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Lo más complicado de la gig economy es cómo traducir al castellano este concepto de forma correcta e inteligible. El término ‘gig’ proviene de la jerga musical y se refiere a las actuaciones cortas que realizan los grupos musicales, coloquialmente conocidas como ‘bolos’, y muy frecuentes durante el verano.

Llevado al mundo de la economía, se refiere a un modelo basado en pequeños encargos o bajo demanda. Un nuevo modelo de economía que se ve especialmente favorecido por el espectacular desarrollo de las tecnologías de la información y de la comunicación, y por la definitiva consolidación de las plataformas digitales.

La gig economy y su impacto en el mercado laboral

Con un crecimiento exponencial y con muchas aplicaciones sin duda innovadoras, la gig economy puede compararse con el trabajo de un ‘freelance’ o el de un autónomo, ya que consiste en aceptar encargos de una duración concreta y sin exclusividad con la empresa contratante. Promete flexibilidad, comunicación online, teletrabajo, y deslocalización. Es decir, la posibilidad de trabajar para una empresa que se encuentra a miles de kilómetros de distancia.

La gig economy también tiene su impacto en el mercado laboral al favorecer los trabajos esporádicos, de duración reducida y en los que el contratado se encarga de una labor específica dentro de un proyecto. Es decir, una especie de contrato por obra y servicio que ya existe en España, aunque llevados a cabo por trabajadores que ejercen una actividad por cuenta propia.

Las empresas, especialmente las startups, descubrieron que Internet y los smartphones permitían asignar encargos de forma casi automática al trabajador mejor dispuesto (es lo que hace, por ejemplo, Uber con sus conductores) o dividir trabajos complejos en pequeñas tareas a cumplir por un ejército de trabajadores online (como es el caso de Mechanical Turk).

La Gig Economy en Estados Unidos

La gig economy nació en Estados Unidos en medio de la crisis generada en el verano de 2007 por las hipotecas subprime. La necesidad de un cambio de paradigma económico y laboral impulsó el nacimiento de esta nueva forma de hacer negocios. En la actualidad, según un informe de McKinsey, entre el 20 y el 30 % de la población activa en EEUU participa en la gig economy en sus diferentes grados.

Una de las plataformas que más éxito tiene en el país norteamericano es TaskRabbit. Especializada en tareas domésticas que incluyen mudanzas, instalaciones eléctricas o la realización de la compra, pone en contacto a clientes con trabajadores. Estos pueden responder a la oferta de un cliente para un proyecto en concreto, y también pueden ser contactados directamente por el usuario según su perfil.

En España, la regulación en torno a la gig economy la establece el régimen de autónomos. De hecho, una persona puede ser simultáneamente autónomo y trabajador por cuenta ajena cuando su jornada laboral como asalariado sea a tiempo completo, o a tiempo parcial superior al 50 %. A esta situación se le denomina pluriactividad.

Blockchain, Gig Economy y criptomonedas

Para la gig economy, blockchain podría aportar soluciones de seguridad, transparencia y control a las transacciones que todavía se están llevando a cabo.

Por ejemplo, las plataformas de búsqueda de empleo ‘freelance’ como Coinlancer o Ethlance han incorporado la tecnología de bloques o ‘blockchain’ para añadir transparencia a las transacciones económicas que se realizan entre cliente y empleado. En ambas plataformas los proyectos se remuneran a través de criptomonedas: Coinlander tiene su propia moneda digital (CL tokens) mientras Ethlance utiliza Ether, la criptomoneda de Ethereum.

El impacto de la gig economy en nuestro trabajo

El modelo de gig economy representa para muchas personas la posibilidad de lograr una mayor conciliación entre la vida laboral y personal. Sin duda, tiene muchas ventajas tanto para las empresas (que únicamente pagan las horas efectivamente trabajadas, las ‘productivas’) como para los trabajadores, a los que se les brinda una flexibilidad horaria y laboral que les permite encajar sus habilidades con proyectos específicos.

En cualquier caso, los ingresos del trabajador dependen en gran medida de los proyectos en los que el trabajador participe, y las vacaciones se ven reducidas a momentos de inactividad, que no siempre son posibles.

¿Es la Gig Economy para todo el mundo?

En 2011, la periodista del portal de noticias Mashable Sarah Kessler se inscribió en todas las empresas de la gig economy que encontró. “Me di de alta en treinta o cuarenta aplicaciones”, cuenta en su libro ‘Gigged, the end of the job and the future of work‘, publicado en 2018. En él, describe la experiencia de media docena de personas que en la actualidad trabajan gracias a encargos esporádicos que van desde el servicio de transporte hasta la limpieza de oficinas, pasando por el telemarketing o la identificación de semáforos en fotos.

Uno de ellos, Curtis, un programador informático, destaca su satisfacción porque “elige cuándo trabajar y los proyectos de programación que le interesan” sin tener que sufrir “la sensación de inestabilidad”. Kessler reconoce que su situación es posible gracias a su formación universitaria en una profesión de alta demanda y con tarifas altas, como el de programador, para “construir su propia red de seguridad”.

El resto de entrevistados optó por la gig economy por la falta de trabajos convencionales.

Oportunidades de negocio

Hay diversos sectores de actividad que han encontrado en la gig econonmy importantes oportunidades de negocio, por ejemplo el seguro. En el Reino Unido, Zego ofrece seguros que empiezan a cubrir al trabajador desde que pone en marcha la aplicación y hasta que la detiene.

En Toronto (Canadá), Aviva ha diseñado una póliza más sofisticada para los conductores de Lyft (el gran rival de Uber): una primera fase se activa al encender la aplicación; la segunda (de mayor cobertura) comienza en cuanto acepta un pedido; y la tercera, más completa, desde que el pasajero sube al coche y hasta que se baja.

En definitiva, parece que la gig economy ha llegado para quedarse. Su impacto en el mercado laboral ya es más que palpable, pero cabe esperar que este nuevo modelo de hacer negocios siga consolidándose en el futuro.

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