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Mercadillo - 2

Para muchas personas, el Domingo por la mañana no es el día de acudir a la Iglesia sino de acudir al mercadillo de turno. La gran cantidad de puestos ofreciendo todo tipo de productos a unos precios asequibles son una oportunidad que mucha gente no deja escapar.

Aún así, todavía existen numerosas personas reticentes a realizar la compra en estos mercadillos debido a la creencia, en ocasiones equivocada, de que el producto adquirido va a ser de peor calidad que el comprado en las tiendas tradicionales. Sin embargo, con el paso de los años, este modelo de comercio ha ido evolucionando, ofreciendo cada vez mejores calidades sin afectar al precio. Vamos, que ahora parece que sí se hace realidad el dicho: ¡se lo están quitando de las manos!.

¡Vamos, vamos! ¡Qué lo estamos dando, qué lo estamos regalando!

La mayoría de voces que escuchamos en los mercadillos tradicionales hacen referencia al ahorro. ¡Qué lo estamos dando, que lo estamos regalando! o ¡Que me lo quitan de las manos! son algunas de las expresiones más escuchadas en este tipo de ambientes y que, posiblemente, hayamos usado también en conversaciones coloquiales con conocidos, familiares o amigos. Son expresiones que se han quedado grabadas a fuego en nuestro imaginario y que, muchas veces de forma inconsciente, utilizamos.

Y en muchas ocasiones, tales expresiones tienen mucho de cierto. Los precios de muchos de los productos que podemos encontrar en los puestos del mercadillo son mucho más asequibles que los precios de muchos establecimientos comerciales. Ello, sin perjudicar la calidad del producto, la gran preocupación de mucha gente que todavía se niega a comprar en estos puestos.

Ahora bien, no podemos olvidar de qué tipo de comercio estamos hablando. En los establecimientos comerciales normales, la mayoría de productos proporcionan una serie de servicios adicionales, como la garantía, el servicio post-venta, la atención al cliente o la posibilidad de devolución, entre otros muchos, que van implícitos en el precio y por este motivo son más caros.

Si queremos o necesitamos disponer de este tipo de servicios, el mercadillo no es nuestro comercio, ya que prácticamente ninguno de los puestos proporciona servicios adicionales al producto. Merece la pena gastar un poco más y disponer de ellos para que, en última instancia, lo barato no acabe siendo caro.

No obstante, los mercadillos permiten algo que en las tiendas se haría impensable: la posibilidad de regateo, en el que pondremos a prueba nuestra capacidad de negociación. Dependiendo de ella, podremos adquirir los productos a un precio mucho menor al que el vendedor había establecido inicialmente, pudiéndonos ahorrar un buen pellizco.

¿Qué tipo de productos puedo encontrar en un mercadillo?

No hay una tipología de productos en un mercadillo puesto que no hay dos mercadillos iguales. Los que primero se nos vienen a la mente son los tradicionales puestos de productos agrícolas y de ropa, pero, en muchas ocasiones, podemos encontrar mercadillos que venden prácticamente cualquier cosa que nos podamos imaginar.

Sin embargo, es recomendable saber dónde comprar. Por ejemplo, si necesitamos comprar hortalizas, hay que dirigirse a la parada que sea propiedad del agricultor. Esto nos garantizará que el vendedor sabe cuál es la calidad de su producto, además de estar en un buen estado y fresco que, al fin y al cabo, es lo que interesa saber de este tipo de productos.

La ropa es el otro producto estrella de los mercadillos. En los puestos podemos encontrar telas y pieles que son de buena calidad, ropa de moda o ropa de temporada. Podemos encontrar verdaderos chollos, pero tenemos que ser conscientes que, al igual que ocurre con las tiendas tradicionales, la calidad hay que pagarla, aunque en ocasiones esta calidad no sea muy relevante para nuestra compra.

Por otro lado, existen productos que tienen una menor presencia, como los zapatos o la bisutería. En el primer caso, por lo general, la calidad no suele ser mala ya que habitualmente son zapatos duros que van a durar; en el caso de la bisutería, el truco es ver si la pieza pesa o no. Si el collar o la pulsera pesan significa que no es plástico y que, por lo tanto, no nos están dando gato por liebre.

Para finalizar, los libros son, bajo mi punto de vista, el producto en el que menos calidad se requiere y en el que podemos encontrar auténticas gangas. No importa mucho si el mismo está en mal estado; lo que interesa es que las palabras sean legibles para disfrutar de un buen momento de lectura. No en vano, un libro viejo es siempre visto como una fuente inagotable de sabiduría.

En definitiva, comprar o no en un mercadillo depende de nuestras necesidades como consumidores. No obstante, siempre es positivo darse una vuelta por este tipo de comercios, aunque únicamente vayamos a calibrar el ambiente. La experiencia, en todo caso, será siempre positiva.

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Imagen | Jose Manuel Rios Valiente


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