¡Atentos autónomos! Nueve frases para detectar que un cliente no tiene intención de pagar

¿Me lo puede hacer sin IVA?” Todos recordamos la frase con la que comenzaba el anuncio de la Agencia Tributaria. En este spot, un trabajador respondía a esta pregunta explicando que sin IVA tampoco habría hospitales, pensiones, o carreteras, entre otros. Pero hay algún cliente que no solo no quiere pagar lo que es de todos, sino que también trata de evitar pagar todo lo demás.

Esto es especialmente importante si tenemos nuestro propio negocio, porque es posible encontrar clientes que buscan posponer sus pagos lo máximo posible (en vez de usar una línea de crédito) o, incluso, no abonar ciertos trabajos. A continuación vamos a revisar nueve frases que nos ayudarán a detectar que un cliente no tiene intención de pagar.

“¿Puedes quitarme el IVA?”

Parece algo de sentido común declarar todos los trabajos realizados y pagar el IVA, aunque no hacerlo es una práctica que, en ocasiones, sucede en nuestra sociedad. No pagar un porcentaje del valor del producto o servicio hace pensar que se ha ganado dinero y, por tanto, calidad de vida. Y, aunque es cierto que a corto plazo existe un beneficio monetario, cuando no se paga IVA se pierden prestaciones sociales futuras que afectan a todos. Por mucho porcentaje que se crea que se ha ganado hoy, acabará por perderse dentro de diez, veinte o cincuenta años.

“Apúntalo en mi cuenta” o “Te lo dejo a deber”

Sentimos cierta predilección por las cuentas en los locales de confianza. Si podemos, lo dejamos a deber todo el tiempo posible. Nos gusta pagar más tarde. El catedrático Santiago Niño Becerra dijo en tono jocoso en una ocasión, refiriéndose a este punto que “nadie puede pagar lo que debe, pero nadie debe decirlo porque nadie es capaz de asumirlo”.

Junto con la cuenta que “ya te pagaré” está el “te lo dejo a deber”. La mejor defensa que tiene el empresario en estos casos es contar con una buena base de datos con lo que le deben los clientes, aunque sean pequeñas cantidades. Esto puede realizarse tanto desde un teléfono móvil con una aplicación de control de gasto o con una libreta. Por otro lado, no es bueno ni para el cliente ni para el empresario dejar crecer esta cuenta, ya que para cuando se desee cobrar podría ser demasiado abultada.

“Te lo pago cuando cobre”

En ocasiones, algunas personas tienden a relacionar la obligación de un pago con nuestra necesidad de un cobro, transmitiendo a nuestro proveedor las facturas impagadas de nuestro cliente. Se crean así cadenas de impagos “porque el cliente final no paga”, sin haber sido previsores de este posible inconveniente.

Es por ello que, como empresario proveedor, se debe tener clara la liquidez del cliente y el estado de sus cuentas. Para ello hay multitud de plataformas online, como IberCheck, que ayudan a comprobar estos datos. Una empresa que no verifica sus fuentes de ingresos puede acabar transmitiendo una carga de deuda a través de la cadena de valor de un producto o servicio.

“Te lo pago si…”

Otra mala praxis es usar la deuda condicional, obligando alproveedor a aumentar el valor del producto antes de abonar el pago. Un ejemplo de este comportamiento se suele dar en los negocios de programación, en los que el cliente solicita una y otra vez modificaciones al producto con la excusa de que “hasta que no esté completo, no pago”. Para protegerse de estas prácticas se recomienda siempre trabajar no solo bajo un contrato de trabajo específico, sino regular la actividad con cada empresa mediante un marco de trabajo previo y un calendario de pagos.

“Conseguirás experiencia” o “Te ayudará en tu currículum”

Las colaboraciones están a la orden del día: varias personas se juntan para realizar un trabajo concreto con el que obtener algún tipo de beneficio. Unos buscan dinero, otros visibilidad, otros mejorar su currículum. Los objetivos de cada uno son personales y subjetivos, pero nadie debería trabajar sin el beneficio que espera.

En el mundo de los trabajadores por cuenta propia, y sobre todo entre aquellos que están empezando, en muchas ocasiones se ofrece trabajo no remunerado bajo la premisa de que es experiencia y currículum lo que el trabajador necesita, en lugar de dinero. Salvo proyectos no monetizados y de carácter voluntario, como el trabajo ayudando en una ONG, el trabajo realizado debe ser cobrado.

Para evitar este tipo de prácticas abusivas, lo ideal es preguntar siempre cuáles van a ser las condiciones, buscar en plataformas de freelance con buenas críticas y firmar un contrato de trabajo con la organización. Algunos colegios profesionales también se ofrecen para denunciar públicamente a aquellas organizaciones que ofrecen trabajo sin remuneración.

“Ah, pero, ¿no era gratis?”

Nos hemos acostumbrado a que haya servicios gratuitos, como cuando usamos WhatsApp. Tanto es así que en ocasiones nos sorprendemos de que algo cuyo valor damos por dado tenga coste.

A menudo, un cliente puede pedirnos pequeños cambios en proyectos ya realizados o incluso tareas nuevas pero de escasa entidad, esperando que lo hagamos gratis, como un favor, porque “total no te cuesta nada”.

Para evitar inconvenientes de este estilo se recomienda disponer de un catálogo en el que aparezca de manera clara el coste de cada servicio o producto, por pequeño que sea, para evitar sorpresas por parte del cliente.

“Estoy llegando, tómate otro café”

Cuando se habla de deudas no pagadas se suele pensar en euros y no en minutos. Pero no por nada se dice que el tiempo es oro. En muchas ocasiones, el tiempo es incluso más importante que las obligaciones dinerarias. Cuando una persona llega tarde a una cita previa, le está sustrayendo tiempo a la persona con la que se ha citado.

Tenemos la costumbre de anunciar que “ya estamos llegando” unos minutos antes de meternos a la ducha para acudir a nuestra cita. Es algo que no ocurre en otras culturas, como la japonesa, en la que si se dice “estoy llegando”, la otra persona será capaz de vernos físicamente.

La solución a este tipo de comportamiento es dejar clara la importancia del tiempo para el emprendedor desde el principio. El tiempo es ese espacio en el cual podemos desarrollar nuestra actividad, y que está relacionado de manera casi directa a nuestra proyección profesional y empresarial.

Recordemos que los intercambios económicos son cosa de dos, y que solo puede haber beneficio si ambas partes salen ganando.

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