Mercado secundario
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Imagina que compras un coche nuevo en un concesionario y, unos años después, decides venderlo. Lo más probable es que dejes anuncios en Internet o pongas un cartel de «se vende» en el coche, pero no acudirías a venderlo al mismo concesionario donde lo compraste. Es lo que llamamos el mercado de segunda mano. Algo parecido ocurre con los activos financieros, que se negocian en lo que se denomina el mercado secundario.

Este mercado secundario es de suma importancia dentro de la economía de un país, pues es clave para garantizar el correcto funcionamiento de los mercados de capitales.

Qué es y para qué sirve el mercado secundario

El mercado secundario, también llamado de negociación, es el lugar, físico o virtual, donde se compran y venden activos financieros, como títulos de deuda pública (bonos), acciones o cualquier otro valor que sea objeto de cotización. Es una suerte de mercado de reventa o de segunda mano, donde los inversores pueden acudir a comprar aquellos valores que ya han sido emitidos previamente.

Sirve como punto de encuentro entre compradores y vendedores, y es aquí donde se negocian valores cotizados en tiempo real. Su misión consiste en proporcionar liquidez a los activos financieros y realizar una correcta valoración de los mismos a través de su precio. Estos dos importantes objetivos contribuyen a dotar de estabilidad a los mercados financieros de un país.

Mercado primario y mercado secundario

El mercado primario, o de emisión, es aquel donde se emiten por primera vez los valores negociables. Está íntimamente relacionado con el mercado secundario, ya que no es posible negociar valores que no se hayan emitido previamente al mercado.

Pero tampoco se entiende el papel de los mercados primarios sin la existencia de mercados secundarios. Si los inversores no tienen la posibilidad de vender sus activos para obtener liquidez, es probable que no los adquirieran.

Por ejemplo, imagina que inviertes 100.000 € en una emisión de bonos del Tesoro español a 10 años en el mercado primario. Sin un mercado secundario, tendríamos que esperar hasta su vencimiento (estos 10 años) para recuperar esa inversión. Sin embargo, gracias a la existencia de un mercado de negociación, podemos desprendernos de estos activos y recuperar parte o la totalidad del capital.

Lo mismo ocurre con las acciones. Por ejemplo, cuando una empresa sale a bolsa o realiza una ampliación de capital, está emitiendo nuevas acciones que compran los inversores en el mercado primario. Sin embargo, nadie concibe que el accionista tenga que mantener su acción toda la vida, lo que justifica la existencia del mercado secundario.

Eso sí, cuando decida vender tendrá que ser al precio que marque el mercado, que no tiene por qué coincidir con el precio al cual compramos. Como inversores, tendremos que asumir una ganancia o una pérdida derivada de la diferencia entre el precio de emisión y el de su venta. De hecho, en el caso particular de los bonos del estado a 10 años, este precio es el termómetro que marca la salud de la economía de un país, ya que es la referencia para calcular la famosa prima de riesgo.

Cómo funciona un mercado secundario

Los inversores acuden al mercado secundario a comprar y vender los valores previamente emitidos. Generalmente, esta compra se realiza a través de un intermediario financiero, como un bróker, aunque a veces se puede participar en el mercado directamente sin necesidad de que intervenga un tercero.

En el mercado secundario, los valores cotizan en función de la oferta y la demanda. Si hay más inversores dispuestos a desprenderse de un valor determinado que aquellos que quieren comprarlo, el precio del activo bajará, y viceversa. En realidad, se trata de una especie de puja donde los compradores intentan obtener el precio más bajo posible y los vendedores el más alto.

Tipos de mercados secundarios

Existen diferentes mercados secundarios según los activos que se negocien en ellos. Los más importantes son los siguientes.

Bolsas de valores

Las bolsas son el tipo de mercado secundario más popular. Son organizaciones privadas que facilitan la negociación de valores, como acciones de compañías, bonos públicos y privados y otros instrumentos de inversión. En España existen cuatro bolsas: Madrid, Barcelona, Bilbao y Valencia.

Los precios de los activos negociados se calculan en tiempo real, y las transacciones están totalmente reguladas, lo que garantiza la legalidad, seguridad y transparencia de todas las operaciones.

En los países desarrollados, la existencia de una bolsa de valores es una necesidad para garantizar la estabilidad económica del país. En España, la capitalización total de todos los valores negociados equivale al PIB español, según datos de Bolsas y Mercados Españoles.

Los mercados de renta fija corporativa

También es posible negociar instrumentos de renta fija corporativa. En España, esta función es asumida por la Asociación de Intermediarios de Activos Financieros (AIAF), un mercado donde se negocian y cotizan activos de empresas de tipo industrial, de entidades financieras y de Administraciones Públicas Territoriales.

La función del mercado de renta fija es actuar de intermediario entre aquellos que tienen ahorro disponible y quieren rentabilizarlo y quienes necesitan recursos para financiar su actividad.

Este mercado se orienta fundamentalmente a inversores institucionales, como fondos de inversión o de pensiones, compañías de seguros y bancos, entre otros.

En la actualidad, la AIAF negocia valores de renta fija por valor de medio billón de euros al año, aunque mantiene una tendencia a la baja debido a la política de compras del BCE, la elevada liquidez y un escenario de tipos de interés bajos.

Mercados de derivados

Los productos derivados son instrumentos financieros cuyo valor depende de los precios de otro activo de referencia, conocido como activo subyacente. Los más conocidos son los futuros y las opciones, que también son objeto de negociación y cotización en un mercado secundario.

En España, este mercado es el MEFF (Mercado oficial de futuros y opciones financieros en España). En él se negocian diferentes derivados financieros, que normalmente tienen como subyacentes los siguientes tipos de activos:

  • Bonos del Estado.
  • El índice bursátil IBEX 35.
  • Acciones europeas.

Los derivados conforman el mayor mercado secundario en España. En 2018, se realizaron un total de 43,5 millones de operaciones de contratos derivados solo sobre renta variable, según datos de Bolsas y Mercados Españoles (BME). Una cifra que, aun siendo alta, es solo la mitad de la registrada en 2009 cuando alcanzó el máximo. Este descenso se explica por la crisis económica y las nuevas regulaciones impuestas en torno a los mercados de derivados.

En conclusión, los mercados secundarios son uno de los elementos más importantes de los mercados de capitales de cualquier país. Sin ellos, la economía no podría funcionar tal y como lo hace ahora, y posiblemente no habría recursos suficientes para financiar todas las actividades económicas de un país.

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