Desplome en la bolsa
Tiempo de lectura: 8 minutos
Si lo pasas mal imaginando una caída del 20 % en el mercado, no deberías tener acciones en tu cartera John C. Bogle

En estos meses difíciles para las inversiones en bolsa, el consejo de Bogle puede ayudar a los inversores a calmar sus nervios ante las grandes bajadas. Tanto él, como otros grandes inversores de la historia como Peter Lynch o Warren Buffett, sabían con certeza que esto iba a ocurrir. No que esto iba a pasar por el COVID-19, pero sí que los periodos de grandes crisis en los mercados son inevitables. Ya sea por una recesión económica, por una subida previa excesiva en los precios de las acciones o por tensiones políticas (como en las guerras del petróleo de los 70): las causas pueden variar, pero si uno va a estar invirtiendo 20-25 años en bolsa tiene que asumir que pasará al menos 3-4 trimestres muy malos, con caídas del 20-25% (o más).

Ahora que se han vivido semanas complicadas para las inversiones, este consejo nos ayuda a recordar que no estamos ante algo excepcional, ha habido decenas de grandes crisis en el pasado (y las habrá en el futuro) y lo normal es que, como en 1987, 2001 o 2008, superemos ésta mucho mejor de lo que los inversores de esas fechas pensaban mientras se producían aquellas caídas.

¿Qué opciones tiene el inversor medio para afrontar los desplomes en la bolsa? 

Durante las crisis, cuando se acumulan las jornadas en rojo, los inversores pasan por distintos momentos de optimismo y de pesimismo.

El optimismo gira en torno a nuestras capacidades e intuición: en algún momento, todos pensamos que podemos anticipar lo que ocurrirá. Tenemos un pálpito (“la pequeña subida de esta semana es temporal, volverá a haber un desplome de la bolsa la semana que viene”) o empezamos a leer los gráficos buscando tendencias (“ha tocado suelo, a partir de aquí sólo puede ir hacia arriba”). Y entonces, compramos, vendemos o apostamos en la dirección que marca esa intuición.

El pesimismo suele ir centrado en la situación del mercado, al que no vemos posibilidad de mejorar. Un apunte importante: los desplomes en la  bolsa suelen tener una explicación racional. En la crisis del 2008 era lógico pensar que el colapso del sistema financiero llevaría a una profunda recesión a algunos de los países más ricos y que empujaría a miles de empresas a tener pérdidas o, incluso, a quebrar.

Del mismo modo, es lógico que la crisis del COVID-19 haya tenido un impacto en los mercados bursátiles: las empresas están recortando sus previsiones de beneficios para los próximos años y, por eso, valen menos. La pregunta es hasta dónde debe llegar ese ajuste de valoración. Y aquí entra en juego el exceso de pesimismo: lo vemos todo negro, del paro al desplome de la actividad, y empezamos a pensar que lo que debería ser temporal será permanente. Los inversores huyen del mercado y lo que debería ser una corrección normal (ajustar a una nueva valoración unas empresas que tendrán unos beneficios algo menores durante algunos años) se convierte en un crac, con caídas del 20-40-60 % de los índices y hundimientos de empresas que parecían sólidas hasta hace unas semanas. La lógica desaparece y el miedo lo invade todo.

Nadie sabe cómo será el mundo en 5 años. Pero como dice Warren Buffett, “apostar contra el ser humano, y contra su capacidad de innovación y adaptación, ha sido casi siempre una mala opción”.

Tres principios a tener en cuenta durante  los desplomes en la bolsa

Si nos fijamos en crisis anteriores, hay 3 principios que deberían guiar la actuación del inversor particular estos días. La clave está en controlar las emociones (somos más emotivos de lo que pensamos), creemos que tomamos decisiones racionales, pero la realidad es que a menudo nos dejamos arrastrar por el miedo o la euforia (dos malos consejeros). Ver lo que ha ocurrido en el pasado no nos va a proteger ante una mala decisión, pero sí es una forma de tomar distancia y analizar el presente de manera más segura. Como ejemplo, usaremos la bolsa de Estados Unidos que tiene más historia y relevancia que la bolsa española.

1. Todo lo que baja…

El primer gráfico está dedicado a los que lo ven todo de color negro (casi todos nosotros, en alguna ocasión). Muestra cómo se ha movido el mercado americano en los últimos 90 años. Los períodos en naranja marcan los mercados alcistas (bull markets) y los grises, los bajistas (bear markets), del índice S&P 500.

Períodos alcistas y bajistas del S&P 500.

Periodos alcistas de la bolsa

Fuente: Yahoo finance. Elaboración propia con datos diarios del S&P 500, considerando mercado alcista una subida del 20% o más desde el mínimo del mercado, y mercado bajista una caída del 20% o más desde el anterior máximo.

¿Cuándo se convierte un mercado alcista en uno bajista? Cuando pierde más del 20 % del valor máximo alcanzado (y al revés para uno bajista). Cuando eso ocurre, miramos cuál ha sido ese máximo y a partir de ahí, comienza a contar la duración del bear market.

Mirando los últimos 90 años de bolsa, ¿qué podemos aprender de los mercados alcistas y bajistas?

  • Los mercados bajistas duran menos, de media, que los alcistas. Los dos últimos han durado 30 meses (marzo del 2000 a octubre del 2002, tras la explosión de la burbuja de las puntocoms) y 17 meses (octubre del 2007 a marzo del 2009, en los peores meses de la crisis financiera).
  • Los mercados alcistas que sucedieron a aquellas dos correcciones duraron 60 y 131 meses respectivamente (esta es la racha más larga desde 1929).
  • Además, hay otro dato clave: desde 1932, no ha habido ningún mercado alcista que haya ofrecido retornos inferiores a las pérdidas en el mercado bajista previo. Podríamos pensar en un mercado bajista en el que se pierde el 90% seguido de uno alcista de sólo un 40% de subidas, en el que no recuperaríamos nuestra inversión inicial pero, desde 1932, eso no ha ocurrido nunca.
  • El desplome de la bolsa de los 15 primeros días de marzo de este año ha sido el más rápido de los últimos 80 años: en solo diez-quince sesiones, se acumularon pérdidas del 25 % o más en casi todos los índices. Del mismo modo, la recuperación también ha sido acelerada.

En este contexto, no sería nada extraño ver movimientos bruscos en los próximos meses. Incluso que se vuelva a producir otro desplome de la bolsa, sobre todo si las noticias sobre la epidemia empeoran. Por eso, lo importante es la tendencia general: las grandes recesiones van seguidas de períodos de recuperación. Y es lógico: al final, la bolsa no es otra cosa que un mercado que refleja la valoración que todos hacemos sobre las grandes empresas de un país. Si hay crecimiento, si la humanidad sigue avanzando, si conseguimos mejoras tecnológicas y en nuestro nivel de vida, la bolsa lo reflejará. Dentro de 20-25 años nuestro mundo será mejor que el actual. Y, por eso, en los últimos doscientos años, la mejor inversión a largo plazo ha sido la bolsa.

En el corto plazo, la bolsa no es apta para inversores que vayan a necesitar sus ahorros en los próximos meses o años (por ejemplo, las personas que estén cerca de su jubilación no deberían tener el 100 % de su dinero en renta variable). En la última crisis, de 2007 a 2009, el mercado tardó casi dos años en volver al máximo tras las caídas de 2007-08. Tras el desplome de las puntocoms en el 2000, ese período de transición estuvo más cerca de los tres años. Y es evidente que no es fácil, para alguien que entre en el pico, aguantar 2-3 años con pérdidas. Por eso, ver lo ocurrido en el pasado puede ser una buena ayuda para afrontar esos momentos.

2. No es necesario ser ‘el más listo’

Esta reflexión es para los optimistas, no tanto sobre la bolsa, si no sobre sus propias capacidades, aquellos que lo ven claro y dicen “ahora hay que comprar” o “es el momento de vender”.

Los expertos lo llaman “market timing”: intentar adivinar cuándo se llega al máximo y al mínimo y actuar en consecuencia. Porque una cosa es saber que la bolsa subirá en un momento u otro pero, ¿cuándo? Entrar cuando cae un 5 %, si luego se desploma un 20 % adicional… no parece una gran idea. Lo que todos querríamos es llegar al mercado en el momento de máxima depresión, en ese día que los libros de historia recogen como el que llegó a mínimos. Si lo consiguiéramos, el retorno sería impresionante: nos meteríamos en el bolsillo todo el recorrido alcista que vendría detrás… El problema es que es imposible lograrlo y muy arriesgado pensar que se puede

El coste de perderse los mejores días

Este gráfico refleja los beneficios que habrían tenido dos inversores en la bolsa americana por década, desde 1930. Dos inversores que sólo se diferencian en un aspecto: uno de ellos se perdió los 10 mejores días del mercado de cada década. ¿El resultado? Su amigo obtuvo un rendimiento acumulado del 14.962 % (10.000 dólares se convirtieron en 1,5 millones), mientras que él se quedó en un 98 % (menos de un 1 % anualizado).

El coste de perderse los mejores días.

¿Sólo por perder 10 días cada 10 años? Sí. Es cierto que nadie va a perderse justo esos diez días, incluso si lo intentara a propósito. Pero muestra que intentar entrar o salir del mercado para aprovechar esa rentabilidad extra que nos pueden dar los últimos días de un mercado bajista es un error. Perdernos los días de fuertes subidas (y, casi siempre, suceden en las semanas siguientes a los días de fuertes bajadas) puede ser un golpe durísimo a nuestra rentabilidad.

3. Una orden automática… y olvidar las contraseñas

Por último, una respuesta muy corta a la pregunta más repetida de las últimas semanas: ¿Qué hacer en mitad de todo este revuelo? NADA.

Así, sin más. Para apoyar este argumento, aquí van un par de datos contundentes. Hasta ahora, hemos hablado de las subidas y bajadas del mercado desde que comenzó el mercado alcista de 1932. Es decir, hemos dejado de lado la caída que vivió la bolsa norteamericana desde octubre de 1929 y que duró casi 3 años en los que el índice perdió más de un 80 % desde su máximo.

Aunque probablemente ahora la situación no sea la misma, con un par de datos se puede entender los beneficios de actuar movidos por el miedo.

Imaginemos un inversor que tuviera la mala suerte de entrar en el mercado el día antes del famoso jueves negro de octubre de 1929. ¿Cuánto tiempo habría tenido que esperar para recuperar su nivel inicial? (recordemos que perdió el 82 % de lo invertido). Es cierto, el índice no recuperaría el valor de máximos hasta 25 años después, en 1954.

Pero es poco realista pensar en un inversor que mete dinero el día 23 de octubre de 1929 y lo deja ahí, esperando a ver qué pasa. Además, es una estrategia arriesgada, porque buena parte de la rentabilidad dependerá del momento del mercado elegido, algo que nunca se puede anticipar. Pensemos en otra forma de invertir: alguien que mete 100 dólares en octubre del 29 y sigue invirtiendo esa misma cifra cada mes hasta julio de 1932, momento en el que se alcanza el mínimo y comienza el mercado alcista. ¿Cuándo habría recuperado este inversor su posición? ¡En 1936! La clave es que compró muy caro (en octubre de 1929) pero también muy barato (en los sucesivos desplomes de la bolsa que hubo desde entonces).

En definitiva, invertir en bolsa a largo plazo (1. de forma diversificada; 2. con periodicidad; 3. sin intentar hacer market timing; 4. no entrando en pánico con las bajadas ni sumándonos de forma alocada a los momentos de euforia; 5. con bajos costes en comisiones) sigue siendo una estrategia que tiene todo el sentido ante los desplomes y caídas de la bolsa . Es como apostar por la humanidad, por su capacidad de innovación y de mejorar sus estándares de vida en el futuro. Y por eso mismo, si se quiere aprovechar esa enorme fuerza, hay que estar en el mercado: las probabilidades de perder dinero en bolsa (y hablamos siempre de inversión pasiva en índices bien diversificados) se hunden según aumenta el tiempo que estamos invertidos. A más de 20 años, no hay ningún período en la historia (ni siquiera de 1929 a 1949) en el que las rentabilidades no sean positivas (sumando revalorización del índice más dividendos y hablamos de bolsa en EEUU, el país con más estadísticas al respecto).

El otro día leíamos en un foro especializado: “Para el inversor medio, sea cual sea la situación del mercado, la mejor estrategia en bolsa consiste en poner a su gestor una orden para que le invierta 200 dólares al mes en un fondo índice barato… y luego olvidar la contraseña de la cuenta y no hacer nada para recuperarla en los próximos 20 años”. Interesante reflexión.

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Imagen | Foto de Pablo García Saldaña en Unsplash

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