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La inflación se mantiene en el 1,3%, según los datos de Eurostat, tanto en Europa como en España. Ahora mismo está contenida pero, ¿qué pasaría si se descontrolara? ¿Deberíamos preocuparnos como inversores? No del todo. Existen algunos instrumentos que actúan como cobertura para que nuestras inversiones no pierdan poder adquisitivo.

Uno de ellos son los bonos ligados a la inflación, también llamados bonos indexados, que se crearon para garantizar que no se pierda dinero cuando el coste de la vida se dispara. En nuestro país, se estrenaron en mayo de 2014 y están vinculados a la evolución de la tasa de inflación armonizada de la zona euro.

Qué son los bonos del estado

Empecemos explicando lo más básico. Los bonos son el principal instrumento de renta fija a medio plazo emitido por un Estado. A lo largo de su plazo, que suele ser de tres o cinco años, estos activos ofrecen a los inversores un tipo de interés fijo que se abona mediante cupones anuales. La cantidad inicial prestada, denominada principal, se paga cuando vence el bono.

Por ejemplo, si se invierten 10.000 € en un bono al 3 % emitido a tres años, se obtendrán 300 € de beneficio cada caño y se recuperarán los 10.000 € una vez acabado el plazo

Para el Gobierno de un país, se trata de un préstamo que recibe el Tesoro y cuyos intereses se abonan cada año a los acreedores. Es una forma de obtener financiación de forma rápida y, desde hace algún tiempo, también barata. Estos gastos se imputan a la deuda pública, que tan en boga ha estado en los últimos años.

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Qué son los bonos ligados a la inflación

Los bonos ligados a la inflación funcionan de forma algo diferente a los bonos tradicionales. Por un lado, porque los pagos de los intereses, lo que se conoce como cupones, no son fijos. Cambian de acuerdo con la tasa de inflación o IPC (Índice de Precios al Consumo).

Por otro lado, porque el reembolso del dinero inicial invertido se ajustará según la tasa de inflación en el plazo de amortización del bono. De este modo se garantiza que no se devalúa la inversión si hay un excesivo aumento de los precios en ese tiempo, compensando la pérdida de poder adquisitivo.

Por último, la duración del bono suele ser más elevada, de entre cinco y 15 años. Éste es su principal inconveniente, especialmente porque el inversor corre el riesgo de que cambien las condiciones de la economía y los tipos de interés y acabe perdiendo dinero.

Garantizan el mismo poder de compra antes y después de la inversión

Para los inversores, los bonos ligados a la inflación garantizan el mismo poder de compra antes y después del plazo de amortización del bono. Por ejemplo, si con la inversión inicial se pudieran comprar 1.000 litros de leche, al término del bono ligado a la inflación, se podría seguir comprando 1.000 litros de leche, independientemente del precio de la leche.

Son la opción perfecta para protegerse de la pérdida de poder adquisitivo y beneficiarse de una recuperación paulatina de los precios, especialmente en un escenario de tipos de interés cero y ante las expectativas de subida de las tasas de inflación.

Los fondos de pensiones y las compañías de seguros a menudo invierten en ellos porque les facilitan el cumplimiento de los compromisos adquiridos con sus clientes. Sin embargo, la emisión de bonos ligados a la inflación por parte de los gobiernos suele ser inferior al resto de títulos de deuda pública, porque gracias a estos últimos saben en todo momento lo que van a pagar.

Cómo hacerse con bonos ligados a la inflación

Los bonos ligados a la inflación se pueden obtener comprando directamente bonos en alguna de las emisiones del Tesoro Público de España o de alguno de los países que lo emitan o a través de fondos de renta fija que inviertan en este tipo de instrumento financiero.

En el caso de adquirirlos en el momento de su emisión, lo normal es que los intereses que el inversor obtiene sean menores en los bonos ligados a la inflación que en los bonos tradicionales. Se sacrifican intereses a cambio de la garantía de no perder poder adquisitivo.

Si los bonos se compran en un momento diferente al que se emiten en un mercado secundario, su precio de compra dependerá de las condiciones del mercado. Si se prevé que la inflación vaya a subir, los inversores exigirán un precio mayor por sus bonos ligados a la inflación, porque no habrá muchos instrumentos o activos financieros que compensen esa pérdida de poder adquisitivo.

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