Libertad financiera
Tiempo de lectura: 3 minutos

La libertad financiera es aquel momento de tu vida en el que ya puedes vivir de tus rentas sin necesidad de trabajar. Es decir, que has conseguido tal patrimonio que no tienes que recurrir a ingresos externos para mantener tu nivel de vida.

El concepto de libertad financiera nace a partir del movimiento FIRE (Financial Independence, Retire Early, que se puede traducir como independencia financiera, jubilación temprana). Surgió en Estados Unidos a principios de la década, pero se ha extendido rápidamente por toda Europa. En nuestro país ya cuenta con toda una legión de seguidores que aseguran que es posible jubilarse antes de los 50 años.

Las premisas son básicas y muy sencillas de entender. Se resumen en tres pasos que cualquiera de nosotros puede poner en marcha desde este mismo momento.

Ahorra parte de tu sueldo

El primer paso es no gastar todo lo que ingresas. Es importante que todos los meses ahorres parte de tu salario. Según una encuesta realizada por TD Ameritrade, lo ideal es ahorrar al menos el 20 % de tu renta; pero si puede ser más, mucho mejor.

Cuanto mayor sea nuestro ahorro, más probabilidades tendremos de alcanzar la libertad financiera en un periodo de tiempo razonable.

20%
Es el porcentaje de tu renta que debes ahorrar todos los meses

Invierte parte de tus ahorros

Si solo ahorramos, nunca alcanzaremos la libertad financiera. El motivo es que, año tras año, la inflación va erosionando parte de nuestro dinero. Por eso, es importante ponerlo a trabajar en los productos adecuados de acuerdo a nuestras necesidades y nuestro perfil de riesgo.

Lo más recomendable es invertir nuestros ahorros en fondos de inversión que repliquen un índice, los conocidos como fondos indexados. Son productos que ya de por sí están suficientemente diversificados, tienen bajas comisiones y son ideales para realizar aportaciones periódicas.

Eso sí, conviene comenzar a invertir cuanto antes. La libertad financiera es más viable y se puede conseguir más pronto si empezamos a los 20 años que si lo hacemos a los 30. Pero, sobre todo, siendo jóvenes podemos tomar ciertos riesgos al invertir que en una edad más avanzada son más difíciles de asumir, lo que aumenta la rentabilidad potencial.

Espera

El siguiente paso es el más sencillo de todos: no hacer nada. El interés compuesto hará todo el trabajo por nosotros si reinvertimos los intereses y dividendos. Cuanto mayor sea el plazo en que nuestro dinero esté invertido, mejores serán los resultados obtenidos.

Pero veámoslo con un ejemplo.

Juan comienza a trabajar a los 23 años y consigue ahorrar 200 € al mes, que invierte de forma automática en el Fondo NARANJA 75/25. Las rentabilidades anuales simuladas por este fondo han sido las siguientes:

2019 2018 2017 2016 2015
19,29 % -6,69 % 6,87 % 7,39 % 5,48 %

En esos cinco años, el fondo habría logrado una rentabilidad del 34,75 % en total. O, lo que es lo mismo, una rentabilidad anualizada del 6,15 %. Sin hacer nada más que programar una aportación mensual de 200 €, Juan habrá conseguido a los 50 años un capital de 174.075,27 €; a los 60, de 349.091,17 € y a los 67, en el momento en el que presumiblemente se va a jubilar, un total de 484.495,01 €.

No dejes que las emociones condicionen tu plan

Una de las principales premisas de la que parten la mayoría de inversores que buscan la libertad financiera es que su inversión ha de mantenerse en el largo plazo, pase lo que pase en el mercado. La evolución histórica de la bolsa ha demostrado que mantener tu capital invertido es mucho más eficiente a largo plazo, siempre y cuando seamos pacientes y constantes.

Sin embargo, algo que a priori parece tan sencillo de entender y de aplicar, en la práctica no lo es tanto. En 20 o 30 años pueden suceder muchas cosas que impiden alcanzar el ansiado objetivo: dificultades laborales, problemas de salud, baja rentabilidad… por no hablar de las consecuencias de no saber controlar tus emociones.

La economía conductual nos ha demostrado que, en multitud de ocasiones, los sesgos cognitivos condicionan nuestras emociones; también cuando invertimos. No importa cuánto sepamos de finanzas; al final, siempre habrá algunos obstáculos en el camino que nos pueden hacer tomar malas decisiones. Por eso, es importante establecer un plan y seguirlo lo más fielmente posible.

Si vas a invertir una cierta cantidad todos los meses, sigue haciéndolo, a pesar de que la bolsa haya caído y la incertidumbre se haya instalado en los mercados.

Disfrutar de tu libertad financiera

Una vez hayamos alcanzado el patrimonio objetivo, ya no hace falta reinvertir todos los rendimientos, y podremos comenzar a obtener ingresos pasivos que sustituyan nuestros ingresos habituales, ya sea a través de alquileres, intereses o dividendos, entre otras opciones. Pero, ¿cuándo es el momento ideal para hacerlo?

El siguiente gráfico es una buena aproximación. En él, se relaciona la rentabilidad que hemos de conseguir anualmente por nuestro capital para determinar cuál debe ser el patrimonio objetivo en función de nuestros gastos mensuales:


El gráfico es sencillo de entender. Si pudiésemos obtener una rentabilidad del 6 % por nuestro patrimonio (a través de, por ejemplo, la rentabilidad por dividendo de nuestra cartera o el alquiler de un inmueble), necesitaríamos 300.000 € de patrimonio para jubilarnos asumiendo unos gastos mensuales de 1500 €.


Los tres niveles de libertad financiera

Pero la libertad financiera no siempre implica dejar de trabajar para vivir de nuestras rentas. Hay niveles previos que se pueden alcanzar:

Seguridad financiera

Significa que dispones de suficiente nivel de ahorro y patrimonio como para cubrir todos tus gastos básicos, como la hipoteca o el alquiler, los suministros (luz, agua, gas, teléfono), la alimentación, etc.

No obstante, si quieres mantener un nivel de gasto más elevado, deberás obtener ingresos complementarios.

Libertad financiera básica

En este nivel, tu capital es suficiente como para satisfacer todas tus necesidades básicas y, además, cubrir otros gastos adicionales que te permitan seguir disfrutando de tu nivel de vida actual, como viajes, ocio, restaurantes, coches…

En la práctica, cuando hablamos de libertad financiera, la mayoría de personas buscan instalarse en este nivel.

Libertad financiera plena

Es el máximo nivel de libertad financiera al que una persona puede aspirar. En esta escala, podemos cubrir todos los gastos corrientes de nuestra familia y, además, hacer frente a cualquier imprevisto. Hemos logrado un nivel de patrimonio tal que podemos vivir sin preocuparnos nunca más por obtener una fuente de ingresos alternativa.

Este es el nivel al que aspiran la mayoría de seguidores del movimiento FIRE y, precisamente, el único que permite jubilarse antes de tiempo.

En cualquier caso, y aunque la libertad financiera puede ser una realidad para muchas personas, no es para todo el mundo. Se necesita una combinación de ingresos medios o elevados, una cierta austeridad, tolerancia al riesgo y mucha constancia para conseguir vivir de nuestras rentas.

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Imagen | Austin Neill


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