A tu ADSL le sobran megas. ¿Por qué no los compartes?

En España disponemos de varios tipos de conexiones rápidas: ADSL, basado en los cables de cobre; fibra óptica, con nuevas tiradas de este tipo de cable por las ciudades; y cableado coaxial, un tipo de cableado que se lanzó con el boom de las televisiones de pago. Y por todos pueden ir más megas de los que se suelen consumir en una vivienda. Es decir, que a tu banda ancha le sobran megas. ¿Por qué no los compartes?

La banda ancha. Diferencia entre el megabit y el megabyte

La banda ancha es un concepto que ha evolucionado junto con la tecnología. Lo que en los años noventa se consideraba banda ancha (128 Kb/s – Kilobits por segundo) es ahora una velocidad dificilmente admisible. La banda ancha actual, pese a que no existe un convenido por países o por operadoras, ronda los 10-50 Mb/s (Megabits por segundo).

Cuando un proveedor de Internet te suministra 20 Mbps, o 20 Mb/s, lo que te está vendiendo es la posibilidad de descargar datos a una velocidad de 20 Megabits cada segundo. Esto, aunque parezca mucho, no lo es tanto. Y no lo es porque tu ordenador no se comunica contigo en bits, sino en Bytes, que son ocho veces más pesados. Es decir, un MegaByte (las unidades que muestra tu ordenador) es igual a ocho Megabits (unidades en las que se suele contratar la banda ancha).

a tu ADSL le sobran megas. ¿Por qué no los compartes?

Por poner un ejemplo, una película que en tu ordenador ocupe 700 MegaBytes (el equivalente a un CD) se descargará con una conexión de 20 Mbps (Megabits por segundo) en unos 280 segundos, porque ocupará 700 x 8 Megabits.

Aunque esta velocidad es ocho veces menor que lo que la mayoría de usuarios piensa al confundir MegaByte con Megabit, es una conexión suficiente para un domicilio. De hecho, es muchas veces más que suficiente.

Lo que pagamos a las distribuidoras de Internet

Cuando contratamos banda ancha en nuestro domicilio solicitamos la mayor conexión posible, y esto no es un número de megas al mes, sino un número de megas al segundo. Queremos, como cuando compramos un coche, la mayor potencia posible, sin darnos cuenta de que es muy probable que no la necesitemos para nada.

Con una conexión baja, de 10 Mbps (recuerda, Megabits por segundo) tendremos un total de 10 megabits cada segundo. Teniendo en cuenta que hay 2.592.000 segundos en un mes, esto significa que podremos consumir un total de 25.920.000 Megabits al mes. O, lo que es lo mismo, 3.240.000 MegaByts. Como estas magnitudes suelen escapar de nuestras cabezas, lo pondremos en unidades que seamos capaces de comprender. Por ejemplo, CDs de música o GB (GigaBytes).

ING

Lo cierto es que, por lo general, en una vivienda se consume muchísimo menos de lo que en realidad se contrata. Porque cuando contratas banda ancha, contratas velocidad, no capacidad. Análogamente, sería como si contratásemos el agua por flujo, y nos costase lo mismo dejar el grifo cerrado que dejarlo abierto durante todo el mes.

Compartir banda ancha para ahorrar en servicios

Por supuesto existen picos de consumo de Internet en las viviendas, que se concentran a primera hora de la mañana y a última de la noche. Son momentos en los que la vivienda tiene su ocupación al completo y en los que el módem suele computar más datos por segundo. Hasta, por supuesto, el máximo que hayamos contratado.

Solo en esos momentos el consumo de datos contratado puede llegar a estar parcialmente justificado. Tomemos como ejemplo una vivienda con cuatro personas, todos ellos consumidores de Internet, que se conectan a las ocho de la tarde para ver vídeos de YouTube. En ese momento dispondrán para cada uno de ellos 2,5 Mbps (Megabits por segundo), o lo que es lo mismo, 320 KBps (KiloBytes por segundo). Más que suficiente para que todos vean sus vídeos en una calidad media-alta. Y eso con una conexión de 10 Mbps, que ya se considera baja en algunas zonas.

Pero, entonces, ¿por qué no agrupamos viviendas para consumir el WiFi juntos si no necesitamos tanta capacidad? ¿Es porque es ilegal?

No, es perfectamente legal, y puedes promover este tipo de iniciativas en tu comunidad sin problema gracias a una resolución de septiembre de 2010 de la Comisión de Mercado de las Telecomunicaciones. Por supuesto, siempre que se cumplan una serie de condiciones por otra parte bastante lógicas:

  1. Que no exista ánimo de lucro por parte de la comunidad.
  2. Que no se oferte de manera gratuita al público general.
  3. Que no sea la comunidad la que ofrezca atención al cliente, sino la operadora.

Sin duda una opción para ahorrar algo de dinero al mes es que la comunidad contrate la conexión a internet y esta se comparta entre todos los vecinos, contratando por ejemplo una banda ancha realmente grande, como fibra óptica de 100 o 200 Mbps.

Los problemas de compartir banda ancha

Por supuesto todo esto tiene barreras de distancias y de alturas. Los módems normales tienen cobertura en un círculo más o menos plano, y los pisos superiores o muy alejados podrían no tener acceso a la señal. Es por eso que habría que estudiar la opción de colocar repetidores o varios routers para que no haya puntos ciegos.

De todo servicio comunitario puede desprenderse un conflicto entre vecinos. En especial si no se alcanza un consenso en cuanto al uso o la asignación del ancho de banda. O si algún vecino poco cívico tiende a monopolizar la señal de manera permanente.

Además, la contratación y el pago de la línea deberá hacerla la comunidad, y deberá estar aprobada según los estatutos de cada finca, con la dificultad que eso puede suponer si no se logra la aprobación de un gran número de vecinos.

No obstante, y teniendo en cuenta estos problemas potenciales, el ahorro existe desde el minuto número uno. Y la idea está teniendo mucha aceptación.

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