ventajas de la gestión pasiva
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Imagínate que invirtiendo 5000 € hoy pudieses tener 49.273 € en 25 años sin tener que estar constantemente preocupado por tu inversión y sin dedicarle más de ocho horas en todo el año. Si te suena a ciencia ficción o piensas que hay gato encerrado, es porque todavía no tienes claro cómo funciona la gestión pasiva ni cuáles son sus ventajas.

Y es que el ejemplo anterior es el rendimiento que hubieses obtenido invirtiendo en el índice S&P 500 hace 25 años y sentándote a esperar. Un inversor más audaz que, además, hubiese aportado 150 € cada mes, acumularía la nada desdeñable cifra de 193.634 € sin tener que hacer nada más. La menor dedicación de tiempo es sólo una de las ventajas de la gestión pasiva y uno de los motivos por los que esta fórmula de invertir a largo plazo no para de crecer.

Por eso, vamos a repasarla con más detalle y ver el resto de puntos fuertes de esta estrategia de inversión tan de moda en la actualidad.

La rentabilidad no depende de la pericia del gestor ni de la tuya

La inversión pasiva se caracteriza por replicar los movimientos de los índices de mercado. Un fondo de inversión de gestión pasiva se limitará a comportarse del mismo modo que su índice de referencia (por eso se suelen llamar fondos indexados). La labor del gestor del fondo en este punto es mínima y la rentabilidad del fondo no dependerá tanto de su pericia o de que aplique una estrategia mágica, sino que dependerá del propio comportamiento que dicte el mercado.

Si el índice de referencia sube, el fondo lo hará en la misma medida y si baja, también. La excepción la marcan las carteras completas de gestión pasiva. Al tener que decidir el asset allocation o distribución de activos, el papel del gestor será más relevante. Aún así, la rentabilidad seguirá más ligada a la evolución de los mercados frente a una cartera de fondos de gestión activa, donde todo dependerá de las decisiones, acertadas o no, de un gestor.

Menores costes

Una de las principales ventajas de la gestión pasiva son los costes. Los fondos indexados y ETFs tienen comisiones más reducidas frente a la media del mercado, lo que tiene un enorme impacto en la rentabilidad a largo plazo.

La razón de estos costes reducidos tiene que ver con la labor de los gestores. En un fondo de inversión activa el gestor tiene un papel crucial y, como su propio nombre indica, activo. Tiene que poner en marcha estrategias de inversión dinámicas para superar al mercado y maximizar las ganancias y eso implica dedicación. En un fondo de gestión pasiva, en cambio, el gestor se limita a replicar al índice. Como su labor no es tan compleja, no hacen falta grandes equipos de análisis ni operaciones contantes. Esto se plasma en unos costes y comisiones menores que la media del mercado.

Una vez más, la cuestión cambia en carteras de gestión pasiva completas con varios fondos. Ahí la labor del gestor es más importante, pero aún así, como utiliza productos más baratos con estrategias a largo plazo más económicas, los costes también son menores que los de una cartera de fondos activa que gestione un asesor financiero tradicional.

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Gran diversificación

Diversificar es una de las mejores formas de proteger tu patrimonio, reduciendo el riesgo. Es lo que tradicionalmente se conoce como “no poner todos los huevos en una misma cesta”.

Los fondos de inversión son una buena forma de lograrlo, ya que invierten en empresas de diferentes sectores. Un fondo indexado y un ETF hace lo mismo, pero con todas las acciones que hay en el índice. Invertir en un fondo indexado sobre el S&P 500 es como comprar una parte de cada una de las mayores 500 empresas de Estados Unidos.

Por eso mismo, la inversión pasiva es una inversión ya diversificada en sí misma. Una buena forma de mejorar esta diversificación es invertir en más de un fondo para estar presente en más de un país o para tener una parte de la cartera también en renta fija, por ejemplo.

Fácil de entender y de gestionar

La gestión pasiva se basa en los números y en la estadística. Esa estadística es la que dice que la mayoría de fondos activos no son capaces de batir al mercado a largo plazo. En esta tesitura, la solución pasa por hacer lo mismo que el mercado y no complicarte la vida. Así eliminas complejas estrategias de inversión de la ecuación y reduces costes al mismo tiempo.

No hace falta saber análisis técnico ni comprender los balances de una empresa o tener grandes nociones de macroeconomía para practicar la inversión pasiva. La parte más importante del proceso es decidir la composición de la cartera, en qué fondos indexados invertir y qué parte dedicarás a renta variable y a renta fija.

Esto no quiere decir que la gestión pasiva sea 100 % pasiva. Hay que vigilar la cartera de inversión cada cierto tiempo para asegurarse de que el asset allocation responde a la realidad del mercado y que la composición de tu cartera sigue siendo la que tú quieres.

Evita los grandes errores del inversor

La gestión pasiva funciona a largo plazo. En periodos amplios de tiempo, la estadística manda frente a las oscilaciones del mercado. Para que lo entiendas mejor, es complicado saber qué hará mañana la bolsa, pero sí sabemos que el mercado mundial nunca ha sufrido pérdidas en periodos de 20 años. Por eso mismo, si nuestra inversión está suficientemente diversificada, en periodos de tiempo largos, el riesgo de pérdida es menor.

 

El MSCI ACWI es el índice global más reconocido, que incluye 2700 empresas, de 49 países distintos, aunque tiene la limitación de que solo existe desde 1987. Si analizamos todos los posibles períodos de 10 años en los que se habría podido invertir, la persona que consiguió invertir en el mejor momento ha conseguido un 10,5 % de rentabilidad, la que eligió el peor momento consiguió un 0,8 %, y de media se consiguió un 6,1 % de rentabilidad. En ningún caso habrías perdido dinero si hubieras mantenido la inversión 10 años.

Uno de los errores más repetidos por parte de los inversores es tratar de averiguar cuáles son los mejores puntos de entrada y salida del mercado. Esto es lo que se conoce como market timing. La gestión pasiva no lo elimina por completo, pero sí lo mitiga si se combina con un sistema de aportaciones periódicas.

Como entras en el mercado en varios momentos, habrá ocasiones en las que lo hagas más caro y otras en las que sea más barato. Al final, a largo plazo, se impondrá el promedio y no tendrás que preocuparte de cuándo entrar o salir, además de no equivocarte al hacerlo.

Otras de las ventajas de las carteras de gestión pasiva es que permiten pequeñas aportaciones mensuales, algo más complejo cuando se invierte en acciones.

Aprovecha el diferimiento fiscal

Fondos indexados y ETFs son los productos financieros base de la gestión pasiva. Aunque ambos replican índices, se trata de productos diferentes. Los primeros tributan como fondos de inversión y los segundos como acciones y por eso con los primeros podrás aprovechar mejor la ventaja del diferimiento fiscal.

El diferimiento fiscal es algo tan sencillo como retrasar el pago de impuestos lo máximo posible y su impacto en tu beneficio a largo plazo es enorme.

El efecto del aplazamiento fiscal

Cuando vendes una acción tienes que tributar en el IRPF por esa ganancia. Hacienda se quedará entre un 19 % y un 23 % del beneficio que logres, sin importar lo que después hagas con ese dinero.

Los fondos de inversión y también los fondos indexados cuentan con una ventaja fiscal. Si reinviertes el dinero en otro fondo, no tienes que pagar impuestos. Así, sólo pagas al fisco al final del camino.

Imagina que has invertido 1000 € en acciones con una beneficio del 10 % o, lo que es lo mismo, 100 €. Hacienda te reclamará 19 € al hacer la renta. El resultado es que sólo tendrás 1081 € para comprar más acciones. Por el contrario, si haces lo mismo con un fondo, tendrás esos 1100 € íntegros para reinvertir. Puede parecer poco, pero ahora imagina que no hablamos de una operación, sino de cientos de ellas y de un plazo de décadas. Gracias al efecto del interés compuesto, la diferencia puede ser abismal.

La gestión pasiva aprovecha esta ventaja fiscal y todas las anteriores que te hemos contado. Por eso mismo es una tendencia de inversión en auge.

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