Transición energética española
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Desde la primera Revolución Industrial, la intensa quema de combustibles fósiles y la consiguiente liberación a la atmósfera de grandes cantidades de gases de efecto invernadero ha sido en parte responsable del cambio climático. Esta situación exige una respuesta por nuestra parte para impulsar una transición energética con el fin de evitar agravar el problema. Especialmente las ciudades, que aglutinan al 55 % de la población mundial, consumen el 75 % de toda la energía producida, y generan el 80 % de toda la contaminación.

Hacer frente a esta situación requiere cambios rápidos y de amplio alcance en todos los aspectos de la sociedad. Un reciente análisis de Gerben Hieminga en Think ING afirma que será necesario instalar más energías renovables para poder atender a la creciente demanda de energía y, al mismo tiempo, reducir las emisiones de CO2.

Según este análisis, la demanda de energía se duplicará en las próximas décadas como resultado del continuo crecimiento económico y demográfico, pasando de los 27.000 teravatios hora actuales, a 57.000 en 2050.

La importancia de las energías renovables en la transición energética

La energía solar y eólica son clave en esta transición energética.  Actualmente, los combustibles fósiles representan dos tercios de la combinación energética mundial, mientras que la energía solar y eólica solo suman el 10% del total.

En 2050, se prevé que la energía solar y la eólica generen en conjunto más de dos tercios del total de la demanda de electricidad, reduciendo las emisiones de CO2 a más de la mitad.

Pero el sol no siempre brilla y el viento puede ser impredecible, lo que implica que estas dos fuentes de energía necesitan una fuente de energía de apoyo.

Por ejemplo, la energía solar, necesita casi cuatro veces más capacidad para generar la misma cantidad de energía que las centrales eléctricas de gas y carbón, porque el sol no brilla por la noche y los paneles producen menos energía en los días nublados.

Es por eso que, para alcanzar estos objetivos, se estima que será necesario invertir 13 billones de dólares en energías renovables (billones europeos, es decir 13 «millones de millones») en todo el mundo.

Oportunidades e incertidumbres

Ya hemos visto que una economía baja en emisiones de carbón necesita enormes inversiones, lo que a su vez puede propiciar interesantes oportunidades comerciales en la industria eólica y solar. De hecho, ya hay empresas que están desarrollando tecnología que puede capturar la luz en ambos lados de la célula y del panel solar, así como nuevas turbinas eólicas.

Sin embargo, estas oportunidades a priori tan atractivas se enfrentan a cierta incertidumbre, pues dependen en buena medida de la inversión pública. Es necesario alcanzar un determinado nivel de inversión en la red para acomodar la creciente demanda de energía a las nuevas fuentes de suministro.

Pero, además, existe una cuestión adicional: la volatilidad. Las energías renovables son fuertemente dependientes de su fuente original (como el sol o el viento). Por eso, los consumidores tendremos que acostumbrarnos a precios de la electricidad más volátiles, con picos y valles más acuciados, y los inversores tendrán que enfrentarse a ciertos riesgos de solución incierta.

La respuesta de Europa

La Unión Europea está encaminada hacia un claro objetivo: la descarbonización total para el año 2050. En 2018, se actualizó la hoja de ruta hacia una descarbonización sistémica con la intención de conseguir este objetivo. En esta senda, todos los Estados miembro están desarrollando en 2019 su Plan Nacional de Energía y Clima (PNIEC) y una Estrategia de Descarbonización, para plasmar el camino y el logro de los objetivos y metas a 2030 y 2050.

Los objetivos que se ha marcado la UE para 2030, son:

  1. 40 % de reducción de emisiones de gases efecto invernadero (GEI) respecto a 1990.
  2. 32 % de renovables sobre el consumo total de energía final para toda la UE.
  3. 26 % de reducción del consumo de energía primaria de la UE con respecto a 2005.
  4. 20 % de reducción del consumo de energía final de la UE con respecto a 2005.
  5. 32,5 % de mejora de la eficiencia energética con respecto a 2005.
  6. 15 % de interconexión eléctrica de los Estados miembros.

Menor dependencia energética en España

Debido a su posición geográfica, España es especialmente vulnerable a los efectos del cambio climático. Como muestra, un dato: los veranos duran, de media, casi 5 semanas más que a principios de la década de 1980. Pese a estas evidencias, mientras las emisiones GEI se redujeron en la Unión Europea un 21,9 % entre 1990 y 2017, en España, en ese mismo periodo, aumentaron un 17,9 %.

El PNIEC en España debe fijar el camino de la transformación económica y energética del país, y enviar señales adecuadas para atraer la confianza de los inversores. Según el plan, la transformación generará un aumento del PIB de un 1,8 % al año y reducirá la dependencia energética exterior, además de procurar un incremento anual de empleo de en torno a 300.000 puestos de trabajo al año.

Las inversiones necesarias para lograrlo superarán ampliamente los 200.000 millones de euros entre 2021 y 2030.

¿Quién pagará la factura de la transición energética?

Históricamente, la transición energética se ha equiparado a la introducción de las renovables en el sector eléctrico, que fue soportado en buena medida por el consumidor.

La ausencia de una política energética global que integre a todas las tecnologías y energías, así como una fiscalidad ambiental asociada, puede provocar resultados diferentes a los que persigue la descarbonización. La financiación de la transición energética implica un cambio de paradigma, donde el foco se tiene que poner en la perspectiva de un consumidor energético global y basándose en tres principios:

  1. Equidad entre sectores: Quien contamina paga, desincentivando las energías más contaminantes.
  2. Equilibrios entre energías. Sin generar desequilibrios en el consumidor y promoviendo la eficiencia.
  3. Política fiscal. Sin generar desequilibrios fiscales, y garantizando la sostenibilidad económica.

Pero, en cualquier caso, la financiación de proyectos de energías renovables a través del mercado implica que el consumidor final, ya sea particular o empresa, tendrá que asumir un coste adicional como consecuencia de la nuevas políticas medioambientales y el cambio de modelo energético.

Este cambio de modelo conlleva también una mayor volatilidad del mercado mayorista, pues las energías renovables dependen de elementos menos predecibles (viento, sol, lluvia) provocando variaciones en la oferta que, lógicamente, afectan al precio final de la energía. Es por ello que, en el futuro, la diferencia entre los periodos de energía más caros y los más baratos serán más acuciados.

Como consumidores, esto nos afectará de manera más directa si estamos acogidos a la tarifa PVPC (que varía hora a hora, día a día), pues la oferta de tarifas variables según el momento del día nos brinda la oportunidad de ser más eficientes con nuestro consumo energético, pudiendo beneficiarnos de un ahorro en la factura.

En cambio, nos afectará de manera indirecta si tenemos un contrato de energía con tarifa fija, pues nuestro precio será siempre constante, aunque existe la posibilidad de que las comercializadoras cubran esa volatilidad con precios más elevados.

Por otro lado, tampoco hay que olvidar que la inversión y la investigación en energías renovables hará cada vez más accesible y rentable el autoconsumo en el hogar, permitiendo al consumidor ahorrar más todavía en la su factura.

En cualquier caso, aunque la transición energética repercutirá en el consumidor español, es importante destacar que la energía contaminará menos, y eso tiene un impacto muy positivo en el clima y la sociedad en su conjunto.

 

 

Para la elaboración de este artículo hemos contado con la colaboración de Wafaa Ermilate, nuestra Head of Infrastructure and Energy Finance Iberia.

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