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¿Recuerdas cuando no teníamos que pagar más de 100 pesetas (o 60 céntimos de euro) por un café? ¿O Cuando un menú del día medio costaba 800 pesetas (menos de cinco euros)? ¿O incluso cuando para ir al cine un día normal, sin ser día del espectador, tan solo tenías que desembolsar entre 600 y 650 pesetas (entre 3,60 a 3,90 euros)?.

Todos estos ejemplos son reales y más recientes de lo que pensamos. De hecho, es lo que se pagaba por estos productos y servicios hace tan solo 20 años, más o menos cuando adoptamos el euro como moneda de curso legal en España. Y todo ello ha sido consecuencia de la inflación.

La inflación ha estado siempre presente, en todos los países y en todas las épocas de la historia. Sin embargo, sigue siendo el enemigo silencioso e invisible, que rara vez nos preocupa en su justa medida pero que, a largo plazo, se come buena parte de nuestros ahorros.

La capitalización compuesta también se aplica a la inflación

La capitalización compuesta hace crecer nuestro capital de manera exponencial, lo que a largo plazo sirve para obtener rentabilidades sorprendentes. Sin embargo, al igual que ocurre con las inversiones, la inflación también tiene efectos exponenciales, y esto no es una buena noticia para tu cartera.

Esto es debido a que el cálculo de la inflación se realiza sobre el porcentaje del año anterior, y no sobre el inicial. Por ejemplo, pongamos que la inflación de los últimos 20 años ha sido constante del 2 % anual, el porcentaje objetivo de la política monetaria del Banco Central Europeo para mantener la estabilidad de precios. Pues bien, la diferencia entre calcularlo de forma aritmética y de forma exponencial es la siguiente:

Por eso, cuando decimos que ha habido un 2 % de inflación anual en los últimos 20 años, los precios habrán subido casi un 50 %, y no un 40 % si únicamente se sumase año tras año. Y conforme pasa el tiempo, el efecto de la inflación sobre tus ahorros es cada vez más negativo.

50 %

Es el porcentaje de subida de precios en 20 años si el Banco Central Europeo cumpliese con su objetivo anual del 2 % de inflación.

La inflación se ha comido el 35 % de tus ahorros en los últimos 20 años

Pero la inflación no ha sido constante en los últimos años. Ha habido años de mayor subida de precios y otros en los que incluso ha sido negativa. Así que vayamos a los datos reales: ¿cuánto valor ha perdido mi dinero en los últimos 20 años? Si tomamos como referencia el IPC oficial, según el Instituto Nacional de Estadística, los precios han subido un 55,1 % desde julio de 1998 hasta julio de 2018.

Dicho de otro modo, nuestro dinero ha perdido un 35 % de su valor en estos últimos 20 años, lo que ha provocado que, por ejemplo, una barra de pan haya incrementado su precio de 30 céntimos de euro a casi 50 céntimos de euro, o que un diario que antes costaba 90 céntimos ahora cueste 1,30 euros.

Pero no acaba aquí la cosa. Si hace 30 años hubiésemos dejado un millón de las antiguas pesetas debajo del colchón (equivalente a unos 6.000 €) y hoy intentásemos recuperarlo, ahora tan solo nos serviría para comprar el equivalente a 2400 €, pues el dinero habría perdido casi un 60 % de su valor. En 1988 nos habría servido para comprar el coche del año en España, un Citröen AX, pero en 2018 no nos daría ni para la entrada del actual coche del año, un SEAT Ibiza.

Como se puede apreciar, el efecto de la inflación es más importante a largo plazo. No obstante, incluso en periodos pequeños de tiempo, nuestros ahorros se verán resentidos si no tomamos las decisiones adecuadas para mantener el poder adquisitivo.

El dinero ha perdido un «60 %» de su valor en los últimos 30 años como consecuencia de la inflación.

Ten en cuenta la inflación en tus decisiones de inversión

Uno de los errores más habituales entre los inversores novatos es no tener en cuenta la inflación en el cálculo de su rentabilidad. Haciéndolo de esta manera, estamos dejando fuera un elemento importante, especialmente por el enorme impacto que tiene a largo plazo. Es lo que se llama rentabilidad real, en contraposición con la rentabilidad nominal, es decir, la que obtiene nuestra cartera y por la que tenemos que pagar impuestos.

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Una manera sencilla de calcular la rentabilidad aproximada es:

Rentabilidad real = Rentabilidad nominal – inflación

Ejemplo de rentabilidad real
Si, por ejemplo, obtenemos una rentabilidad nominal del 10 %, pero la inflación es del 12 %, estaremos perdiendo un 2 %. En cambio, si obtenemos un 5 % de rentabilidad con una inflación del 2 %, la rentabilidad real será del 3 %, un 5 % más que el caso anterior.

Teniendo en cuenta que la inflación se ha comido casi el 35 % del valor de nuestro dinero en los últimos 20 años, necesitaremos que, como mínimo, la inversión se revalorice casi un 55 % para mantener el mismo poder adquisitivo o, lo que es lo mismo, en torno a un 2,2 % anual durante estos últimos 20 años. Toda inversión que no haya alcanzado esta rentabilidad ha perdido dinero.

Por eso, la mayoría de expertos recomiendan invertir en instrumentos que, al menos, igualen o superen el valor de la inflación, con el fin de preservar el valor de nuestro capital. Y por todo ello es importante no olvidar un factor tan importante y presente en nuestras vidas: la inflación.

En Naranja | Si sigue subiendo la inflación ¿Deberíamos empezar a preocuparnos?


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