Qué es la gestión pasiva
Tiempo de lectura: 2 minutos
Francisco Quintana

Francisco Quintana

Francisco Quintana se encarga de la estrategia de inversión de ING, vinculando el análisis de la economía y los mercados financieros con los productos que diseñamos para los ahorradores. Ha estudiado economía en Londres y Málaga, y gestión en IE Business School.

Aunque en los últimos años la gestión pasiva ha crecido exponencialmente, la manera más común de invertir todavía es a través de estrategias de gestión activa.

En éstas el ahorrador que desea invertir—por ejemplo, en bolsa—confía su dinero a un experto. Este experto adopta una actitud “activa”, es decir, irá comprando y vendiendo acciones a lo largo del tiempo—en función de su propio criterio—para conseguir una buena rentabilidad.

¿Qué significa una “buena” rentabilidad? Quiere decir una rentabilidad superior a la de algún índice que se elija como referencia. Por ejemplo, en el caso de expertos que invierten en la bolsa española, el índice de referencia suele ser el Ibex 35, que mide la evolución de las principales compañías españolas. Si por ejemplo el Ibex 35 subiera un 5% en 2019, el experto se pone como objetivo conseguir rentabilidades superiores a ese 5%.

La gestión pasiva se diferencia de la activa en un punto fundamental: su objetivo no es mejorar la rentabilidad de un índice de referencia, sino igualarlo. Si el Ibex 35 sube un 5% en 2019, el inversor obtendrá un 5%. En este caso, no se requiere un experto ni una estrategia. Ambos son innecesarios porque el inversor no busca hacerlo mejor que el Ibex 35, sino hacerlo igual, y para eso lo único que se requiere es comprar acciones de todas las empresas que lo componen, en el porcentaje que determina el Ibex 35.

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¿Qué ventajas tiene la gestión pasiva?

Estas son las principales ventajas de la gestión pasiva:

  • Es más sencilla. Únicamente hay que seleccionar el mercado en el que se desea invertir.
  • Es más barata. La gestión activa requiere expertos que analicen la información de las empresas y sean capaces de tomar decisiones. Ese análisis es muy costoso ya que hay que pagar sueldos de los analistas, viajes, tarifas para el acceso a bases de datos, etc. Además, cada vez que se compran o venden acciones o bonos hay que pagar comisiones de compra o venta, así como impuestos que reducen el beneficio. Todos estos costes se le cobran al cliente, por lo que reducen la rentabilidad para el inversor.
  • Elimina el riesgo de cometer los dos errores de inversión más comunes: el error de seleccionar las empresas o sectores equivocados, y el error de comprar y vender en el momento equivocado. Estos dos errores se cometen continuamente cuando alguien intenta gestionar de manera activa una inversión, y tienen un impacto enorme en la rentabilidad de esa inversión en el largo plazo.
  • En el largo plazo la gestión pasiva es más rentable que la activa. En las inversiones gestionadas de manera activa, los mayores costes y los errores mencionados arriba van mermando gradualmente la rentabilidad. Basándonos en la evidencia histórica, es casi imposible que ninguna estrategia activa genere más beneficios que una pasiva al cabo de 10 años.

Imagen | Esther Tuttle


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