Todo pasa y nada queda, o cómo funcionan los ciclos de la economía

Decía Antonio Machado que todo pasa y nada queda, y también que lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar. Y razón no le faltaba al poeta. Nada en la vida es para siempre, y eso nos ofrece una perspectiva fascinante que nos augura que lo que vivimos hoy no tiene por qué ser igual que lo que viviremos en un futuro.

La economía, como todo en la vida, pasa por una serie de rachas, que técnicamente se llaman ciclos. Y esos ciclos de la economía conviene comprender cómo se forman, cómo evolucionan y cómo se transforman. Precisamente porque nada es para siempre y porque todo ciclo desemboca en una situación diferente a la anterior.

Todos hemos oído hablar de auges, estancamientos, recesiones, depresiones, crisis, recuperaciones. Son momentos y fases de los ciclos de la economía. En sí, el principio de los ciclos económicos es muy simple. Todo lo que sube acaba por bajar, y cuando ha bajado del todo comienza de nuevo a subir. Y vuelta a empezar, que para algo son ciclos.

Lo que ocurre es que en economía las cosas no siempre son (de hecho, rara vez son) blancas o negras y mucho menos matemática pura. Si las cosas fueran tan sencillas, quizás se podrían modificar fácilmente y a voluntad. Pero no. Lo que trae de cabeza a los economistas es la indeterminación de los ciclos, el cuándo habrá cambio de fase, el dónde fijar cada punto de inflexión.

Y esa dificultad que sufren los economistas hasta el punto de no ponerse de acuerdo entre ellos viene dada por la abundancia de causas que repercuten en la creación de cada momento de la economía. Y además esas causas interactúan entre sí de forma diferente dependiendo de cuál sea el momento de la economía en el que nos hallemos.

Pongamos un caso práctico. Ahorrar o comprar. Si ahorramos nuestro dinero no compramos cosas, y si compramos cosas no ahorramos nuestro dinero. Bien, de acuerdo. Nosotros, como ahorradores inteligentes que aspiramos a ser, sabemos que en el equilibrio está la virtud, pero ahora estamos poniendo casos extremos para comprender por qué se precipitan los cambios.

En un caso extremo, si decidimos ahorrar todo nuestro dinero no compraremos nada, y eso se trasladará a la economía. Por el contrario, si lo compramos todo ayudaremos a que se expanda la economía, pero a costa de no ahorrar dinero, lo que tampoco parece demasiado recomendable, ¿verdad?

Esto tiene que ver también con variables como la inflación y el desempleo. Mientras aumente la inflación y se reduzca el desempleo estaremos en una fase de recuperación, habrá consumo y bonanza económica hasta llegar a la fase de auge, cuando hablaremos de pleno empleo. Pero a partir de ahí, tras producirse un cierto estancamiento, la economía comenzará a decaer, el consumo bajará influido por el desempleo y por la expectativa de que los precios caigan, y estaremos en una fase de depresión.

Y así hasta llegar a la crisis, donde todo el mundo necesita vender pero no tiene quien le compre por falta de recursos y de expectativas. Y no, no se trata de que los bancos centrales emitan más dinero. Ya vimos que eso podía generar inflación pero no necesariamente empleo. Esta fase suele acabar con una renovación del capital, que ocasiona creación de empleo e inflación, recuperación, y vuelta a empezar.

Esto es un esquema de lo más pulcro y limpio. Pero en cada una de esas fases, cada uno de los factores que intervienen interactúa con el resto de una forma que no siempre es posible de determinar claramente y mucho menos de prever a tiempo. Por eso cuando se habla de ciclos de la economía más que buscar el momento concreto en que cambiarán las cosas se trata de comprender al poeta: lo nuestro es pasar haciendo caminos sobre la mar.

Y mientras lo hagamos, estaremos trabajando por que la economía fluya.

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