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El debate en torno al mercado inmobiliario sigue de plena actualidad en todos los países europeos. El acceso a la vivienda a los ciudadanos se ha convertido en un auténtico desafío para los Gobiernos del viejo continente. Una circunstancia que no es única en España. En la última década, muchos países europeos han visto un cambio en la opinión de los ciudadanos europeos en torno al problema de la vivienda, y la crisis económica ha agudizado esta percepción.

En este formato interactivo hemos querido hacer un análisis de la situación actual de la vivienda en España en relación con los países de nuestro entorno cercano. Y aunque parezca paradójico, los resultados no nos dejan tan mal como pudiese parecer.

El precio de la vivienda en España, inferior a la media europea

A diferencia de lo que pudiésemos pensar, el precio de la vivienda en España es un 8,8 % inferior a la media de la Unión Europea, según datos de Eurostat. Esto nos hace situarnos por debajo de países centroeuropeos como Francia, Bélgica o Alemania, y muy lejos de los países más caros de nuestro entorno: Suiza y Reino Unido. Por contra, el precio de las viviendas en España es bastante superior al de resto de países mediterráneos a excepción de Italia, donde es similar.

Sin embargo, una cosa es el precio y otra bien diferente el esfuerzo que deban realizar los ciudadanos para poder pagar su hipoteca. Los expertos recomiendan que, como mucho, se destine entre un 25 y un 30 % de los ingresos al pago de la vivienda; por encima de esa cifra, las finanzas de las familias quedarían muy comprometidas.

Sin embargo, la realidad es bastante diferente. En Europa, más de 1 de cada 4 familias (el 26,2 %) aseguran destinar más del 25 % de sus ingresos al pago de la vivienda. En España, este porcentaje es bastante inferior, del 19,1 %; en Francia, del 16,3 %; en Portugal, del 17 %; en Reino Unido, del 31,8 % y en Serbia, de casi el 62 %, según datos de Eurostat.

El riesgo de pobreza y exclusión social en Europa

En 2017, había unos 112 millones de ciudadanos europeos en riesgo de pobreza y exclusión social, equivalente al 22,4 % del total de la población del viejo continente, según datos de Eurostat. El concepto de riesgo de pobreza y exclusión social, además de incluir términos monetarios, se amplía con otros elementos cualitativos como:

  • Tasa de riesgo de pobreza después de transferencias sociales. Son las personas cuyos ingresos no llegan al 60 % de la renta mediana disponible
  • Carencia material severa de bienes, como imposibilidad para comprar una lavadora, un teléfono, un televisor o no poder permitirse ir de vacaciones al menos una semana al año.
  • Hogares que presentan muy baja intensidad laboral, es decir, donde los miembros en edad de trabajar lo hicieron menos del 20% de su potencial total de trabajo en el año anterior al de la entrevista.

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Esta situación tan dramática es diferente en función de si la persona es propietaria o vive de alquiler. De hecho, las personas que viven en régimen de alquiler tienen un riesgo más alto de exclusión social que quienes tienen una vivienda en propiedad y, entre estos, quienes todavía están pagando su hipoteca están más expuestos a la pobreza que quienes ya han pagado su vivienda.

En España, esta realidad es bastante similar a la que rige en toda la Unión Europea. La tasa de pobreza y de exclusión social casi se duplica entre los ciudadanos que viven en régimen de alquiler (tanto aquellos que tienen un arrendamiento a precios de mercado como sobre todo quienes lo tienen a precios regulados) con respecto a los propietarios de vivienda, tengan hipoteca o no.

De una comunidad de propietarios a una comunidad de inquilinos

Tradicionalmente, España ha tenido una de las ratios más altas de toda Europa de viviendas en propiedad y, hasta hace poco tiempo, una gran cantidad de adultos dejaban su hogar paterno directamente para comprarse una vivienda sin vivir antes de alquiler.

Sin embargo, esta situación se ha revertido como consecuencia de los cambios sustanciales en las perspectivas de los jóvenes relacionados con la crisis económica y su futuro laboral y profesional. Hemos pasado de una cultura de la propiedad a una cultura del alquiler, que algunos autores han definido incluso como la generación del alquiler, que ha sido mucho más intensa entre los más jóvenes.

En 2007, el 52 % de los jóvenes de entre 18 y 29 años que vivían de forma independiente tenían una vivienda en propiedad, y tan solo el 29 % vivían en régimen de alquiler. En la actualidad, este balance se ha invertido, y mientras en 2016 más de la mitad de estas personas viven de alquiler (el 53 %), tan solo un 38 % tienen una vivienda en propiedad.

En resumen, el problema en torno al acceso a la vivienda no es único de España. Existe y ha existido con mayor o menor intensidad en todos los países europeos en todas las épocas recientes. Y seguro que seguirá existiendo en un futuro cercano.

imagen |Tom Rumble on Unsplash

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