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El 15 de agosto de 1971, Richard Nixon anunciaba el fin de la convertibilidad entre el dólar y el oro después de 26 años en los que estaba vigente el patrón oro surgido a raíz de los acuerdos de Bretton Woods.

Casi 50 años después, el Nixon Shock ha tenido un impacto sin precedentes en el sistema monetario internacional. Pero, ¿qué hubiese pasado si esa mañana Nixon no hubiese tomado esa decisión?

Qué es el patrón oro

El oro es y ha sido siempre mucho más que un metal precioso. Cumple con todas las características que tiene que tener un buen dinero: un excelente medio de intercambio, un valor estable a lo largo de la historia y una muy buena unidad de cuenta.

Pero, además, el oro ha sido utilizado para respaldar el dinero emitido por algunos Gobiernos, es lo que se conoce como patrón oro. Bajo este sistema, los bancos centrales emiten papeles que actúan como dinero, igual que cualquier otro banco central, pero con la particularidad de que estos billetes son convertibles en oro si el tenedor así lo requiere. Es como si se pudiese canjear una moneda o billete por una cantidad determinada de oro.

Eso quiere decir que el dinero en circulación depende en todo momento de la cantidad de oro que tenga en su poder el Gobierno. En el patrón oro, ningún estado puede imprimir dinero por encima de sus reservas de oro, lo que asegura cierta disciplina monetaria y una contención de la inflación.

El origen del patrón oro: los acuerdos de Bretton Woods

El sistema de patrón oro estuvo vigente en EEUU desde 1944, cuando se aprobaron los acuerdos de Bretton Woods, hasta 1971. Su objetivo era garantizar una cierta disciplina monetaria con la Segunda Guerra Mundial como telón de fondo, además de establecer las reglas para mejorar las relaciones comerciales internacionales y acabar así con el proteccionismo.

Para ello, Estados Unidos adoptó un tipo de cambio fijo entre el dólar y el oro; a 35 dólares la onza. La Reserva Federal podía cambiar dólares por oro a ese precio sin restricciones ni limitaciones. Al estar fijo el valor del dólar, el resto de países tuvieron que adoptar el mismo sistema, de manera que todo el mundo se vio obligado a utilizar un sistema de cambios fijos entre monedas.

Este patrón oro ejercía como mecanismo de contención financiera. No se podían realizar políticas monetarias expansivas porque existía un límite cuantitativo: las reservas de oro en poder de los Bancos Centrales.

Fin del patrón oro: la vuelta al dinero fiat

El sistema funcionó perfectamente hasta que comenzó la Guerra de Vietnam. Estados Unidos se vio obligado a imprimir y enviar al exterior miles de millones de dólares para financiar la guerra. Además, en 1971 el país tuvo un déficit comercial por primera vez en el siglo XX.

Con la vuelta al dinero fiat (es decir, sin respaldo del oro) la Reserva Federal volvía a tener la potestad para imprimir dinero sin ningún tipo de restricción y el dólar volvía a fluctuar libremente.

Esta situación provocó un cambio sin precedentes en el sistema monetario internacional. La Reserva Federal comenzó un conjunto de políticas monetarias expansivas que aún se mantiene a día de hoy, y que ha crecido de forma significativa como consecuencia de la última crisis económica.

¿Qué hubiera pasado si se hubiera seguido con el patrón oro?

El crecimiento del balance de la Reserva Federal ha sido exponencial en los últimos 50 años. Así, si entre 1960 y 1970 creció solo un 51%, entre 1970 y el 2000 la base monetaria estadounidense se duplicaba cada década (un 688 % en total).

Sin embargo, la verdadera eclosión se produjo tras la crisis de 2008, provocando que entre 2000 y 2010 la base monetaria creciera un 231 %. Después se estabilizaría, creciendo únicamente un 73 % entre 2010 y 2020, aunque la reciente crisis sanitaria ha provocado que se vuelva a disparar. Ha aumentado un 50% solo entre enero y mayo de 2020, un hecho sin precedentes.

En total, entre 1960 y mayo de 2020, la base monetaria de Estados Unidos pasó de 50.000 millones de dólares a más de 5 billones. Es decir, 100 veces más, un espectacular 10.000 %.

Sin embargo, si se hubiese mantenido el patrón oro, y asumiendo un incremento equivalente a la década de los 60, la base monetaria de EEUU hoy sería de 500.000 millones de dólares. Un 1000 % más que en 1960, pero 10 veces menos que lo que es actualmente.

Inflación y patrón oro: las consecuencias sobre el nivel de precios

El aumento del balance de la Reserva Federal después del Nixon Shock ha tenido consecuencias sobre otras variables macroeconómicas. La más importante de ellas es, sin duda, la inflación. El abandono del patrón oro provocó un aumento de precios sin precedentes en la economía norteamericana.

Entre 1945 y 1971, la inflación acumulada fue del 123 %, en los 26 años siguientes (de 1972 a 1998), de casi el 300 %, con dos picos en 1974 (12,34 %) y 1979 (13,29 %). Es decir, más del doble.

No fue hasta 2008 cuando la inflación se moderó, pero como consecuencia de una de las mayores crisis económicas que se recuerdan. Desde entonces, y a pesar de todos los esfuerzos realizados por la Reserva Federal, el nivel de inflación está contenido, y no ha superado el 3 % en ninguno de estos últimos años.

Parece lógico pensar qué hubiese pasado con la inflación en caso de haber continuado con el patrón oro. Dado que la oferta monetaria estaba limitada a las reservas de oro, la presión sobre los precios no hubiese sido tan grande. Como consecuencia, es previsible que Estados Unidos hubiese mantenido unos niveles de inflación de aproximadamente la mitad en estos últimos 50 años.

 

La contención del gasto público

El patrón oro también actúa como freno al gasto público, sobre todo porque impide o reduce la posibilidad de monetizar deuda (es decir, financiar el déficit público mediante el aumento del dinero en circulación). De hecho, en el periodo que va desde 1951 hasta 1971, el déficit federal de EEUU sobre PIB fue de 0,6 % de media, mientras que durante el periodo 1972 a 2015 fue del 3 %.

Bajo este sistema, no se hubiesen podido financiar muchos de los gastos en los que ha incurrido Estados Unidos en las últimas décadas. Pero también se hubiera evitado la aprobación de sucesivos aumentos del techo de gasto, que en última instancia han provocado situaciones tan dramáticas como la paralización casi total de todas las instituciones públicas en 2011.

Las consecuencias del abandono del patrón oro para el dólar

El anuncio de Nixon no supuso solo el fin del patrón oro, sino también la devaluación instantánea de un 10 % del dólar. En los últimos años, el dólar ha seguido perdiendo valor, especialmente con respecto al oro, cuya diferencia ha aumentado de forma significativa en los últimos años.

Así, si durante el patrón oro una onza de oro era convertible a una tasa fija de 35 dólares, en la actualidad son necesarios 1800 dólares para una sola onza. Es decir, el dólar ha perdido, en estos casi 50 años, más de un 98 % de su valor en términos de oro.

De hecho, cuando Nixon decidió romper el último lazo entre el oro y el dólar, en el mercado predominaron quienes querían deshacerse a toda prisa de sus dólares para poder comprar activos cuyo valor no se degradase tan rápidamente.

Evidentemente, esto no hubiese pasado si hubiésemos seguido con un patrón oro. El precio de este metal precioso habría quedado fijo en 35 dólares la onza, y no habríamos visto un desplome en la cotización del dólar de estas características.

¿Sería conveniente la vuelta al patrón oro para Estados Unidos?

Ya hemos visto que, si hubiera mantenido el patrón oro, Estados Unidos no hubiese vivido situaciones de inflación, el dólar seguiría siendo una moneda con un valor respaldado y el déficit de Estados Unidos habría estado contenido.

Por tanto, viendo las ventajas del patrón oro, ¿por qué no volver a la situación anterior a 1971? Parece difícil, sobre todo teniendo en cuenta que sería un freno a las políticas monetarias expansivas de los últimos años. El sistema monetario actual permite introducir estímulos en la economía, y una hipotética vuelta al patrón oro impediría llevar a cabo este tipo de políticas.

Además, hay quienes sostienen que no hay reservas de oro suficientes como para respaldar los elevados niveles de deuda pública y el déficit comercial de Estados Unidos, especialmente teniendo en cuenta la amenaza de China y la guerra comercial.

En cualquier caso, el debate sigue estando de plena actualidad. Es una propuesta recurrente en el Congreso de Estados Unidos, especialmente respaldada por el Partido Republicano. Y hasta el mismo Trump se ha mostrado partidario de un dólar respaldado por oro. Sin embargo, parece difícil que podamos ver un regreso al patrón oro, al menos en un futuro próximo.

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