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Existen más de 30 billones de dólares invertidos con criterios sostenibles en todo el mundo, que suponen el 26 % del volumen total de dinero en circulación, y la demanda de productos manejados con esos principios por parte de los inversores parece no tratarse de una moda.  

Más de la mitad de esos sostenibles están en renta variable y un 36 % en renta fija. Además, más del 80 % de los grandes inversores institucionales emplea esos criterios en su selección de activos y el 93 % de las grandes compañías mundiales incluye información sobre sostenibilidad en sus informes anuales, según el Global Sustainable Investments Review 2018.

Ya existen 1,45 billones de dólares en emisiones de bonos alineadas con el cambio climático en el mundo, y Europa tiene el mayor volumen de bonos orientados al clima en circulación. Destaca la mayor participación de los emisores privado en estos bonos: desde el 0 % en 2007 hasta más del 60 % en 2018.

Pero hay más datos: se necesita alcanzar el billón de dólares en 2020 para generar un impacto en la descarbonización de la economía, según el objetivo establecido en la Cumbre del Clima de París en 2015 (a cierre de 2018, el volumen emitido es de 521.000 millones). Y aquí España tiene mucho que decir, porque es la séptima potencia mundial en su emisión, solo por detrás de EE.UU., Francia, Alemania, Holanda, Bélgica y Suecia, siendo esta una posición muy por encima de su peso en la economía mundial, donde ocupa la 13ª edición.

Nueve de cada 10 de las principales gestoras del mundo han firmado los Principios de Inversión Responsable (PRI) de la ONU.

Ante estas cifras, solo nos queda rendirnos ante la evidencia: la sostenibilidad es, sin duda, una buena inversión.

Qué son las finanzas sostenibles

Las finanzas sostenibles hacen referencia a la inclusión de cuestiones medioambientales y sociales en la toma de decisiones de inversión. El mundo de las finanzas no puede ser ajeno a la sostenibilidad y a todo lo que rodea a este concepto.

Las finanzas sostenibles son el inicio de una transformación profunda del sistema financiero cuyo resultado final estamos muy lejos de poder siquiera vislumbrar.

Pero sí podemos comprobar que la gestión a medio y largo plazo siempre es más rentable que la basada en el corto plazo. Y que los modelos de finanzas sostenibles generan, además de un impacto positivo en el entorno y en la sociedad, una rentabilidad más moderada pero mucho más estable, menos volátil, para el banco y para sus accionistas e inversores.

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¿Qué iniciativas destacan a nivel global?

Ninguna inversión es neutra, siempre tiene un impacto, positivo o negativo. Por eso, cada vez más clientes exigen a su banco saber qué se está haciendo con su dinero, y cuál es el impacto real de las inversiones realizadas con él. También, si las operaciones que el banco está haciendo con su dinero son coherentes con los principios de inversión socialmente responsables manifestados por el cliente (y también por la entidad financiera). Esa exigencia de transparencia está en el centro de las finanzas sostenibles.

Y en este sentido hay dos iniciativas globales muy interesantes. La Organización de Naciones Unidas (ONU) impulsa los Principios de la Banca Responsable, dentro de la Iniciativa Financiera del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP FI, por sus siglas en inglés). Este acuerdo, que busca definir el papel de la banca mundial y sus responsabilidades de cara a un futuro sostenible, se firmará en septiembre de 2019 en la sede de Naciones Unidas.

Los Principios de la Banca Responsable, en línea con el Acuerdo sobre el Cambio Climático y con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, pretenden conseguir que los bancos adapten sus estrategias, especialmente en lo que hace referencia a la composición de su cartera de financiación, para cumplir con compromisos con la lucha contra el cambio climático y contra las desigualdades sociales y con el apoyo a los sistemas alimentarios del desarrollo sostenible.

247.000

El volumen de bonos verdes emitidos en todo el mundo el año 2018 (en millones de dólares).

Los bancos que suscriban los Principios se comprometen también a consultar a sus grupos de interés sobre sus desafíos de impacto social durante los años siguientes. Tendrán que hacer públicos los objetivos que se marquen, informar sobre sus avances, entre otros compromisos de transparencia.

La industria bancaria mundial está asumiendo el reto de la sostenibilidad. Soy optimista, ya que veremos una realineación de la práctica comercial, una que abarca el hecho de que las empresas verdes y socialmente responsables son las mejores empresas. Satya Tripathi, subsecretario general de la ONU y director de la Oficina de ONU Medio Ambiente

Los Principios para la Banca Responsable alinean a esta industria con el Acuerdo de París y con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, y demuestran un compromiso claro de los bancos con su papel determinante en la creación de un futuro sostenible, el único futuro aceptable y rentable.

La otra gran iniciativa en el campo de las finanzas sostenibles es la Alianza Global para una Banca con Valores (GABV). La GABV es una red internacional de más de 25 bancos internacionales que utilizan las finanzas para dar soporte al desarrollo sostenible de las personas y de las comunidades desfavorecidas y del medio ambiente.

Los principales retos de las finanzas sostenibles

Las finanzas sostenibles siguen una serie de principios básicos, todos ellos enfocados a la mitigación del cambio climático y en favor del medio ambiente.  Los retos se encuadran dentro de estos principios que tienen varios ámbitos de actuación:

  • Alinear la estrategia empresarial de las entidades con los objetivos de la sociedad.
  • Incrementar los impactos positivos sobre el medio ambiente, mitigando y reduciendo los negativos en la medida de lo posible.
  • Trabajar de manera responsable con los clientes de las entidades con el objetivo de generar la mayor prosperidad posible para las generaciones actuales y las futuras.
  • Consultar e involucrar a los grupos de interés relevantes para alcanzar los objetivos de la sociedad.
  • Implementar compromisos a través de sistemas efectivos que reduzcan los impactos negativos más importantes.
  • Apostar por la transparencia, asumiendo las responsabilidades más importantes sobre los impactos positivos y negativos que correspondan.

Imagen | Mert Guller en Unsplash


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