Reinvertir o distribuir dividendos. Esto es lo que tienes que saber para decidir entre una y otra opción.

Al igual que hay quién es del Real Madrid o del Barcelona, en el mundo de la inversión también existen los bandos: análisis técnico frente a análisis fundamental, inversión a largo plazo frente a inversión a corto plazo y, por supuesto, inversión o no en función del dividendo.

Los dividendos son la forma que una empresa tiene de premiar a sus accionistas. Como inversor, se pueden buscar compañías que repartan dividendo y aprovecharlo para ir recuperando parte de la inversión poco a poco. De hecho, hay fondos de inversión especializados en este tipo de estrategia. Lo que cambia es lo que cada fondo de inversión hace con ese dividendo que pagan las empresas en las que está invertido.

En este sentido se puede distinguir entre fondos de acumulación, que reinvierten el dividendo, y fondos de reparto, que lo entregan a sus partícipes.

Reinversión de dividendos: qué supone y qué beneficios puede tener

Como la propia palabra sugiere, reinvertir el dividendo consiste en volverlo a invertir en participaciones dentro del fondo, de manera que ese capital se sumará al que ya está invertido con el fin de aprovechar el interés compuesto.

Así es como funcionan los fondos de acumulación, que son los más extendidos. Además, reinvertir los dividendos tiene tres ventajas fundamentales:

El valor liquidativo del fondo crece más rápido

Esto es así precisamente porque, en lugar de distribuir dividendos, se suman al patrimonio del fondo, lo que provoca un crecimiento mayor de su valor liquidativo.

Aprovecha mejor el poder del interés compuesto

Para entenderlo mejor, veámoslo con un ejemplo. Si partimos con una inversión de 1000 € y una rentabilidad del 10 % anual, al cabo de un año habremos ganado 100 €. Si no reinvertimos ese dinero en el segundo año, volveremos a ganar 100 € y tendremos en nuestra cuenta 1200 €. Pero ¿y si reinvertimos esos 100 €? En ese caso, el 10 % de ganancia del segundo año se calculará sobre 1100 € y el beneficio será de 110 €. El resultado final es que tras el segundo año contaremos con 1210 € en la cuenta.

El efecto a largo plazo es más que significativo. Imaginemos una inversión inicial de 5000 € con una rentabilidad del 5 % anual a 40 años. Si cada año nos quedásemos con el beneficio, al cabo de 40 años tendríamos unos 15.000 €. En cambio, si optamos por reinvertir ese dinero, conseguiríamos unos 35.200 €.

Retrasa el pago de impuestos

Reinvertir el dividendo evita tener que pagar impuestos en la declaración de la renta por ese dinero. Y es que mientras el capital permanezca en el fondo y no llegue a nuestros bolsillos, no habrá que saldar cuentas con Hacienda, al igual que ocurre con la fiscalidad de las acciones.

 

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Qué es distribuir dividendos, qué supone y cuáles son sus beneficios

En el lado contrario a la acumulación está la distribución de dividendos. En otras palabras, pagar esos dividendos a los partícipes del fondo. Eso es precisamente lo que hacen los fondos de reparto.

Un fondo de reparto cobrará el dividendo y lo distribuirá entre los partícipes de forma mensual, trimestral, semestral o anual en función  de la política del fondo.

La ventaja de esta fórmula es que, como inversores, vemos premiado nuestro esfuerzo con pequeños ingresos. Además, en teoría es una vía de minimizar riesgos porque se va recuperando el capital invertido poco a poco.

Por el contrario, entre las desventajas destaca que un fondo de reparto no aprovechará el interés compuesto que generan esos dividendos que cobra.

Además, cada vez que cobremos dividendos habrá que tributar por ellos en la declaración de la renta. A efectos de IRPF, los dividendos se integran dentro de los rendimientos del capital mobiliario y tributan según la escala del ahorro. Esto quiere decir que Hacienda se quedará entre un 19 % y un 23 % del dividendo. Sin embargo, mientras ese dinero permanece en el fondo, no hay que pagar impuestos y puede seguir generando rentabilidad.

Reparto o acumulación: ¿qué opción elegir?

Lo primero que debemos tener claro es que no hay por qué elegir. Ambos tipos de fondos de inversión son compatibles, aunque hay que tener claros los beneficios y desventajas que hemos comentado.

Un fondo de acumulación podría ser válido para cualquier etapa de la vida, además, permiten aprovechar mejor la inversión a largo plazo.

Por su parte, un fondo de reparto también podría ser quizá más interesante para personas que quieren recibir ingresos adicionales de forma recurrente por sus inversiones mientras mantienen el principal todavía invertido.

En otras palabras, ambas opciones podrían ser un complemento para el salario o para la pensión, ya que si el fondo está bien gestionado, cobraremos cada cierto tiempo los dividendos que reparta.

En Naranja | ¿Qué tipos de fondos de inversión hay y en qué tengo que fijarme antes de contratarlos?

Imágenes  | iStock / scyther5

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