante una situación de estrés o de pánico es que se corta la liquidez. De repente una empresa sólida se encuentra que tiene problemas para pagar a sus proveedores. Esto se extiende a lo largo de la cadena de suministro y al final se transforma en un problema de solvencia, que es mucho más difícil de gestionar. Mejor ocuparse de la liquidez al principio de una crisis.

Vivimos en una sociedad dependiente del petróleo que, como hemos visto, también ha tenido su impacto negativo durante la crisis. ¿Ha llegado el momento de apostar definitivamente por fuentes de energía alternativas como las renovables?

En general, y sobre todo para España, el incentivo para apostar por las energías renovables ya estaba ahí desde hace mucho tiempo, tanto por una cuestión geopolítica como una cuestión medioambiental.

Pero la crisis no tiene por qué acelerar la transformación. Al contrario, un petróleo más barato hace menos urgente buscar alternativas. Si el petróleo contamina y es caro, tienes dos problemas, si es barato, sólo tienes uno. Es difícil competir con el barril a 20 y 30 dólares.

Así que, en el corto plazo, el impacto ha sido positivo para los consumidores, y negativo para los países exportadores y ciertos tipos de productos financieros, como los bonos basura, que tienen mucha exposición a este sector.

¿Puede ser el coronavirus la medida de impulso que necesitábamos para la digitalización? ¿Deberíamos incentivar la digitalización de las empresas más pequeñas?

En parte, la pandemia ha dado un empujón a la digitalización de ámbitos como los pagos electrónicos, el comercio electrónico y las empresas que ofrecen servicios digitales. Muchas empresas se han dado cuenta de que la adopción de ciertas tecnologías era menos compleja de lo que imaginaban.

No obstante, no creo que todas las empresas puedan digitalizarse completamente, quizás estamos sobrevalorando el impacto de la crisis en este aspecto.

En ING se ha aplicado un modelo 100% de teletrabajo ¿Deberíamos consolidar el teletrabajo en el resto de la economía?

La incorporación del teletrabajo en ING ha sido un proyecto de varios años. No es producto de la pandemia, aunque sin duda ha servido para probar que podíamos funcionar bien incluso en esas condiciones tan extremas. Afortunadamente, estaba muy bien diseñado, y ha funcionado a la perfección, haciendo la transición más sencilla.

Mi opinión es que, aunque la mayoría de cosas volverán a ser como antes de la pandemia, el teletrabajo va a ser la excepción, con cambios perdurables y duraderos. Creo que muchas empresas seguirán este camino. A mi me enorgullece trabajar en una empresa que confía en ti. Dónde estés físicamente y cómo organizas tu tiempo es asunto tuyo.

Siéntete libre con la Cuenta NÓMINA del Banco no Banco

Libre de comisiones, de condiciones ¡y libre de mucho más! Ábrela en 5 minutos y ciérrala en un solo clic… otra cosa es que quieras.

Te mereces esta cuenta

Imagen | Goran Ivos


Tu opinión es muy importante para nosotros.

¿Te ha aportado valor esta información?

1 Estrella2 Estrellas3 Estrellas4 Estrellas5 Estrellas (1 votos, media: 5,00 sobre 5)
Cargando…