Los casos más graves de inflación
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A lo largo de la historia se han sucedido los episodios de inflación e hiperinflación. Ningún país en ningún momento histórico ha estado exento en mayor o menor medida de los efectos nocivos de la subida generalizada de los precios.

Las subidas de precios suelen tener que ver con la presencia de más cantidad de dinero en la economía (provocada a su vez por aumento del gasto del gobierno, por subidas generalidas de los salarios…), pero no existe ninguna causa única generalizada que explique por qué se produce este fenómeno, así que cada país ha afrontado la inflación a su manera. En algunos casos ha contribuido al crecimiento económico y, en otros, incluso ha sido buscada deliberadamente por los bancos centrales.

Pero, ¿qué ha ocurrido a lo largo de la historia? Estos son algunos ejemplos de inflaciones (y deflaciones) que, lejos de ser positivas, han provocado (o en algunos casos, todavía están provocando) serios perjuicios para la economía del país.

La inflación en Venezuela

El caso actual más paradigmático de inflación es, posiblemente, el de Venezuela. Desde 1999 y hasta 2016, la base monetaria del país latinoamericano creció un 33.011 % para financiar los recurrentes déficits que se estaban produciendo en la balanza comercial como consecuencia de la fuga de capitales más grande del mundo. Consecuencia: Venezuela cerró 2018 con una inflación récord de más de un millón y medio por ciento.

142 %

La inflación registrada en Venezuela solo en diciembre de 2018.

2019 no ha sido una excepción. La inflación acumulada hasta mayo ha sido del 905,6 %. El objetivo es tener un déficit fiscal cero y, al mismo tiempo, cubrir los gastos del estado, por lo que, de momento, la inflación sigue disparada.

La República de Weimar

El pasado 11 de noviembre de 2018 se cumplieron 100 años de la firma del armisticio que ponía fin a la Primera Guerra Mundial. El conflicto dejó una Europa devastada, particularmente en Alemania, una de las potencias centrales.

Entre 1918 y 1933, Alemania se convirtió en la República de Weimar, un régimen político que tenía como objetivo garantizar la reconstrucción del país. Sin embargo, el periodo se caracterizó por una tensión económica que precipitó una elevada hiperinflación entre 1921 y 1923.

Las causas de esta hiperinflación se derivaron de las necesidades que surgieron de la Primera Guerra Mundial, pues el gobierno germano imprimió papel moneda para tratar de satisfacer las sanciones impuestas en el Tratado de Versalles. Tales fueron las exigencias de los aliados, especialmente Gran Bretaña, que Alemania tuvo que realizar un primer pago que equivalía al 26 % del valor de todas las exportaciones alemanas. De hecho, el país germano no terminó de pagar su deuda hasta bien entrado el siglo XXI, concretamente en 2010.

Como muestra, un botón: el billete de metro pasó de costar 0,10 marcos en 1918 a 150 millones de marcos 1921; el sello más caro en 1918 costaba 4 marcos, en 1923, 50.000 millones de marcos. Llegó un momento en el que el valor del papel en el que se imprimían los billetes superaba al valor nominal, lo que provocó situaciones tan surrealistas como que los niños construyeran castillos con ellos o la gente los quemara en sus chimeneas para calentarse.

La inflación argentina de la segunda mitad de Siglo XX

En Argentina, los episodios de inflaciones e hiperinflaciones se han sucedido durante la segunda mitad del Siglo XX. Desde 1945 y hasta el momento actual, la inflación interanual ha estado por debajo del 10 % tan solo 4 años, alcanzando los tres dígitos en 13 ocasiones, incluyendo dos años donde la hiperinflación se instaló en la economía del país. De hecho, Argentina ostenta el récord de mayor persistencia del fenómeno.

Para entender la magnitud del problema, si en 1945 podíamos pagar un café con una moneda de 20 centavos, en 2019 necesitaríamos más de 5000 millones de toneladas de esa misma moneda.

El periodo más duro se produjo durante los años 1989 y 1990. Nunca antes se había vivido semejante escalada en los precios en el país. Durante estos dos años confluyeron diversos factores negativos, como el alto endeudamiento, el estancamiento económico, la desinversión en bienes de capital e infraestructura y un grave desequilibrio fiscal y de balance de pagos.

La consecuencia fue una hiperinflación de un 3079 % en 1989 y un 2314 % en 1990. En la actualidad, la inflación se encuentra en el 32 %, y los tipos de interés de referencia superan el 65 %, mientras en Europa está en el 0 % desde hace más de tres años.

La deflación de Japón

Si hay un fenómeno igual de perjudicial o más que la propia inflación, ese es la deflación, es decir, la caída generalizada en el precio de los productos, pues puede provocar recesiones sostenidas en el tiempo. Y en Japón lo saben muy bien. No en vano, en el país nipón hay toda una generación de jóvenes que ha vivido toda su vida en un entorno económico de caída de precios en los bienes de consumo.

Ni siquiera todas las inyecciones monetarias que Shinzo Abe ha llevado a cabo durante sus mandatos han servido para paliar este problema. Las famosas Abenomics han sido un experimento monetario sin precedentes con el objetivo de impulsar la inflación. Una política monetaria ultra-expansiva que incrementó el balance del Banco de Japón hasta unos 3,5 billones de euros. Por ponerlo en perspectiva, su PIB en 2018 fue de 4,2 billones de euros.

Afortunadamente, a pesar de que los resultados no han sido los esperados, la deflación parece alejarse. No obstante, todavía persisten algunos fantasmas: su deuda pública sigue siendo, de largo, la más elevada de todos los países del mundo; el consumo sigue siendo bajo y las empresas siguen sin subir los salarios de sus trabajadores.

255 %

Es la deuda pública de Japón como porcentaje del PIB.

El futuro sigue siendo complicado en Japón, pues la imposibilidad de generar más inflación impide reducir el peso de la deuda y fomentar el crecimiento económico. Nadie sabe exactamente lo que pasará, pues Japón merece un capítulo aparte cuando tratamos de analizar la coyuntura económica de los diferentes países del mundo.

Otros episodios de inflaciones en el mundo

Como hemos visto, la inflación está presente en todos los países y momentos históricos. Analizar uno por uno cada caso es tarea inabarcable, pero hay dos casos que destacan por encima de los demás: Hungría y Zimbabwe.

El caso más salvaje de hiperinflación que se recuerda fue el de Hungría en 1946, un país que había sufrido la ocupación alemana durante la Segunda Guerra Mundial. Los precios se duplicaban cada 15 horas, y el banco central del país llegó a imprimir billetes por valor de 100 trillones de pengős, la moneda húngara de aquel momento.

Zimbabwe tampoco le va a la zaga. El gobierno de Robert Mugabe, recientemente depuesto, provocó que los precios se duplicasen cada 24 horas (una inflación mensual del 79.600 millones, por ciento). Para la historia de las inflaciones quedan los billetes por valor de 100 billones de dólares zimbabwenses (sí, con 14 ceros).

Imagen | Slava Bowman en Unsplash

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