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Los edificios, al igual que los electrodomésticos, tienen una calificación energética según la cantidad de energía que consumen. Esta clasificación va desde la A, máxima categoría que define a los edificios más eficientes, a la G, en la que se encuentran los edificios menos eficientes, construidos antes de la aprobación del Código Técnico de la Edificación en 2006. Desde 2013, la etiqueta energética que califica la eficiencia de los edificios es obligatoria para vender o alquilar una vivienda.

En España existen más 25 millones de viviendas, de las que 6 millones tienen más de 50 años, lo que significa que se han construido sin ningún criterio de eficiencia. Desde que entró en vigor la certificación energética de los edificios, el grueso de las calificaciones se sitúa entre las letras D y G.

Cómo se obtiene la calificación energética

La calificación energética se obtiene a partir del análisis de los materiales de construcción de la fachada y cubierta de la vivienda, la orientación, las ventanas y las instalaciones de calefacción, aire acondicionado y agua caliente. El técnico certificador, después de visitar el inmueble para la toma de datos, introduce la información en un programa informático que calcula la calificación energética que corresponde al edificio en base a estos criterios.

Además de la letra que identifica a la vivienda, el certificado energético informa sobre el nivel de emisiones de CO2 y del consumo de energía, lo que nos permite saber cuál será el gasto económico requerido. También ofrece sugerencias sobre las mejoras que son necesarias para elevar la calificación energética del inmueble, su coste y el ahorro que se consigue.

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Las diferencias entre la calificación G y la A

Una vivienda calificada con la G significa que es poco eficiente, con un gasto medio anual en calefacción, agua caliente y aire acondicionado muy superior a la media del consumo nacional, porque carece de aislamiento, tiene una mala construcción y, además, no utiliza sistemas de calefacción eficientes.

Por el contrario, para conseguir una calificación A requiere un buen diseño y orientación, instalaciones de alto rendimiento, un correcto aislamiento de la fachada y cubierta y el uso de energías renovables activa y pasivamente.

Al hablar de consumo, las diferencias entre ambas calificaciones son elevadas. Una vivienda con la máxima calificación energética A consume un 55 % menos que la media y un 90 % menos respecto a una con la letra G. Una vivienda B consume un 70 % menos y una C un 35%.

En términos económicos, y según los datos recogidos en los certificados energéticos realizados por Certicalia.com, hay una diferencia de unos 1253 € al año en gastos de calefacción, refrigeración y agua caliente entre un vivienda poco eficiente, con una calificación energética G (cuyo coste puede llegar a los 1535,85 € al año), y otra vivienda eficiente, con una calificación energética B (con un coste de 282,67 € al año).

Las viviendas nuevas tienen la mejor calificación

El parque de viviendas de nueva construcción se caracteriza por tener unos niveles de eficiencia energética altos. Con el objetivo de llegar a construir edificios de consumo de energía casi nulo en 2020, las nuevas viviendas ya son diseñadas para no necesitar energía para su funcionamiento o utilizar solo energía renovable.

Estas casas tienen un mayor aislamiento térmico que se consigue mejorando la envolvente del edificio al duplicar el aislamiento de la fachada. Controlan la pérdida de calor a través de sistemas de ventilación de doble flujo y con la instalación de sistemas de acristalamiento bajo emisivo que mejoran también el aislamiento acústico. Y para reducir el consumo de energía utilizan calderas de condensación y energías renovables.

Cómo mejorar la calificación de la vivienda

En el caso de los edificios ya construidos, se puede mejorar la calificación energética realizando algunas actuaciones como la incorporación de sistemas de aislamiento en la fachada y cubierta del edificio o mediante el cambio de las ventanas, sustituyendo las de vidrio simple por otras de doble o triple capa de vidrio y rotura de puente térmico que impiden las pérdidas de calor y mantienen la vivienda aislada del frío.

Estas actuaciones para mejorar la eficiencia energética de las viviendas cuentan con algunas ayudas a través de diferentes programas como el Plan de Vivienda, el programa Pareer o los planes renove de calderas y ventanas de las diferentes comunidades autónomas.

En definitiva, la calificación energética de la vivienda es un elemento que debes valorar cuando vas a comprar una vivienda porque te ofrece una información sobre el consumo energético que repercutirá en las facturas de energía.

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