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La mayoría de adultos de nuestro país únicamente han conocido la cultura de la vivienda en propiedad. España tiene uno de los porcentajes más altos de propietarios de vivienda de toda Europa occidental y hasta hace poco tiempo, la gran mayoría de jóvenes abandonaba su hogar paterno para, directamente, comprarse una casa financiada con hipoteca. Sin embargo, esta tradición tan arraigada entre los ciudadanos españoles ha cambiado por completo debido fundamentalmente a la crisis económica y la inseguridad acerca del futuro laboral y económico.

Una circunstancia que no es única en España. En la última década, muchos países han visto cómo sus jóvenes se han decantado por el alquiler en lugar de la compra. Este cambio ha generado mucha expectación, hasta el punto de que ya les han acuñado su propio nombre, la generación del alquiler, aludiendo al alquiler como la opción elegida a largo plazo por la mayoría de jóvenes europeos.

La crisis financiera global y la consecuente inseguridad sobre su futuro en términos de seguridad en el empleo e ingresos estables que han tenido sin duda su impacto en la forma en la que los jóvenes consideran la vivienda en propiedad. En todas las sociedades, tener una vivienda en propiedad está relacionado con un conjunto de aspectos aspiracionales desde hace varias décadas. Y es que poder adquirir una vivienda es sinónimo de éxito y reconocimiento social.

La historia de la propiedad en España

En los años 50, el alquiler no solo era una opción habitual sino que, de hecho, era la opción elegida por la gran mayoría de personas en España. Hasta 1950, el alquiler siempre estaba por encima de la vivienda en propiedad a nivel nacional. Para entender por qué España es a día de hoy un país de propietarios, debemos entender cuál ha sido la evolución del mercado inmobiliario y las consideraciones a nivel político y social.

Después de la recesión económica provocada por la Guerra Civil en España en la segunda mitad de los años 30, el crecimiento económico posterior condujo a un éxodo rural que produjo un problema serio de escasez de viviendas. Para solucionar este problema, se promulgó en 1961 el Plan Nacional de la Vivienda que tenía como fin  promover la compra de nuevas viviendas en España.

Este hito marcó un antes y un después en la forma en la que vivían los ciudadanos españoles. Desde ese momento, el porcentaje de propietarios de vivienda fue creciendo de forma continua. Por su parte, el alquiler era una opción cada vez más residual, dirigida únicamente a personas que no podían permitirse comprar una vivienda en propiedad o una opción voluntaria para un momento específico en la vida de una persona o un grupo social, como por ejemplo profesionales con una cierta movilidad laboral o geográfica.

La situación durante la burbuja inmobiliaria

Más adelante, en los años 90, la vivienda en propiedad era no solo considerado como un elemento de éxito dentro de un estilo de vida concreto, sino también como una realidad muy extendida dentro de todas las clases sociales. Tanto era así que en 1991, una encuesta nacional mostró que el porcentaje de las viviendas en propiedad de la clase trabajadora era incluso superior que la de los profesionales.

La cultura de la vivienda en propiedad se reforzó aún más en la década anterior a la crisis financiera global (en 2008), cuando el mercado de la vivienda experimentó un periodo de expansión máxima.

En esos años, los propietarios se vieron beneficiados por varios motivos

  • Por los préstamos hipotecarios eran fácilmente accesibles con bajos tipos de interés y plazos de amortización largos.
  • Por la puesta en marcha de la deducción de impuestos sobre la primera vivienda.
  • Por último, por la percepción generalizada de que el valor de la vivienda nunca bajaba, lo que animaba a los ciudadanos a pedir préstamos para financiar su compra.
80 %

El porcentaje máximo de propietarios de vivienda alcanzado durante la burbuja inmobiliaria (en 2007).

Como resultado de todos estos factores, se produjo una euforia por la vivienda bajo la de que este tipo de activos siempre merecían más la pena que cualquier otra inversión.

La salida de la crisis y la predilección por el alquiler

Sin embargo, la salida de la crisis económica y social en España provocó un desplazamiento de la propiedad al alquiler, que era mucho más intensa entre los estratos de población más jóvenes. La tenencia absoluta de viviendas decreció de forma modesta después de la crisis, pero si consideramos únicamente a los jóvenes, estas caídas fueron mucho más severas. De hecho, según un estudio reciente, existe un cambio de tendencia entre los jóvenes de entre 18 y 29 años que viven de forma independiente.

Hay una caída dramática desde el 52 % en 2007 al 29 % de 2016 en el porcentaje de propietarios de vivienda, con un incremento del alquiler del 38 al 53 %.

Ante estos aparentes cambios históricos en lo que respecta a la vivienda en propiedad, nos enfrentamos ante una cuestión esencial: ¿en qué medida estamos viendo un abandono de una cultura tan arraigada entre la sociedad española como la compra de la vivienda y en qué medida estas dinámicas son simplemente una consecuencia temporal de la crisis económica?

Cómo ha cambiado el discurso de la vivienda en propiedad

Antes de la crisis económica, la mayoría de jóvenes veía a la vivienda como una inversión. Este pensamiento tan generalizado se basó en la premisa de que la vivienda nunca bajaba, que siempre era posible revenderla y recuperar buena parte del dinero invertido.

Esta confianza en el mercado de la vivienda hizo creer a muchos jóvenes que alquilar era tirar el dinero. Sin embargo, después de la crisis, la mayoría de jóvenes prefieren alquilar antes que ser propietario de una vivienda, pensando en que es una inversión peligrosa que podría dejarles en la calle. Además, los jóvenes no están seguros de qué les deparará el futuro, por lo que alquilar es actualmente una apuesta más segura: otorga más flexibilidad y puede adaptarse a las inciertas perspectivas de vida que afrontan los jóvenes hoy en día.

En conclusión, la flexibilidad y la adaptabilidad son factores que tienen mucha más importancia para los jóvenes en la actualidad, y especialmente después de la crisis económica. Esta circunstancia puede explicarse por una menor confianza en el mercado de la vivienda y, sobre todo, una menor seguridad laboral. En estas circunstancias, los jóvenes piensan que el alquiler es una opción más estable y segura.

Sin embargo, y aunque el discurso ha cambiado en comparación con los datos anteriores a la crisis, la llamada cultura de la propiedad no ha desaparecido por completo de los discursos sobre la vivienda de los adultos, especialmente entre las personas de clase media- baja y aquellos que están pensando en formar una familia.

Este artículo ha sido producido en colaboración con Think Forward Initiative, una iniciativa de ING y otras empresas líderes que busca empoderar a las personas para que tomen mejores decisiones financieras.

Fuente: Taylor of Francis Online

Imagen | Jake Ingle on Unsplash


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